Una nación endeudada por el consumo
Tras su fracasado intento por llegar a la Casa Blanca, Hillary Clinton tiene una montaña de deudas, estimadas en 20 millones de dólares. Pero la ex primera dama no es un caso aislado en Estados Unidos: A través de las tarjetas de crédito y los préstamos al consumo, sus compatriotas acumulan 2.600 millones de dólares en números rojos.
Cuando después también se derrumbó el mercado inmobiliario con sus enormes créditos hipotecarios, fue el fin de un importante pilar de esta nación. "Tras años de vivir muy por encima de sus posibilidades, los estadounidenses finalmente se enfrentan a la realidad financiera", analizó la revista "Forbes".
Las deudas forman parte de la cotidianidad estadounidense como las hamburguesas y las papas fritas. En un hogar medio, el 14 por ciento de los ingresos mensuales se destinan a pagar deudas, a veces bastante más.
Muchos se ven atrapados en el círculo vicioso de sus tarjetas de crédito: las enormas tasas de interés hacen que nunca vean la otra orilla. Uno de cada dos está atrasado en el pago. Muchos pasan una deuda de una tarjeta a otra. Para 300 millones de habitantes hay ya en el país mil millones de tarjetas. Más de la mitad de los jóvenes de 21 años tiene cuatro o más de estos medios de pago plásticos.
El neoyorquino Peter Graham (nombre ficticio), de 53 años, se vio arrastrado como muchos al remolino de las deudas. Tras su divorcio, hace 12 años, el publicista sufragó parte de los gastos de la separación con sus tarjetas, con tasas al principio aceptables de un siete por ciento. "Me endeudé bastante rápido y ahí los intereses empezaron a crecer de golpe", recuerda Graham. El resultado es una montaña de decenas de miles de dólares a una tasa del 30 por ciento.
La salida de Graham fue una asociación sin ánimo de lucro que se hizo cargo de administrar sus deudas por poco dinero. Desde entonces va reduciendo poco a poco la suma. "En un par de años lo conseguiré". Pero también su nueva mujer lo ayudó. "Tuve suerte en dos sentidos", afirma.
La tendencia es mundial -los casos similares se multiplican en España y Latinoamérica- pero Estados Unidos funciona más que ningún otro país bajo el principio de "compre hoy y pague después". La mayor potencia del mundo vive en más de un 70 por ciento del consumo privado, y éste se basa en gran medida en el crédito.
"Es una nación que consume demasiado, y la respuesta de la administración Bush es decirle a la gente que consuma más", señala el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz. El Estado sirve de ejemplo, porque el déficit del año próximo de la Casa Blanca alcanzará un nuevo récord negativo, con 490.000 millones de dólares.
El centro del problema es la llamada "credit history" (historial crediticio), que vendría a ser lo contrario al ahorro. Quien quiere un crédito en Estados Unidos deberá mostrar que ya se ha endeudado mucho y pagado a término. Sólo así va aumentando con el tiempo su "puntaje de crédito". Es casi obligatorio tener deudas, porque sin "credit history" se hacen muy difíciles cosas cotidianas como pagar el alquiler o comprarse un coche.
Los estadounidenses entraron en una nueva dimensión de deudas con el boom inmobiliario. Las casas se convirtieron en una máquina de hacer dinero: como los precios no dejaban de subir, los ciudadanos podían vender sus propiedades rápido con buenas ganancias. Los bancos daban para la siguiente casa más grande préstamos más inflados, al final incluso sin respaldo. El resultado es conocido: la burbuja explotó con consecuencias mundiales hasta hoy.
¿Por qué nadie avisó del peligro de las deudas desmedidas? "Había una fiesta y nadie quería ser el que la arruinara", declaró Stiglitz a la revista "BusinessWeek".
Además, del boom económico financiado a crédito se vieron beneficiados sobre todo los ricos. Por eso la iniciativa "For A New Thrift" (Por un nuevo ahorro), apoyada por más de 60 científicos y otros expertos, busca ahora un cambio de mentalidad.
Al final, el historiador estadounidense Lendol Calder podría tener razón con su libro de 1999, titulado "Financing the American Dream" (Financiando el sueño americano). Unos ocho años antes de la crisis financiera escribió: "Pienso que hará falta una gran catástrofe, mayor que la Gran Depresión, para acabar con la confianza de los estadounidenses en los créditos al consumo".
La salida de Graham fue una asociación sin ánimo de lucro que se hizo cargo de administrar sus deudas por poco dinero. Desde entonces va reduciendo poco a poco la suma. "En un par de años lo conseguiré". Pero también su nueva mujer lo ayudó. "Tuve suerte en dos sentidos", afirma.
La tendencia es mundial -los casos similares se multiplican en España y Latinoamérica- pero Estados Unidos funciona más que ningún otro país bajo el principio de "compre hoy y pague después". La mayor potencia del mundo vive en más de un 70 por ciento del consumo privado, y éste se basa en gran medida en el crédito.
"Es una nación que consume demasiado, y la respuesta de la administración Bush es decirle a la gente que consuma más", señala el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz. El Estado sirve de ejemplo, porque el déficit del año próximo de la Casa Blanca alcanzará un nuevo récord negativo, con 490.000 millones de dólares.
El centro del problema es la llamada "credit history" (historial crediticio), que vendría a ser lo contrario al ahorro. Quien quiere un crédito en Estados Unidos deberá mostrar que ya se ha endeudado mucho y pagado a término. Sólo así va aumentando con el tiempo su "puntaje de crédito". Es casi obligatorio tener deudas, porque sin "credit history" se hacen muy difíciles cosas cotidianas como pagar el alquiler o comprarse un coche.
Los estadounidenses entraron en una nueva dimensión de deudas con el boom inmobiliario. Las casas se convirtieron en una máquina de hacer dinero: como los precios no dejaban de subir, los ciudadanos podían vender sus propiedades rápido con buenas ganancias. Los bancos daban para la siguiente casa más grande préstamos más inflados, al final incluso sin respaldo. El resultado es conocido: la burbuja explotó con consecuencias mundiales hasta hoy.
¿Por qué nadie avisó del peligro de las deudas desmedidas? "Había una fiesta y nadie quería ser el que la arruinara", declaró Stiglitz a la revista "BusinessWeek".
Además, del boom económico financiado a crédito se vieron beneficiados sobre todo los ricos. Por eso la iniciativa "For A New Thrift" (Por un nuevo ahorro), apoyada por más de 60 científicos y otros expertos, busca ahora un cambio de mentalidad.
Al final, el historiador estadounidense Lendol Calder podría tener razón con su libro de 1999, titulado "Financing the American Dream" (Financiando el sueño americano). Unos ocho años antes de la crisis financiera escribió: "Pienso que hará falta una gran catástrofe, mayor que la Gran Depresión, para acabar con la confianza de los estadounidenses en los créditos al consumo".

