La inflación empieza a ser un peligro global
Las turbulencias políticas en Túnez y Egipto son un recordatorio de los tiempos en que los mercados emergentes eran como el lejano oeste de la inversión.
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La pregunta es si los bancos centrales y los gobiernos en muchos países emergentes están haciendo lo suficiente para erradicar los brotes inflacionarios, alimentados por una combinación del alza global en los precios de las materias primas y la acelerada expansión de sus economías.
El aumento en los precios de los alimentos en Yakarta aún no ha llevado al banco central de Indonesia a subir las tasas de interés.
En muchos países en desarrollo, la inflación ya está a punto de superar las metas de los bancos centrales. Indonesia y Turquía, por ejemplo, corren el riesgo de quedarse rezagadas en su batalla contra la inflación (si es que no la han perdido ya), lo cual podría traducirse en aumentos de tasas más agresivos más adelante. Esto perjudicaría especialmente a los tenedores de bonos, ya que el valor de sus retornos sería erosionado por la inflación.
"Actualmente vemos el sobrecalentamiento dentro del complejo de los mercados emergentes como el mayor peligro que amenaza a la economía global", apuntó el viernes Michael Shaoul, de la firma Oscar Gruss & Son, en un informe.
Incluso antes de que las imágenes de enfrentamientos y protestas en las calles de Egipto dominaran los titulares, los inversionistas ya estaban nerviosos por la inflación. En la semana concluida el 26 de enero, los fondos especializados en mercados emergentes sufrieron su mayor ola de retiros desde el tercer trimestre de 2008, según EPFR.
El índice MSCI de mercados emergentes acumula un retroceso de 2% en lo que va de año, mientras que el Promedio Industrial Dow Jones registra un alza de 2%.
| El precio de los alimentos está subiendo y es un problema en distintas partes del mundo. |
Aunque los movimientos en los mercados emergentes no han sido pronunciados, marcan un giro frente a 2010, cuando parecían destinos mucho más prometedores que los de las alicaídas economías desarrolladas.
Aun así, hay un puñado de países, como México, donde muchos estrategas opinan que el panorama inflacionario sigue siendo benigno.
Muchos de los problemas han sido causados por bancos centrales que, en su empeño por contener la avalancha de capital extranjero que ha disparado la cotización de sus monedas, optaron por no subir las tasas de interés.
Algunos gobiernos se han visto forzados a intervenir para evitar la apreciación de sus monedas; una divisa más fuerte puede sofocar las presiones inflacionarias, pero encarece las exportaciones. También están exigiendo que los bancos tengan mayores reservas e imponiendo o incrementando las multas sobre algunas inversiones de extranjeros.
Sin embargo, Ilan Goldfajn, economista jefe de Itaú BBA en São Paulo, asegura que no está claro si estas medidas surtirán efecto. El resultado, indica, "es el riesgo adicional de exacerbar un fenómeno de auge y caída... y al fin de cuentas hay que implementar medidas más severas".
Mientras en los países ricos las tasas de interés continúan en niveles de casi cero, los inversionistas compraron bonos más rentables en mercados como Indonesia, India y Brasil.
Según la teoría, a medida que estas economías fueran creciendo, las autoridades monetarias subirían las tasas de interés, lo que atraería a aún más inversionistas, apreciando sus monedas y proporcionándole un empujón adicional a los retornos. Sin embargo, la realidad ha sido otra.
Impacto en los desarrollados
La situación se dio vuelta para los bancos centrales del mundo desarrollado. Durante años, sus acciones repercutieron en todo el mundo en desarrollo. Ahora, mientras la inflación toma impulso en países como China, India y Brasil, y se incrementa el riesgo de que los bancos centrales de esos países se estén quedando atrás en esa pelea, son la Reserva Federal (Fed), el Banco Central Europeo (BCE) y otros los que están sufriendo los sacudones.
Este cambio pesa sobre los presidentes de bancos centrales, líderes políticos, ejecutivos y economistas que se reunieron en Davos, Suiza, en el Foro Económico Mundial que terminó el domingo.
