Reservas al límite

Exclusivo: cómo es la operatoria (y cuáles son los límites) del swap con China

Tras el acuerdo alcanzado entre los bancos centrales de Argentina y China se acordó que habrá desembolsos mensuales en yuanes por el equivalente a US$625 millones. La novedad es que ahora permitirá compensar exclusivamente operaciones de comercio exterior, y así reforzar las reservas del BCRA.

Carlos Burgueño
Carlos Burgueño lunes, 9 de enero de 2023 · 15:00 hs
Exclusivo: cómo es la operatoria (y cuáles son los límites) del swap con China
El swap con China tuvo un impulso luego del encuentro del presidente Alberto Fernández, con su par chino, Xi Jinping, en la Cumbre del G20 en Bali (Indonesia). Foto: Telam

Argentina arranca la semana con una novedad: la ampliación del "swap" firmado con el Banco del Pueblo de China ya está operativo; de manera que, con las limitaciones del caso, el país ya cuenta con una nueva fuente de dólares para cumplir con las metas de reservas pactadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), y que, este año, tendrían que llegar a los US$5.200 millones.

Según lo firmado este fin de semana y anunciado desde el Banco Central de la República Argentina (BCRA), la entidad que maneja Miguel Pesce, ya tiene libre acceso a 35 mil millones de yuanes (equivalente a US$5.000 millones), con una disponibilidad de utilizarlos para compensar operaciones del mercado cambiario; con las operatorias y las limitaciones impuestas en el acuerdo anunciado por las dos entidades financieras durante 2022. 

Se debe tener en cuenta que el comercio bilateral entre Argentina y China es deficitario para el país en unos US$8.000 millones, y que actualmente las empresas que operan en ese comercio bilateral pueden hacerlo en yuanes o en dólares. Será ante este panorama, en el que desde el BCRA se podrán activar divisas de este nivel de intercambio para mutar de yuanes a dólares el ingreso de divisas, para que luego estos refuercen las reservas. 

El presidente del Banco Central de la República Argentina, Miguel Pesce, saluda a Yi Gang, gobernador del Banco de la República Popular China (PBC).

El goteo de yuanes

A partir de estos días, y si todo sale como esperan en Buenos Aires, las divisas que llegarán a las reservas serán de aproximadamente unos US$625 millones mensuales; con un período de tiempo habilitado hasta julio de 2023. Esto es, siete meses más, incluyendo el primero del 2023.

Luego, se intentará negociar una ampliación del swap, algo que quedó hablado entre el presidente argentino y su colega chino. Esto explica dos capítulos importantes del swap. El primero es que efectivamente el país podrá contabilizar unos US$5.000 millones como parte de las reservas existentes y de libre disponibilidad. Pero también que no podrá hacerlo de manera total ni automática, sino a un ritmo de US$625 millones mensuales, vinculados exclusivamente con el comercio de importaciones y exportaciones provenientes y enviadas a China.

La otra novedad es que el dinero incrementa mensualmente el monto del swap existente, calculado al 15 de noviembre (día de la firma del nuevo acuerdo con el Central de China) en unos US$18.000 millones. El original había llegado a unos U$S 21.000 millones, pero la caída en la cotización del yuan en los últimos dos meses le hizo perder al BCRA unos US$2.000 millones. Lo mismo ocurriría, pero al revés, si la moneda china se revalorizara.

Estos US$625 millones mensuales serán utilizados exclusivamente para empresas que participen del mosaico de importaciones o exportaciones con el país oriental. Habrá un listado confeccionado por el Ministerio de Economía y el BCRA, y tendrán prioridad las compañías locales y multinacionales que firmaron el acuerdo de Precios Justos y a las que se les prometieron los dólares para trabajar, siempre y cuando respeten el tratado firmado el viernes.

También podrían disponer de esos dólares industrias como la automotriz, petroquímica y laboratorios, además de agroquímicos y fertilizantes para garantizar la campaña sojera. Obviamente, de empresas chinas.

La intención del gobierno nacional es que la activación vaya siguiendo el ritmo de cobertura del déficit comercial entre Argentina y China, un desequilibrio que en 2022 alcanzó aproximadamente los US$8.000 millones. Especulan en el Palacio de Hacienda y el BCRA que cuando se confirme esta diferencia entre importaciones y exportaciones con el mercado oriental, el swap incluso podría ampliarse en otros US$3.000 millones más. Se negociará cuando se termine de utilizar el dinero que se negoció en Bali durante la cumbre del G20.

Como el swap está nominado en dólares, pero representa yuanes, cada vez que se concrete una operación de compra y venta de importaciones o exportaciones de bienes y servicios entre los dos mercados, las reservas vinculadas al acuerdo con China se podrían contabilizar como convertibles y así ir ingresando dólares líquidos.

