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Federico sorprendió; Carolina, la nueva estrella y ganancias de la galera

Carlos Burgueño pone en foco un fin de año en el que la puja entre gobierno y oposición promete, al menos, generar acciones concretas.
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Lo que pasó

Federico sorprendió. Alfonso Prat Gay ya estaba preparado para la batalla. Con el betún en las manos comenzaba a pintarse la cara para dar un paso importante en su batalla contra el Banco Central. Cansado que se lo señale como el culpable de la falta de reacción de la economía, ya había empezado a sondear declaraciones públicas donde iba a colocar a su principal contrincante dentro del gobierno como el culpable del freno a la recuperación: Federico Sturzenegger y su política de tasas altas. Incluso iba a poner un nivel concreto: su para fin de año las tasas no se ubicaban en el 25%, la recuperación aún sería difícil en 2017. Todo estaba preparado, sin embargo el martes por la tarde en el Palacio de Hacienda hubo sorpresa. Grata, porque, en serio, no era intención de Alfonso Prat Gay enfrentarse públicamente con Sturzenegger, al que, por cuestiones del pasado, aprecia y bastante. Ese martes, el Banco Central sorprendió con una baja sustancial de las tasas de las Lebacs de medio punto porcentual, llevándolas a los 25,75%; un nivel ya muy cercano al límite de tolerancia del ministerio de Hacienda, y ubicándolas en casi la confirmación que el 25% de diciembre, o menos, para fin de año; en sintonía además con lo que debería indicar el presupuesto para 2017 que el Congreso está por convertir en ley. Y lo más importante, políticamente hablando: la baja de las tasas se dio en los días (comienzos de la semana que termina) en los que los efectos del triunfo de Donald Trump en las economías latinoamericanas más se sufrían. Las monedas regionales vivían tiempos de devaluaciones, que incluían al peso argentino llevándolos a un nivel superior a los 15,50 pesos. Fue quizá la baja de tasas más valiente de Sturzenegger desde que llegó al Central. Prat Gay ahora respira tranquilo, y hasta ensaya algún tipo de alianza con el hombre fuerte del sistema financiero argentino, para cuando ambos deban defender la política económica ante sus principales críticos internos. Será cuando entre el 1 y el 2 de diciembre todo el gobierno haga catarsis interna ante el propio Mauricio Macri, que llevará a todos a los parques presidenciales de Chapalmalal para una jornada de críticas y balances; y donde, se descarta, la falta de crecimiento económico será uno de los tópicos fundamentales.

Lo que pasó

Carolina, la nueva estrella. El viernes pasado la CGT y los movimientos sociales más representantivos dieron una señal clave para la política argentina: hacia delante, ambos tendrán la mayor posibilidad movilizadora en las calles de protesta argentinas. Sin el macrismo ni el massismo. Sin el D´Elía, sin Amado Boudou y sin Fernando Esteche en la fuente de la Plaza de Mayo. kirchnerismo ni La Cámpora. Sin los partidos y movimientos de izquierda. Ellos solos. En sintonía y buen diálogo. Y lo más importante, tanto para el gobierno como para la oposición: con voluntad de dialogo y con ganas de solucionar problemas, no de agravarlos. Entra aquí una de las funcionarias públicas que, en silencio, más viene trabajando en los últimos tiempos. La ministra de desarrollo Social, Carolina Stanley, que dedica gran parte de su tiempo a reunirse largas horas a escuchar a todos los referentes de los movimientos sociales, a los que atiende personalmente y en general les da la razón. Y no sólo la razón, también sostuvo y profundizó los fondos para sostener los planes de ayuda social que administran esos movimientos, incluyendo los kirchneristas (o ex kirchneristas, muchos de ellos). Y algo importantísimo, dio por losmismos referentes sociales: sin pedir nada a cambio. Será Stanley la que esta semana tenga la llave de un encuentro clave. La ministra recibirá a todos los referentes, incluyendo a los más críticos en la marcha del viernes, en la propia Casa de Gobierno para negociar directamente con ellos la paz social par fin de año. Está dispuesta a tomar medidas concretas y hasta a volcarse en la razón con los visitantes. Macri, y el resto del gabinete, están esperando ansiosos el éxito de su gestión para poder ellos también cerrar el año.

Lo que pasará

Ganancias de la galera. El gobierno está preocupado por lo que, se nota, es una tremenda falta de reacción del mercado interno ante lo que desde el oficialismo son estímulos permanentes sobre lo que debería entenderse que vendrá: un futuro mejor. Aprendió el macrismo que, a veces, no basta con las promesas sobre lo maravilloso que será lo que vendrá, y que se necesitan respuestas algo concretas. Más teniendo en cuenta que la economía real de los salarios de la clase media argentina (el núcleo duro de los votantes de Mauricio Macri) este año habrán perdido el partido contra la inflación. Algunos 1 a 0; otros por goleada. Pero todos habrán perdido. Ante la realidad, la ortodoxia macrista tuvo que dar un vuelco en una visión que se consideraba pétrea. Ahora sí, parecería, habrá cambios radicales en el impuesto a las Ganancias para los trabajadores en relación de dependencia; y se enviará a sesiones extraordinarias una suba sustancial del mínimo no imponible del impuesto que podría llegar el salario mínimo a unos 75.000 pesos brutos, según las idas más voluntariosas del oficialismo. Además habría una reforma importante en las escalas. Se prometen también mecanismos de actualización anual para que la inflación nunca más haga estragos en los salarios. Ya están abiertas las negociaciones con el massismo y el Frente Justicialista de Diego Bossio, que no sólo quieren que la reforma se ejecute sino además proponen modificaciones aún más radicales que las oficiales. La respuesta es simple y política: el año próximo es electoral. Y nada mejor para reconquistar los votos de la clase media enojada que mejorar los salarios preelectorales con una buena modificación del impuesto al trabajo.