El enoturismo crece con perspectivas de aumento y el desafío de mantenerse
El turismo del vino ya no es algo accesorio para las bodegas, sino que se ha convertido en una importante unidad de negocios; pese a que aún está casi todo por hacerse. Así lo muestra el crecimiento en la cantidad de establecimientos que ofrecen servicios turísticos y las botellas de vino que se venden en cada bodega.
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Del mismo modo, el incremento puede verse en el acumulado del gasto total durante diciembre de 2021 y abril de 2022 en comparación con todo 2018. En relación a esto es preciso realizar dos aclaraciones.
La primera es que la mejora en cuestión podría ser mayor dadas las diferencias en las mediciones correspondientes. La segunda es que no hubo continuidad en los datos; algo que trata de subsanar el Observatorio Económico del Turismo del Vino de la República Argentina (OET).
Se trata de una iniciativa del Instituto Nacional de Promoción Turística (Inprotur), la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) y la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (FCE-UBA). El objetivo es caracterizar a la actividad para aportar datos certeros que sirvan para mejorar.
El sector en cifras
Entre diciembre de 2021 y abril de 2022 el enoturismo sumó ingresos por $ 5.358 millones, con un gasto por persona promedio de $ 5.289. En todo 2018, el gasto total estimado fue de unos $ 8.000 millones.
Si se realizara una estimación anual total en dólares, los ingresos podrían sumar en un año unos U$S 100 millones. Las ventas anuales por exportaciones del sector vitivinícola rondan los U$S 900 millones.
En la actualidad, la cantidad de establecimientos a nivel nacional que ofrecen servicios turísticos son 320. En 2018, ese dato era de 245; por lo que el crecimiento en cuatro años ha sido del 30%.
Rodrigo Lemos, coordinador del área de Turismo del Vino de Coviar, destacó el crecimiento observado en los últimos años, al mismo tiempo que lamentó el vacío de datos en los años intermedios.
La última medición abarca sólo a turistas nacionales, debido a que la pandemia recién comenzaba y que el turismo extranjero no llegaba. Tal vez –aunque más tímidamente de lo que se cree- los próximos cuatro meses traigan números todavía más alentadores.
Los cortes tuvieron que ver con la temporada estival y los feriados de Semana Santa. En la actualidad se está midiendo mayo, junio, julio y agosto, meses en los que entran vacaciones de invierno y fines de semana largos. A partir de julio con la vuelta de los vuelos directos a Brasil y Perú (Lima) se espera un aumento de turistas extranjeros.
Si se realizara una estimación anual total en dólares, los ingresos podrían sumar en un año unos U$S 100 millones. Las ventas anuales por exportaciones del sector vitivinícola rondan los U$S 900 millones.
Vale aclarar que el gasto total estimado de 2018 incluía todos los realizados por los turistas como gastronomía y hotelería entre otros. En cambio, la medición actual se relevó exclusivamente a partir de la información brindada por establecimientos vitivinícolas; es decir, por el gasto realizado en bodegas. “Aunque es una muestra importante, no hay que perder de vista que, de los 320 establecimientos existentes, fueron 124 de todo el país los que respondieron”, comentó Lemos.
Signos de reactivación y alarma
Mariana Cerutti está al frente del área de enoturismo de la bodega Andeluna, pero desde hace más de 20 años que trabaja en el tema y es una de las referentes del sector, ya que ha estado a cargo de abrir áreas de hospitalidad de distintas bodegas.
Desde su visión, hay dos desafíos clave. El primero es profesionalizar al sector. No en lo que respecta a la atención, idiomas, etc. (algo que está más que logrado) sino en tomar seriamente el enoturismo para convertirlo en una auténtica unidad de negocios que, además de ser la caja chica de las bodegas, tenga su presupuesto, genere ingresos, oportunidades y que eso se encuentre adecuadamente medido.
“El turismo no solo impacta en la venta directa, sino también en el posicionamiento de marca, entre otros aspectos relacionados con la rentabilidad”, destacó Cerutti quien agregó que ha habido un crecimiento y una mejora en los últimos diez años en el modo en que se desarrolla el servicio.
Otro gran desafío es no dejarse seducir solo por la llegada actual del turismo internacional en un contexto de tipo de cambio favorable, sino de poder crear un mix de productos accesibles también para locales y nacionales que, a fin de cuentas, son los que siempre estarán y sostendrán la demanda.
En este sentido, desde el punto de vista de Lemos, el sector ha tenido grandes aciertos, pero con la explosiva demanda pospandemia también corre riesgos de no estar a la altura con las consecuencias que esto puede traer. En la actualidad, es común ver variaciones excesivas en los precios, niveles de servicio y capacidad de respuesta.