Como casi todos los acuerdos monetarios a los que llega el país, la habilitación de este instrumento también es polémica. Un “swap” es un mecanismo por el cual Argentina y China se comprometen a habilitar eventualmente el cambio de divisas, sin la intervención de terceras monedas; en este caso, el dólar.

El aporte de capital lo hace el Banco Central de China, bajo la certeza de que los yuanes originales serán eventualmente utilizados. Mientras tanto, hasta que se ejecute el cambio, quedan como libre disponibilidad del depositante: el BCRA.

Brazo financiero

La idea de China fue otorgar este dinero en cuotas, como garantía para el intercambio financiero entre los dos países para la construcción de las grandes obras de infraestructura en el país, comprometidas con el país asiático; fundamentalmente las represas Jorge Cepernic- Néstor Kirchner (ex Condor Cliff- La Barrancosa); un proyecto que en algún momento el gobierno de Mauricio Macri prometió clausurar pero que, precisamente por la vigencia del “swap” decidió mantener.

El primer acuerdo de este tipo fue firmado en 2009 durante la presidencia de Martín Redrado en el BCRA, para reforzar los resguardos ante eventuales crisis internacionales y cuando las reservas alcanzaban el récord del 15% del PBI. En total el acuerdo cerrado fue por unos US$10.200 millones a tres años, con la opción de extender el plazo.

Redrado lo negoció con su par chino, Zhou Xiaochuan, para acordar un intercambio de monedas que ambos países pudieran pedir uno del otro y que luego deberían ser repagados. Los permisos de operatoria para el BCRA eran amplios. Se podían convertir los yuanes en dólares en los mercados internacionales, o directamente utilizarlos para el intercambio bilateral.

O, en su defecto, mantenerlos como parte de las reservas nominadas en la moneda norteamericana. Sin embargo, con el tiempo, el instrumento comenzó a desdibujarse.

El segundo movimiento con China se activó en el tercer trimestre de 2014, durante la gestión de Axel Kicillof en Economía y de Juan Carlos Fábrega en el BCRA, por unos US$3.800 millones, transferidos en el último trimestre de ese año.

La novedad de esa operación fue que se justificó bajo el comienzo de las obras para el levantamiento de la represa santacruceña Cepernic-Kirchner, que la constructora china Gezhouba Group había ganado en licitación, en sociedad con la local cordobesa Electroingeniería, de Gerardo Ferreyra.

El acuerdo total fue por unos US$11.000 millones, en liquidaciones sucesivas dependientes del avance de las obras. Durante el primer semestre de 2015 se concretó un nuevo desembolso por unos US$3.700 millones, completando hasta ese momento un total de US$6.500 millones.

El dinero proveniente de China había llegado en un momento justo para apoyar los últimos tramos del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, cuando la falta de dólares y el ostracismo en los mercados internacionales ya era preocupante. Las reservas rondaban los US$30.000 millones, y las posibilidades de la Argentina de recurrir a los mercados financieros internacionales a tasas razonables eran nulas.

El acuerdo de renovación del “swap” con China, llegó en un momento ideal para poder sostener las reservas y hacer frente a eventuales corridas antes del final del Gobierno kirchnerista. Para finales de 2014, unos US$3.000 millones del acuerdo ya se habían utilizado. De hecho, unos US$ 2.000 millones provenientes de este financiamiento, se utilizaron para cancelar el pago final del Boden 2015.

La voltereta de Macri

Llegó entonces el cambio de gobierno, y la decisión de Mauricio Macri de revisar el contrato de Gezhouba para construir la represa aún llamada Cepernic- Kirchner. La primera y pública decisión del Gobierno fue la de congelar la obra, bajo sospechas de corrupción y de impacto ambiental negativo.

Sin embargo, hacia julio de 2016, desde Beijing le recordaron a Buenos Aires que parte del dinero para la obra ya había sido gastado (y no precisamente para avanzar con la represa), con lo que de levantarse el proyecto, el dinero debía ser devuelto. Fue así que se “renegociaron” las condiciones del “swap”; la obra volvió a la vida con otro nombre (en adelante se llamaría Condor Cliff-La Barrancosa), y el “swap” se reactivaría.

Se renovó el mecanismo por unos US$11.000 millones, con una vigencia de tres años más, con lo que las reservas en yuanes llegaron a unos US$ 8.000 millones.

Más adelante en el tiempo volvió a negociarse, ya con Luis Caputo al frente del BCRA, con un nuevo desembolso sucesivo por unos US$10.000 millones, dinero que pasó a reforzar las reservas del BCRA.

En algún momento de octubre del 2020, Martín Guzmán pensó en activar el swap para atender un alza estacional en la demanda de dólares y la primera corrida seria del gobierno de Alberto Fernández. En aquel tiempo, desde Beijing le recordaron al entonces ministro de Economía que nunca China aceptaría un acuerdo de este tipo para ejecutar política cambiaria. Massa negoció otra cosa. Que el dinero financie importaciones.

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