Ahora mismo, los bancos centrales de Occidente tienen la esperanza de que los precios en alza del petróleo, los granos y otros commodities (impulsados por la demanda en los mercados emergentes) resulten ser algo aislado y transitorio. Pero los funcionarios están cada vez más preocupados por la posibilidad de que los aumentos en los precios de los commodities puedan persistir y provocar un aumento de precios en una amplia gama de bienes de consumo.
También temen que los aumentos de precios de productos como la gasolina y los alimentos puedan causar un cambio en las expectativas de los hogares en Europa o Estados Unidos. Llevados por la experiencia a prever poca inflación, los consumidores podrían comenzar a prever más inflación si ven que los precios suben en la gasolinera y en la tienda de alimentos. Un cambio en las expectativas podría transformarse en una profecía auto-cumplida que resulte en un continuo aumento de los precios de consumo.
Esto presentaría un dilema. Si la inflación despega en Occidente, los bancos centrales tendrían que combatirla subiendo tasas de interés para enfriar la demanda. Pero eso es lo último que quieren hacer cuando sus economías todavía están débiles y se recuperan de shocks financieros.
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"Si es un aumento de la inflación a largo plazo, la respuesta es que se deben adoptar políticas más restrictivas para lidiar con la inflación. Estas pueden ser incómodas, pero la inflación es realmente importante y tenemos que evitar que se acelere", señaló Stanley Fischer, gobernador del Banco de Israel y ex vice director gerente del Fondo Monetario Internacional.
Hasta hace poco, la Fed había estado más preocupada por el riesgo de deflación (una caída del nivel general de los precios al consumo) que por la inflación.
Estados Unidos y Europa podrían ir en direcciones diferentes. En comentarios públicos recientes, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, ha dado señales de una creciente preocupación respecto a la inflación, lo que podría significar aumentos de las tasas de interés.
Funcionarios de la Fed, por otro lado, creen que la inflación subyacente en Estados Unidos todavía es muy baja. Los precios al consumo en EE.UU., excluyendo alimentos y energía, subieron 0,8% en diciembre respecto a un año atrás, bien por debajo de la meta informal de la Fed de 2%. Esto podría dar a la Fed la comodidad que necesita para mantener las tasas cerca de cero por un tiempo. Otra preocupación de EE.UU. es que el aumento del precio de los alimentos y de la energía podría socavar el ingreso disponible de los hogares y hacer más lento el crecimiento económico, lo que haría que el alza de las tasas de interés para controlar la inflación sea aún menos atractiva.
Las raíces de la actual aceleración repentina de la inflación es motivo de desacuerdo entre los bancos centrales. El gobernador del Banco de Canadá, Mark Carney, fue claro en Davos en instar a los funcionarios chinos a que cambien su política de ligar el valor de su moneda, el yuan, al dólar estadounidense. Esta estrategia ha llevado a que las tasas de interés chinas sean bajas y hayan ayudado a que su economía esté cerca de sobrecalentarse. "Sin dudas hay bancos centrales que están rezagados", indicó en una entrevista. "Y sin dudas hay partes del mundo donde la inflación está sustancialmente por encima de los niveles deseables", sostuvo.
El domingo, el gobernador del banco central chino advirtió que el Banco Popular de China debía estar alerta ante la inflación.
En el mundo en vías de desarrollo, la Fed es considerada en ampliamente como la principal culpable de la inflación por empujar las tasas de interés a cero y por haber bombeado más de un billón (millón de millones) de dólares al mercado financiero global a través de una política conocida como relajamiento cuantitativo.
Esta desconexión en las posturas significa que los días de una acción coordinada para salvar la economía mundial en 2008 ahora parecen muy lejanos.
"No creo que haya mucha esperanza de coordinación internacional respecto a cómo lidiar con los incrementos de los precios de los commodities", opinó Fischer. "Cada país va a hacer lo que piensa que es mejor para sí mismo".
Fuente: The Wall Street Journal