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Libretita de almacén, infraestructura y lobby

El desafío es poner de pie a Mendoza sin la opción de la minería grande.
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Mendoza está con problemas para pagar los sueldos de septiembre y el derrame de cianuro en Jáchal complica más el debate minero. El presente es complejo y algunas alternativas de salida se alejan un poco más. Es una situación preocupante. Pero hace acordar a la frase de aquel general de Napoleón, quien le decía que, ya que estaba rodeado y débil, era el momento perfecto para atacar.

Lo de Jáchal es un golpe, porque hará más difícil el debate sobre la minería a cielo abierto y porque pone presión política cuando la Corte está por expedirse sobre la 7722. Y porque además, probablemente, en la mezcolanza también arroje dudas sobre todo tipo de minería, aunque muchas de ellas se practiquen en Mendoza desde hace años (preguntar en Malargüe, por ejemplo).

Lo cierto es que, a un debate que ya era difícil de llevar por vías racionales, ahora se agrega un derrame de un millón de litros de solución cianurada en el vecindario. Es como mucho. En términos prácticos, habría que pensar que en los próximos años será difícil lograr consenso para algún proyecto de los grandes, aunque traiga cientos de millones de dólares que necesitamos. Ya está. Suena cercano a un caso cerrado.

Por lo tanto, hay que pensar en una Mendoza que pueda recuperar algo de su épica fundacional. Y hay que hacerlo bien, para atacar como el general de Napoleón, ahora justamente que estamos rodeados.

Lo primero es ordenar las cuentas. Algo que, por suerte, el próximo gobernador tiene muy claro. Mendoza necesita de un administrador con libretita de almacenero, que sepa cuánto entra y cuánto sale. Y además, cuántos sueldos paga, porque hoy no tenemos claro ni cuántos empleados estatales tenemos. Será fundamental saber por dónde se fuga lo que entra, recortar donde haya que recortar (aunque lloren los que nos han dejado el desastre de hoy) y hacer trabajar a los que tienen que trabajar. Casi da vergüenza decir, a esta altura del partido, que para recomponernos tenemos que volver a cosas tan simples.

Lo otro es que, en la medida en lo posible, hay que construir una infraestructura que nos permita ponernos al día, mejorarnos la vida a los locales y atraer inversiones (y de paso dar trabajo, con licitaciones bien transparentes). Ahí también hay que volver a lo básico: energía, agua, carreteras, servicios públicos que cobren tarifas justas pero no de regalo, que les permitan reinvertir. Un especie de Paso 2: el primero, que cuadren los números; el segundo, arrancar por lo esencial.

Con sólo esas dos cosas, una provincia como Mendoza tiene para ponerse de pie y aspirar a una masiva atracción de inversiones, de lo que sea. Para eso habrá que estar con el ojo atento en cualquier embajada, secretaría, cámara de comercio, cena política o acuerdo comercial que se haga en Buenos Aires, para hacer llanamente el mejor lobby posible. Así, sin vueltas: Mendoza necesita de un lobby inmenso a todo nivel para que vengan aquí las empresas que suelen ir a otras provincias.

El argumento es simple: una vez que ordenemos lo básico, les podemos ofrecer una calidad de vida que no hay en otras provincias, con aeropuertos a 10 minutos de la ciudad, vuelos internacionales directos todos los días, la montaña a una hora de auto y un montón de bodegas Premium con una gastronomía de punta para pasarla bomba y mantenerse conectados. Y casi, casi, sin piquetes. ¿Desde cuándo eso no es un atractivo para alguien a quien invertir en un lugar u otro le de más o menos lo mismo?

Aun con el estado lamentable de las cuentas actuales, y un atraso en infraestructura que nos hace empalidecer al lado de San Luis y San Juan, Mendoza tiene mucho para dar. La minería está más lejos, y es verdaderamente para lamentar. Pero nuestras posibilidades son muchas, y sólo con ponernos serios en algunas cosas podremos pensar en algo mejor que en calmar a los estatales a fin de mes.