Emisión: los últimos regalitos que le dejaron Pesce y Massa a Javier Milei
La Argentina no da respiro. Entre cisnes negros climáticos, el proceso inflacionario y los correlatos de las medidas anunciadas por el ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo, aun decantando en el ánimo de la población y en las expectativas de los tomadores de decisiones de inversión, los últimos datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA) muestran que la “maquinita” de imprimir dinero siguió trabajando a destajo antes de la asunción del nuevo Gobierno. ¿Cuál es el problema?
El problema es que, a diferencia de lo que vienen pregonando desde el Gobierno, la emisión, sobre todo en proceso de altísima inflación impacta mucho más rápido en la economía real de lo que se cree. Para la actual administración, la emisión monetaria tiene un rezago de entre 12 y más de 18 meses en promedio. Esto significa que la emisión de hoy tarda esos meses en promedio para impactar sobre los precios.
Pero eso era en los años 60, como así lo enseñaban en las universidades estadounidenses, dada la realidad empírica de aquellos tiempos. Desde hace décadas ya, y sobre todo en la economía argentina, el impacto de la emisión sobre los precios internos es casi un relámpago por no decir inmediata, porque actúa sobre las expectativas de los agentes económicos.
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Claro que no es tan así, en tiempos normales puede llevar unos cuantos meses, pero no ni un año ni año y medio, a lo sumo se va desparramando en un trimestre o semestre por ejemplo según la magnitud de la expansión monetaria y cómo está la demanda de dinero. Lo cierto es que la “maquinita” vino trabajando casi 24x7 sobre el final del Gobierno anterior. Veamos los números.
Los números duros
Según la última información oficial disponible al 12 de diciembre, la semana anterior a la asunción del nuevo gobierno el BCRA convalidó una expansión de la Base Monetaria de más de $1,6 billones, y en la semana anterior a esa de $625.000 millones. En los últimos treinta días la expansión monetaria sumó $2,259 billones y desde el balotaje a la entrega de mando $2,291 billones. Estamos hablando de una expansión de más del 22% de la Base Monetaria, o sea, del total emitido e inyectado en la economía.
Pero estos saltos son bien llamativos porque se dan en dos fechas, principalmente. El primero tuvo lugar el 30 de noviembre pasado, allí el BCRA convalidó una expansión de la Base por $1,068 billones y el otro el 7 de diciembre pasado, antes de la asunción, por $1,181 billones. ¿Qué pasó?
En ambos días lo que se ve es que los bancos cancelaron Letras de Liquidez (Leliq) por $1,811 billones y $1,029 billones respectivamente. Pero el 30 de noviembre el Tesoro ayudó a reducir el impacto monetario de semejante expansión a casi la mitad al aumentar en $914.000 millones sus depósitos en el BCRA. Así la Base creció solo ese día en $1,068 billones. En cambio, el 7 de diciembre nada frenó la inyección de pesos al sistema.
Sin lugar a dudas, esto se explica por la huida de los bancos de las Leliq hacia posiciones más líquidas como los Pases pasivos, que son colocaciones en el BCRA a un día de plazo, mientras que las Leliq son a 28 días. Ante el temor que el nuevo gobierno hiciera algo con esa deuda del BCRA se generó el traspaso y la emisión consecuente.
Pero todo eso, que lo miran los analistas y tomadores de decisiones de inversión, impacta en la economía real. Ahora todo se entremezcla porque está el efecto de la devaluación, con lo cual, ya es complicado discernir cuánto corresponde a cada cual a esta altura. Los precios van, a locas, entre la mega devaluación y la emisión alocada de semanas atrás.

