La plata de todos es de muy pocos
De un plumazo, el gobierno argentino va a gastar 26.060 millones más de pesos desde ahora hasta fin de año. Será con una facilidad asombrosa, con un decreto de necesidad y urgencia de la presidente, y el expediente es muy sencillo: los tendrá a su disposición y los gastará. Total, lo pagaremos entre todos.
Los gastos tan urgentes y necesarios están publicados en el Boletín Oficial, así que no hay manera de echarle la culpa a nadie. ¿Cuáles son las áreas tan críticas que requieren de semejante monto? A ver: Procuración General de la Nación (más personal de justicia “K”); Agencia Federal de Inteligencia (o sea, la SIDE, o sea, más espionaje), Ministerio de Turismo (para favorecer las visitas a Tecnópolis), Ministerio de Seguridad y Ministerio de Transporte (por fin algo que le llega a los cuidadanos: trenes).
La noticia no genera ningún escándalo, porque ya estamos acostumbrados. Y será parte de un gasto que tendrá que salir de tres fuentes: endeudamiento (por ahí emiten más bonos, que están de moda), impuestos (aunque la presión esté en niveles record) o inflación (total la gente ya se acostumbró). De algún lado saldrán. Lo importante es gastarlos para irse del gobierno a puro reparto y que después, cuando el que venga tenga que ordenar las cuentas, algunos recuerden lo bien que estábamos antes, aunque los que estaban antes lo hubieran hecho con total irresponsabilidad.
Con esos 26.060 millones Mendoza podría haber vivido medio año completo si Paco Pérez hubiera llevado el presupuesto a 50.000 millones, como lo pretendía. Hay que pensarlo así: hubiéramos afrontado el costo del Estado en su totalidad (salarios, obras, administración, proveedores, hospitales, escuelas, seguridad, etcétera) durante medio año. Bueno, ese es el monto adicional del que ahora dispondrá la presidente de la Nación sólo por haber firmado ella misma un decreto. Después algunos se preguntan por qué a los políticos no les gusta dejar el poder.
El episodio es una nueva ilustración de cómo se manejan los recursos públicos en la Argentina: a la bartola. Vamos juntando, emitiendo, tirando para adelante, revoleando cheques, prometiendo y comprometiendo plata que es de todos. Y seguirá sucediendo hasta que esos todos (los ciudadanos) no registren que por culpa de esos lapicerazos después no alcanza para el supermercado, que la casita se corre cada vez unos pasitos más y que el sueño del cero kilómetro se hace cada mes más complicado. Hasta que no se entienda esa relación, la plata de todos seguirá siendo manejada como un capricho de unos pocos, y esos todos estarán cada vez un poco peor.

