La Argentina venderá en 2021 menos autos que en los 90 y Chile, el triple

La Argentina venderá en 2021 menos autos que en los 90 y Chile, el triple

Mientras en la Argentina se habla de crecimiento económico, los datos de un sector tan importante como el automotor, muestran picos de actividad y grandes depresión para volver a niveles de tres décadas atrás. La contracara es la evolución del mercado chileno

Horacio Alonso

Horacio Alonso

Si bien, como dice el refrán, las comparaciones son odiosas, sirven, en muchos casos, como buena referencia para analizar una situación. En la Argentina, en las últimas semanas, se viene hablando del crecimiento de la actividad económica. Algunos indicadores muestran mejoras respecto a los valores registrados el año pasado, un tiempo condicionado por la larga cuarentena, aunque no alcanzan para determinar una real tendencia positiva. Para asegurar eso, habría que tomar un período más largo.

El sector automotor es uno de los rubros más fuertes y dinámicos de la economía. Por ese motivo, su evolución puede ayudar a responder un interrogante clave: si la Argentina está creciendo o rebotando.

Este año, ya con el mercado funcionando con la normalidad que permite esta época de pandemia, las proyecciones de ventas de 0km apuntan a un mercado de poco más de 400.000 unidades. El objetivo inicial era llegar a 450.000 vehículos pero las trabas para importar y las dificultades para mantener el ritmo de producción están obligando a recortar los pronósticos. El número que se maneja hoy en el sector es de 410.000 0km.

Ese volumen de operaciones significará una suba cercana al 20% contra el golpeado 2020 y sus 342.000 vehículos. Sin embargo, estará muy por debajo de años anteriores. El récord del mercado local se alcanzó en 2013 con 956.000 unidades pero hubo otros años buenos -2011, 2012, 2017 o 2018 – donde las ventas superaron las 800.000 unidades. Los años anteriores, salvo durante la crisis de la salida de la convertibilidad en que se llegó al piso de 90.000 autos, las operaciones  rondaron entre 400.000 y 600.000 vehículos.

Lo más preocupante es que las ventas del 2021 van a estar por debajo, incluso, de los niveles alcanzados en los 90. Durante la década del menemismo se llegó a superar las 500.000 unidades vendidas en 1994 con otros tres años por arriba de las 400.000. Teniendo en cuenta el crecimiento de la población, el récord de entonces significaría para 2021 un mercado de 660.000 vehículos y no 410.000.

La conclusión que surge de estos datos es que la Argentina, en los últimos 30 años, ha tenido subas importantes en las ventas pero, también, caídas pronunciadas que la llevan a niveles más bajos que hace tres décadas.

Para tener una referencia de este escenario, la comparación se podría hacer con un país vecino como Chile que ofrece la particularidad de tener un modelo económico diferente. La Argentina es una economía cerrada, con un arancel de importación extrazona de 35%, y una radicación industrial que se sostiene por un acuerdo con Brasil, de intercambio comercial administrado, pero con un perfil proteccionista para las terminales radicadas en los dos países.

Chile, en cambio, no tiene fábricas y su mercado es abierto. De hecho, es la economía con mayor apertura de la región. Todos los autos que vende se importan y cuenta con una amplia variedad de marcas. El resultado de ese modelo es que los 0km en ese país cuestan mucho menos que en Argentina o Brasil.

 

En los 90, Chile tuvo su pico de ventas en 1997, con 175.400 vehículos. La evolución de su mercado muestra un paulatino crecimiento, sin grandes altibajos. En la primera década del siglo osciló por arriba de las 200.000 unidades anuales, encontró un nuevo piso de 300.000 de 2010 para adelante y llegó a su mejor año en 2018 con 417.000 unidades. Teniendo en cuenta que su población es de 19 millones de personas, contra los 45 millones de la Argentina, ese número muestra que la venta de 0km por habitantes es mayor del otro lado de la Cordillera.

En este 2021, en los tres primeros meses, se vendieron en el mercado chileno 82.000 vehículos mientras que, en la Argentina, llegaron a 116.000, por lo que se mantendrá la venta por habitantes por arriba que en el país. En Chile se proyecta un mercado anual de 360.000 unidades según ANAC, la asociación que agrupa a las automotrices de ese país. Esto muestra que, mientras Chile triplicó el volumen del mercado automotor, respecto a los 90, la Argentina cerrará el 2021 con los mismos niveles de entonces, con más de 10 millones de habitantes de los que tenía en esa década.

El debate que plantea esta diferencia de modelos es el peso de la radicación industrial y la mano de obra que genera. Ese es el argumento que se utiliza para defender la producción nacional versus la importación libre.

Lo que muestra la realidad es que el sector industrial es marcadamente deficitario ya que cada vehículo que se produce en el país requiere 70% de piezas importadas.

De hecho, según reveló el Gobierno Nacional en el proyecto de Ley de Electromovilidad, en 2017, “cada automóvil que produjo la industria automotriz convencional tuvo un impacto equivalente de más de 16.700 dólares de déficit externo”. Sólo segmentos, como el de producción de pickups, parece alcanzar niveles competitivos, aunque siempre bajo el paraguas de un alto nivel arancelario aduanero.

Un país que pasó por una disyuntiva como esta fue Australia que decidió, hace más de 20 años, un proceso cierre de terminales automotrices que tenía radicadas para pasar a una política de apertura. Producía autos caros que no podía exportar y le generaban un alto déficit. La ventaja para los consumidores fue que bajaron los precios de los 0km y se duplicaron las ventas.

En cuanto al tema laboral, un estudio realizado en ese país, en ese momento, mostró que del total de mano de obra que ocupaba el sector, sólo 20% estaba concentrado en el proceso productivo. El resto correspondía a toda la cadena comercial, servicios, postventa, entre otros, que no tuvieron bajas porque se siguieron vendiendo 0km en un mercado que no dejó de crecer.

Con un programa de largo plazo fueron reinsertando a ese 20% de trabajadores, en otros sectores, hasta el cierre definitivo de la última fábrica hace un par de años.

Los que defienden un sector “a la australiana” o “a la chilena” muestran los resultados de crecimiento de las ventas a raíz de vehículos más accesibles y el no destinar subsidios que paga toda la población para sostener una industria no competitiva.

Está claro que la evolución de estos sectores, en ambos países, está atada a la situación general de la economía. Por eso, como muestra, es un buen ejemplo de la diferencia que puede haber entre crecer y rebotar.

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