La inflación dio apenas un respiro: ¿ya pasó lo peor?
La inflación de mayo dio 5,1% mensual, apenas un talón por debajo de las expectativas de mercado de Bloomberg de 5,2%. Claro, frente al 6% de abril es una bocanada de aire fresco y ni que hablar del 6,7% de marzo. Todos han destacado la desaceleración, cierta, pero soslayando que se ha estacionado en un escalón muy alto. Se trata de otra fase del proceso inflacionario que viene registrando la economía doméstica. Ello ha obligado a los analistas de los principales bancos de inversión del mundo a ajustar los pronósticos y ya dan cuenta que para el caso argentino proyectan una inflación anual del 70% al 80% para este año. De ser así se superarán todas las estimaciones iniciales para el 2022, y ni que hablar de la meta definida con el FMI.
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Con el dato de mayo se confirma además que la inflación trimestral anualizada siguió aumentando, alcanzando 99,9% (desde 97,2% en abril) mientras que la lectura de inflación de 12 meses se eleva al 60,7%. Por el lado de la inflación subyacente vemos que se situó en el 5,2% en mayo (frente al 6,7% de abril), impulsada por los precios de la carne. Pero la inflación subyacente anualizada aumentó a 103,5% en el trimestre finalizado en mayo, desde 97,8% en abril. Los precios de los regulados aumentaron 5,7% mensual y 44,1% interanual, luego de un ajuste por servicios de salud y combustibles. Mientras que los precios de los productos de temporada aumentaron un 3,4% mensual y un 74% interanual.
Hay cierto consenso, quizás más bien una expresión de deseo, en que la inflación mensual se estabilizará por encima del 4% en el segundo semestre, o sea, un escalón por debajo del promedio de los primeros cinco meses del año. Si esto se diera, la inflación anual roza el 70%. Si repitiera lo visto en el primer semestre saltamos varios escalones a niveles por encima del 80%. Solo daría menos del 60% si la inflación mensual del segundo semestre corriera al 3%, ya al 3,5% vamos a un 64% anual. Y si fuera del 4,5% la anual quedaría en 75%. Son números que en cualquier país normal del mundo dan escalofríos. Solo para tener una referencia, ante los que advierten el peligro hiperinflacionario o de una inflación de tres dígitos, en ese caso la tasa de inflación mensual de lo que resta del año debería ir a una velocidad del 6,5%.
Ahora bien, las estimaciones preliminares del mercado, por ahora, ubican la tasa de inflación de junio muy por encima del 5%. Detrás de estos pronósticos están contemplados los aumentos en las tarifas de gas (20%), luz (17%), un 10% de prepagas, 4,5% de alquileres, 15% personal doméstico, y subas de más de 4,5% para alimentos y otro tanto para vestimenta. Dado el peso de estos rubros sobre el IPC, el incremento que solo estos conceptos trasladan al índice general supera el 3,2%. ¿Cómo es esto? Según estimaciones de Ferreres y Asociados el impacto directo sobre el IPC de estos incrementos estimados aportan 24 puntos porcentuales por gas, 8 puntos por luz, el de prepagas impacta en 44 puntos, el ajuste de alquileres en 12 puntos, 30 puntos por personal doméstico y las subas estimadas de más del 4% en alimentos y vestimenta aportan 163 puntos y 40 puntos respectivamente. De esta manera, hasta ahora, solo por estos incrementos estimados para junio el IPC da más de 3,20%.
Pero el dislate inflacionario profundizó la dispersión y el enloquecimiento de los precios relativos. Ya sin tomar los datos de mayo, teníamos que la inflación de alimentos corría por encima del 63% anual (últimos doce meses), la de otros bienes como bebidas alcohólicas, vestimenta, calzado, medicamentos y equipamiento para el hogar, etc. cerca del 60% promedio ya que por ejemplo indumentaria iba al 74% y autos al 77% mientras que bebidas y tabaco al 49%. Por el lado de servicios lo hacía por debajo del 52%. Pero los servicios privados corrían al 57%, también con gran heterogeneidad dado que por ejemplo hoteles corría al 83%, prepagas al 69% y alquileres casi al 50% como peluquería; mientras que los servicios públicos iban al 32%, destacándose transporte público con 40%.
Todo este entuerto inflacionario no hace más que, al igual que en las carreras de autos de la categoría NASCAR donde a veces no se sabe quién va primero y quién último, cómo van corriendo los precios, quién está adelante y quién se quedó atrás. Estas distorsiones de los precios relativos generan más incertidumbre en la toma de decisiones de consumo e inversión. Pero además estas carreras nominales de precios no hacen más que inyectar más inestabilidad, porque no es lo mismo correr al 40/50% anual que a más del 60/70%. En ese escenario los precios regulados se atrasan más rápido. Así surgen los dilemas de atraso cambiario, al igual que con las tarifas públicas, se intensifica la pelea paritaria, y encima la tasa de interés sigue en terreno negativo. Esta loca carrea inflacionaria para conseguir al menos un empate con la inflación proyectada del 60/70% retroalimenta todo y acelera las presiones.
Sin duda la perspectiva inflacionaria se está volviendo aún más desafiante y, en ese sentido, la dinámica de la inflación subyacente es todavía más llamativa que las ya muy altas cifras de inflación. Porque aún hay una cantidad significativa de inflación reprimida en el sistema debido a los controles de divisas generalizados, controles de precios, controles de exportación y tarifas públicas significativamente por debajo del costo. El carecer de un plan de consolidación fiscal de mediano plazo fuerte y creíble y de una estrategia y/o ancla monetaria convencional coherente complica.
Ocurre que a pesar de los extensos y crecientes mecanismos formales e informales de control de precios (incluido el tipo de cambio), la alta inflación está profundamente arraigada y enraizada en los mecanismos de formación de precios y salarios. Más del 83% de los grupos del IPC muestran tasas de inflación anual superiores al 55%, con algunos que corren por encima del 70%. Esto refleja la difusión generalizada de las presiones inflacionarias. La economía viene sorteando una inflación general anual que venía ya por encima del 30% durante 46 meses consecutivos (con un promedio central del 50% interanual). Esto refleja profundos desequilibrios macro estructurales y el fracaso de la autoridad monetaria en controlar la oferta monetaria e infundir confianza en la moneda, y por lo tanto generar una inflación baja y estable.
Cabe recordar que la inflación se aceleró visiblemente desde fines de 2020 a pesar del alto desempleo, los salarios reales deprimidos y los estrictos controles de precios y tipos de cambio. Dichos controles y las distorsiones resultantes en los precios relativos y la mala asignación de recursos en la economía han creado una cantidad significativa de inflación reprimida en el sistema, manteniendo las expectativas de inflación sin ancla y haciendo que la tarea de las autoridades de reducir la tendencia de la inflación sea prácticamente imposible de considerar. Está claro que, por delante, la reciente aceleración de la depreciación del peso y algunos ajustes de los precios regulados comprometidos bajo el acuerdo EFF del FMI contribuirán a mantener alta la inflación en los próximos meses.