No fue magia, fue impericia
El mayor problema que tuvo Cristina Fernández de Kirchner fue haber ganado su reelección en 2011 con el 54% de los votos. Fue demasiado. Un triunfo así es tentador para desafiar a los dioses y, además, establece una vara muy alta para la comparación con lo que viene después. Porque además, cuando se mide efectivamente lo que vino después, queda claro que Cristina generó derrotas propias en todos los frentes.
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Aquel triunfo aplastante encontró a CFK con el siguiente panorama:
Tenía el 54% de los votos, todos para ella sola.
Era la líder indiscutida del Partido Justicialista (aunque se llamara Frente para la Victoria), con todo el partido encolumnado detrás de sí.
El sindicalismo unido reconocía su liderazgo.
Contaba políticamente con el principal distrito del país: provincia de Buenos Aires
La oposición estaba fragmentada y no había un líder capaz de aglutinarla: Binner, Alfonsín, Duhalde, Carrió.
La economía crecía a aproximadamente el 5% anual.
El Banco Central tenía reservas por 50.000 millones de dólares.
El dólar (único) costaba $ 4,26
La inflación era del 22,8% anual (según el cálculo de la oposición, porque el Indec dio el 9,5%).
Con su serena viudez, la presidente todavía generaba esperanzas de que, al fin, nos llevara al “mejoramiento de la calidad institucional” que había prometido en la campaña de 2007.
Pero con semejante caudal electoral en su bolsillo, y con tantas variables favorables, algo le pasó a la presidente. Apenas concretado su triunfo electoral, aplicó inesperadamente el cepo cambiario; aceleró la división social a través del relato (convirtiendo a los medios oficiales en un aparato liso y llano de propaganda política); profundizó la lógica amigo/enemigo en su enfrentamiento con Clarín (Ley de Medios), y abrió un fuerte frente de combate contra el Poder Judicial (creación de Justicia Legítima, ley de subrogancias y ofensivas diversas contra el ex fiscal Nisman y el juez Carlos Fayt).
El resultado es que, cuatro años después de aquella victoria fenomenal, ha sucedido lo siguiente:
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Cristina fracasó en generar un heredero para su proyecto político y tuvo que resignarse a la candidatura de Daniel Scioli.
El Frente para la Victoria perdió las elecciones nacionales y de la provincia de Buenos Aires (los dos principales presupuestos del país), no pudo recuperar Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe ni Córdoba (los siguientes tres distritos electorales en importancia) y perdió el quinto distrito en cantidad de votos: Mendoza.
La principal causa de ello fue que durante estos cuatro años no pudo mantener la unidad del peronismo, que tuvo una escisión fundamental con Sergio Massa en 2013.
El sindicalismo unido se transformó en tres CGT, de las cuales dos son opositoras (Moyano y Barrionuevo).
La oposición, como quedó claro, fue capaz de crear una agrupación y de ganarle las elecciones uniendo tres fragmentos: PRO, UCR y Coalición Cívica.
La economía entró en una fase de estancamiento a partir del “cepo” y casi no ha crecido en estos cuatro años. El gasto público y el déficit fiscal y comercial exhiben records históricos negativos.
Las reservas, en el mejor de los casos, están en la mitad. Queda por saber cuánto quedará y cómo es su composición, porque mucho de lo que antes eran dólares ahora son yuanes.
La inflación estuvo todos estos años por encima del 22,8% de 2011, y en algunos (2014) con picos del 37%. Y ha socavado fuertemente el valor de los planes sociales y de otros beneficios del gobierno.
El dólar oficial (que costaba $ 4,26) hoy cuesta $ 9,74. Ni hablar del blue, que cerró el viernes a 14,81: otra vez, el que apostó al dólar ganó.
A esa tabla comparativa, de datos comprobables con la realidad, habría que agregarle algunos intangibles que también fueron negativos para la presidente: el fracaso en el impulso de la Ley de Medios (Clarín incluso despide a CFK quedándose con Nextel) y el fracaso de la ofensiva contra la Justicia: la inconstitucionalidad de la ley de subrogancias, el retiro voluntario y elegante del juez Fayt, y una reactivación de causas que recién comienza.
Esto no fue magia: fue arrogancia e impericia. Lo cual podría explicarse por aquello que advertían los griegos: al “hubris” (el “desafío de los dioses”), le llega inevitablemente la “némesis” (el “castigo divino”). Cristina desafió a todos los dioses juntos y hoy sólo puede aspirar a volver tranquila a su lejano refugio del Sur.

