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¿Por qué la producción nacional no es competitiva?

Los factores macroeconómicos que impulsaron el ciclo de crecimiento ya no están. En esta nota interactiva te lo mostramos.
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La producción argentina de bienes y servicios ya no es competitiva. Y este “defecto” por definición tiene en todos los casos que ver, más allá de las particularidades de cada sector, con el cambio en las condiciones macroeconómicas, con el fin de un “modelo” y la pérdida de las ventajas que tuvo la economía argentina desde la crisis del 2001/2002.

En rasgos generales, la Argentina del tipo de cambio competitivo, la de los superávit gemelos (comercial y fiscal), tarifas congeladas, energía barata y capacidad ociosa industrial ya no existe. El país dio una vuelta de página y pasó de una economía en crecimiento a una economía estancada y con alta inflación.

El mecanismo por el cual, a partir del tipo de cambio, la macroeconomía otorgaba a los sectores productivos competitividad vía precios, parece haber finalizado, con lo que se vuelve cada vez más crítico mejorar la productividad de todas las cadenas productivas, advierte un estudio de la consultora Abeceb.com

¿Pero cuáles son los factores que en este nuevo contexto inciden negativamente para que la producción nacional ya no sea competitiva desde una perspectiva exportadora?

En este gráfico interactivo, la consultora Abeceb.com analiza en ocho gráficos los factores claves que impulsaron la competitividad desde la crisis del 2001 – 2002 hasta el 2011, último año de crecimiento a tasas chinas; y hace un diagnóstico de qué es lo que pasa ahora.

De este análisis se desprende cómo un crecimiento insuficiente de la inversión en un contexto de exceso de demanda, generó en estos años una elevada utilización de la capacidad instalada, lo que le pone techo a un aumento en la producción de bienes en el corto plazo (Diapositiva 1).

Lo mismo ocurre con el tipo de cambio, que después de años de inflación interna por encima del 20% real, ha generado inflación en dólares y atraso cambiario.

También se suman los mayores costos energéticos, derivados de la crisis interna, la pesificación de tarifas, el déficit de inversiones y la importación de combustibles y energía; y los mayores costos laborales en dólares fruto de una carrera interminable entre salarios e inflación (Diapositiva 2, 6 y 7).

Debido a un déficit crónico de inversiones (Diapositiva 3 y 4), hoy la producción está condicionada por un uso excesivo de la capacidad instalada de la industria, lo que limita la capacidad de ganar competitividad por aumento de la producción.

Y el dato más significativo y revelador es el atraso cambiario medido por el tipo de cambio real del peso con las monedas de los países con los que comercia. En ese sentido, fruto principalmente de una inflación interna que multiplica por más de dos veces la tasa de devaluación, es que el peso ya volvió a estar casi en el 1 a 1 con el dólar, en 1,6 con el euro, en 1,7 con el tipo de cambio multilateral (promedio de los países con los que comercia) y en el 2,1 con el real brasileño.