La pyme que quiere crecer ya no mira solo al banco: la ventana que se abre para emitir ON
Las ON PyME se consolidan como una alternativa para financiar crecimiento, invertir mejor y reordenar deuda en empresas más ordenadas.
La pyme que puede pensar una ON para financiarse y crecer, no necesariamente es una empresa enorme.
Archivo.Hay una diferencia clave que muchas pymes todavía no terminan de hacer. Una cosa es conseguir plata. Otra, muy distinta, es conseguirla bien. No es lo mismo tomar deuda para apagar un incendio de caja que hacerlo para ampliar capacidad, incorporar maquinaria, financiar crecimiento o reemplazar pasivos caros por otros más sanos. Y ahí es donde las obligaciones negociables (ON) empiezan a tener sentido.
No como una moda financiera. No como una herramienta para “parecer grande”. Sino como una forma más inteligente de acompañar una empresa que ya funciona y necesita otra calidad de financiamiento.
Durante mucho tiempo, el mercado de capitales fue visto por la pyme argentina como algo lejano. Un territorio reservado para grandes compañías, balances sofisticados y estructuras ajenas a la economía real. Pero esa foto empezó a cambiar. No porque emitir sea fácil. No porque ahora cualquier empresa pueda salir a buscar plata al mercado.
Cambió porque hoy existe un marco más claro, vehículos pensados para pymes y un ecosistema de garantías y de intermediarios que vuelve viable operaciones que hace algunos años eran mucho menos frecuentes.
No es una herramienta para sobrevivir: es una herramienta para escalar. Este punto es el más importante de todos. Las ON no deberían pensarse como una solución para una empresa que viene arrastrando problemas operativos, márgenes débiles o una caja permanentemente tensionada.
El mercado no arregla un negocio roto. El mercado, en el mejor de los casos, financia mejor un negocio que ya tiene lógica económica. Por eso, cuando una pyme analiza este camino, la pregunta no debería ser “¿puedo emitir?”. La pregunta correcta es otra: ¿tengo un flujo de caja operativo sano, previsible y sustentable para honrar esa deuda?
Si la respuesta es no, la emisión puede convertirse en un parche caro. Si la respuesta es sí, entonces la ON puede pasar a ser una herramienta muy potente para tres cosas concretas: financiar crecimiento, financiar inversiones o mejorar la calidad de la deuda existente. Ahí sí cambia el juego.
¿Qué es una ON?
Dicho en lenguaje simple, una ON es deuda que la empresa emite en el mercado para conseguir fondos de inversores. Tiene monto, plazo, tasa, forma de repago y condiciones definidas desde el inicio. Es, en la práctica, una manera de financiarse por fuera del canal bancario tradicional.
Esa diferencia importa. Un cheque avalado o un pagaré bursátil pueden ser excelentes herramientas para liquidez de corto plazo. Una ON, en cambio, juega en otra liga. Sirve cuando la pyme necesita más plazo, más previsibilidad y una estructura financiera más alineada con el tipo de decisión que quiere tomar. No es plata para llegar a fin de mes. Es plata para construir el próximo tramo de la empresa.
No es para cualquiera
Acá conviene bajar un poco el entusiasmo y subir un poco el rigor. No toda pyme está en condiciones de emitir. La barrera no es solamente el tamaño. La barrera, muchas veces, es el orden. La pyme que puede pensar una ON no necesariamente es una empresa enorme.
Pero sí suele ser una empresa que ya puede mostrar cierta disciplina: números razonablemente claros, un destino de fondos entendible, capacidad de repago y un gobierno societario mínimamente prolijo. En otras palabras, una empresa que ya salió de la lógica puramente improvisada.
Hoy, además, hay dos carriles que conviene entender. Por un lado, el régimen Pyme CNV regular, cuyo monto máximo en circulación no puede exceder 19 millones de Unidad de Valor Adquisitivo (UVA), que al valor oficial del 21 de abril de 2026 equivalen a unos $35.972 millones.
Por otro, la oferta pública con autorización automática por su bajo impacto para emisiones Pyme totalmente garantizadas, con un tope de 20 millones de UVA, hoy equivalentes a unos $37.866 millones. En este segundo carril, además, pueden participar también inversores no calificados cuando la emisión está totalmente garantizada.
Una ON no se arma solo con la pyme. Hay otro error frecuente: imaginar que una ON es una pyme yendo sola al mercado con un prospecto abajo del brazo. En la práctica, no funciona así. Una emisión seria suele apoyarse en una mesa de estructuración donde aparecen, como mínimo, cinco piezas: la empresa, el asesor financiero, el organizador, el colocador y el estudio de abogados.
Y cuando la operación es garantizada, también la entidad de garantía. En esta estructuración, suele haber una figura clave: el asesor financiero. Su función es decisiva porque hace el trabajo previo más sensible: lee el flujo de caja operativo de la empresa, mide cuánto endeudamiento puede sostener, ayuda a definir si una ON tiene sentido, para qué destino de fondos conviene usarla y con qué plazo, tasa, moneda y narrativa de repago.
