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El lado B del pago electrónico: sin efectivo seremos esclavos

La comodidad, la aceleración de los cambios sociales y del avance tecnológico, parecen ser el ADN de estos tiempos. Pero la tecnología también puede hacer perder un importante grado de libertad, en términos de decisiones de compra y el uso del dinero propio.
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Las nuevas aplicaciones tecnológicas suelen imponerse sin brindarnos opciones. No importa lo que opinemos, tarde o temprano seremos obligados por el sistema. Por más que tengamos dinero, si no tenemos carga en la SUBE no podremos viajar en colectivo, tren o subte.

Todo nos va llevando a obedecer para poder seguir accediendo a lo que teníamos o a nuevos servicios y lo vamos naturalizando. El filósofo canadiense y sociólogo de la comunicación, Marshall McLuhan, demostró cómo los diferentes medios que utilizamos moldean nuestra visión del mundo.

En los años noventa empezó la bancarización compulsiva de los asalariados y en pocos años se fue imponiendo la utilización del dinero electrónico en desmedro del uso de dinero en efectivo: tarjetas de débito y de crédito, transferencias virtuales y plataformas de pago en línea.

Hoy los bancos y los gobiernos tienen demasiada información acerca de lo que hacemos con nuestra "plata" bien habida. En ese sentido, estamos cada vez más expuestos.

Todo indica que el globalismo quiere hacer desaparecer los billetes que tenemos en nuestros bolsillos. Brett Scott, autor del libro "Hackeando el futuro del dinero", es uno de los expertos que está alertando sobre las consecuencias reales de vivir en una
sociedad sin efectivo.

Asegura que perderemos privacidad, ya que todos los movimientos quedarán registrados. Todo, absolutamente todo, quedará anotado en una "nube", a la que no sabemos quién tendrá acceso y para qué. Podríamos quedarnos sin dinero. Los bancos podrían negarnos por diversos motivos acceder a nuestro dinero.

Al estar alojado en una infraestructura eléctrica o de telecomunicaciones, puede fallar en su hardware o software. O también no poder retirarlo por cuestiones políticas como pasó en Argentina, Chipre y Grecia.

Por lo general, aquellos que pagan de forma digital son más propensos a gastar, acumular tarjetas de crédito, pedir dinero o malgastar sus ahorros. Definitivamente, sacar el dinero del bolsillo duele más que pagar apretando una tecla.

Podríamos perder los ahorros. Nos expondríamos al peligro de que las instituciones puedan expropiarlo o congelarlo. Los ahorros e ingresos ya no sólo dependerían del banco y de los intermediarios, sino también del Estado y el sistema financiero.

Seríamos esclavos de los bancos. Estos podrían poner las tasas de interés que quisieran. Seríamos marionetas al servicio de unos pocos. Y esto entraña el riesgo de ser más pobres. Por lo general, aquellos que pagan de forma digital son más propensos a gastar, acumular tarjetas de crédito, pedir dinero o malgastar sus ahorros. Definitivamente, sacar el dinero del bolsillo duele más que pagar apretando una tecla.

Una sociedad sin efectivo deja al individuo en total dependencia financiera de un sistema centralizado. A los Estados les resulta muy atractiva esta posibilidad, porque así podrán controlar todos los flujos de capital. El dinero en efectivo nos brinda anonimato y libertad. 

Nadie tiene por qué saber siempre en qué lo gastamos. Se trata de una cuestión de libertad de conciencia y de acción. Debemos resistir y apoyar a los que defienden mayormente la autonomía de los individuos, de las familias y de las empresas, dentro de un marco legal que no contenga imposiciones desmedidas y, de esta manera, poder reducir el control y los abusos del Estado sobre nuestras vidas.

* Carlos Ialorenzi, periodista. Conduce todos los martes desde las 16 "Vox Populi" por www.radiogrote.com