Desde ahí, ordena la estructuración y coordina el trabajo del organizador, del colocador y del estudio de abogados para que la operación llegue al mercado con lógica financiera, consistencia legal y chances reales de colocación.
El organizador no es una figura decorativa. Es quien ayuda a traducir la necesidad financiera de la empresa en una estructura emitible: monto, plazo, moneda, tasa, cronograma de amortización, momento de mercado, inversor objetivo y secuencia de trabajo.
En el mercado local, los propios participantes describen ese rol como organización y diseño del producto, optimización de la estructura de capital y acompañamiento durante el proceso de emisión y colocación. El colocador, en cambio, es el que sale a la cancha comercial.
Es quien canaliza la oferta hacia los inversores, arma el proceso de colocación, coordina el período de difusión y licitación, recibe órdenes, lleva registro de las manifestaciones de interés y articula la adjudicación dentro de las reglas del mercado. No es menor: una ON puede estar bien pensada y, aun así, fracasar si no está bien colocada.
Y después está el estudio de abogados, que muchas veces queda fuera del radar del lector, pero es parte central de la operación. No porque “le dé marco” de manera abstracta, sino porque revisa y ordena la arquitectura legal concreta de la emisión: resoluciones societarias, prospecto y suplemento, contratos, garantías, avisos, compatibilidad regulatoria y consistencia del destino de los fondos con la Ley de Obligaciones Negociables.
En la práctica, además, no es raro que haya asesores legales del emisor y asesores legales del organizador o de los colocadores, porque no siempre los intereses son idénticos. Dicho simple: una buena ON no se improvisa. Se estructura.
La garantía
La garantía no es un detalle: es el corazón de la operación. Si uno tuviera que resumir en una sola idea por qué hoy hay más oportunidad para ON Pyme, esa idea sería esta: la garantía cambió el acceso. En las emisiones garantizadas, el mercado no mira únicamente a la empresa que toma el financiamiento. Mira también a quién la respalda.
Y ahí entra en juego la Sociedad de Garantía Recíproca (SGR), los fondos de garantía provinciales o los bancos habilitados para actuar como garantes. Eso importa porque reduce fricción, mejora la percepción de riesgo y amplía el universo potencial de compradores.
Dicho más simple: para muchas pymes, la pregunta no es solo si tienen un buen proyecto. La pregunta también es si tienen una estructura de garantía que vuelva creíble ese proyecto frente al mercado.
El beneficio impositivo existe
También hay un punto fiscal que conviene explicar bien, porque suele contarse mal. Sí, las ON tienen beneficios impositivos. Pero no son una licencia para endeudarse mal ni una razón suficiente, por sí sola, para emitir.
La Ley de Obligaciones Negociables prevé, para las emisiones que cumplen con las condiciones del artículo 36, un tratamiento favorable que incluye exenciones en impuesto al valor agregado para las operaciones vinculadas con la emisión, suscripción, colocación, transferencia, amortización, intereses y cancelaciones; exención en impuesto a las ganancias para los resultados de compraventa y para intereses, actualizaciones y ajustes de capital; y exención en impuesto de sellos para los actos y contratos vinculados con la emisión y sus garantías.
A eso se suma que la propia ley permite a la emisora deducir en el impuesto a las ganancias la totalidad de los intereses y actualizaciones devengados, más los gastos y descuentos de emisión y colocación.
Ahora bien: esos beneficios no son automáticos ni incondicionales. La ley exige, entre otras cosas, que la emisión sea colocada por oferta pública, que el destino de los fondos esté claramente definido en el prospecto y que la emisora acredite ante la Comisión Nacional de Valores (CNV) que efectivamente aplicó los recursos a los destinos comprometidos. Si eso no se cumple, los beneficios decaen.
Además, hay un detalle importante para el inversor local: la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) informa que las ON emitidas en moneda nacional, siempre que cumplan con los requisitos del artículo 36, están exentas en Bienes Personales. Eso ayuda a que el instrumento sea más atractivo del lado de la demanda. Y cuando la demanda mejora, también mejora la calidad del financiamiento que la pyme puede conseguir.
En otras palabras: el beneficio impositivo existe, pero su mayor potencia no está en “abaratar mágicamente” una empresa débil. Está en hacer más eficiente una estructura de financiamiento que ya tiene sentido económico.
Nuevos tiempos
Durante años, el banco fue casi la única respuesta. Hoy ya no. No porque el banco haya dejado de ser importante. Sino porque para una pyme que quiere crecer en serio, invertir mejor o reordenar una deuda que le quedó corta, cara o mal armada, empezar a mirar ON dejó de ser una extravagancia. Sigue siendo un camino selectivo. Sigue siendo exigente. Sigue sin ser para cualquiera. Pero ya no es ajeno.
Y en una economía donde competir va a exigir más productividad, más inversión y más orden financiero, eso puede hacer una diferencia enorme. Porque al final, la discusión no es si una pyme puede tomar deuda. La discusión es si esa deuda la ayuda a crecer. O apenas la ayuda a respirar un rato más. La primera vale la pena. La segunda, casi siempre, llega tarde.
* Luis Molouny, Socio Director de Ascent.




