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Reacomodamientos empresarios a la espera de que se defina el rumbo
Los principales empresarios de la Argentina están preocupados por la pérdida de competitividad y la falta de definiciones sobre el rumbo económico, en un contexto donde algunas variables del modelo muestran signos de agotamiento.
El efecto competitivo de una devaluación hecha a las apuradas hace más de cinco años comenzó a licuarse ante un escenario internacional cada vez más complejo, donde se agotó el financiamiento por la hecatombe de las hipotecas basura en los
Estados Unidos, y la escalada de los precios de la comida amaga con hundir a medio planeta en la pobreza.
La inflación, tres veces mayor a la informada por la Indec, y la apreciación del peso, convencieron del sector empresario de encender algunas luces amarillas sobre la marcha de la economía.
El tema convirtió a la Unión Industrial Argentina en un polvorín, entre aquellos que reclaman no hacer públicos los reclamos y seguir apuntalando al gobierno nacional, y los que consideran que se debe salir a realizar advertencias para que el Gobierno corrija el rumbo.
De un lado está el presidente de la UIA, Juan Carlos Lascurain, y buena parte del Comité Ejecutivo de la central fabril. Del otro, el ex ministro de la Producción José Ignacio de Mendiguren y empresarios de distintos rubros -muchos del interior- que ven cómo día a día se evaporan sus utilidades.
Los costos industriales se dispararon un 30 por ciento promedio en el último año, y a esto se suman los ajustes en los servicios, el último de los cuales afectó a la energía eléctrica.
El precio de las materias primas creció con fuerza, como es el caso del hierro primario, un insumo clave para la mayoría de los sectores fabriles vinculados con las manufacturas.
La preocupación no es sólo de los industriales: el campo, tras una guerra de cuatro meses con el Gobierno, aparece tironeado entre los que impulsan seguir dialogando con el Gobierno a la espera de que prosperen las medidas en curso, y quienes amagan con volver a la vera de las rutas.
El pulso de lo que está pensando el sector empresario se podrá tomar a fines de octubre, cuando se realice el 44 Coloqio empresarial de IDEA.
En los más de dos meses que faltan para el gran evento empresario del año, los directivos de IDEA, Gustavo Ripio (Microsoft) y Clarisa Estol (Bando Hipotecario), y el titular del encuentro que se hará en Mar del Plata, el economista Carlos
Tramutola, se dedicarán a garantizar la convocatoria más amplia posible.
El kirchnerismo siempre le fue esquivo a este encuentro, porque identifica a IDEA con las políticas neoliberales de los 90, rechazadas de plano por Néstor Kirchner, a pesar de que como gobernador de Santa Cruz aplaudió en su momento al ex presidente
Carlos Menem.
Pero en IDEA creen que son numerosos los temas a debatir sobre la economía que viene, y por eso se quieren garantizar la presencia de dirigentes políticos como Mauricio Macri, Elisa Carrió y el resucitado Julio Cobos.
Los empresarios hasta se entusiasman con la posibilidad de contar entre los participantes al llamativo Alfredo De Angeli.
Pero más allá de las presencias, los empresarios esperan aprovechar que este no es un año electoral para debatir en ese foro los temas clave de la agenda económica: inflación, el Indec, comportamiento de mercados financieros y fortalezas y debilidades del modelo K, serán parte de los temas de discusión.
El sector privado considera que la situación de la Argentina dista mucho de que atravesó en el 2001, cuando el país colapsó, pero cree que existe un desaprovechamiento de una coyuntura internacional favorable.
El "establishment", al que la Presidenta atacó con dureza en uno de sus últimos discursos, cree que el país debería alentar la producción, en especial la agropecuaria, en lugar de trabarla, y que el país debe terminar con los controles ficticios de precios.
Considera que el país debe incentivar la producción agropecuaria e industrial, para que la mayor oferta sea el remedio adecuado para el recalentamiento de precios.
El problema es que faltan ideas y conducción política en los niveles que deben llevar el día a día de la política económica.
Al Gobierno no le hizo gracia alguna la última encuesta que elevó a Roberto Lavagna como el único ministro capaz de poner en caja a la inflación.
Tal vez por eso, al mismo tiempo que decidieron postergar por ahora cualquier nuevo cambio en la esfera económica, el matrimonio presidencial resolvió formalizar el funcionamiento de un gabinete económico ampliado que viene operando desde el día en que se decidió la recompra de títulos de deuda.
De ahora en más, los grandes temas de la agenda económica serán consultados no sólo con el ministro Carlos Fernández, sino con un círculo de ´notables´ que integran el presidente del Banco Central, Martín Redrado, el jefe de Gabinete, Sergio Massa, y la titular del Banco Nación, Mercedes Marcó del Pont.
De allí, llegado el caso, saldrá el funcionario que el matrimonio Kirchner pondrá sobre la mesa en caso de que las luces amarillas se tornen rojas.
El efecto competitivo de una devaluación hecha a las apuradas hace más de cinco años comenzó a licuarse ante un escenario internacional cada vez más complejo, donde se agotó el financiamiento por la hecatombe de las hipotecas basura en los
Estados Unidos, y la escalada de los precios de la comida amaga con hundir a medio planeta en la pobreza.
La inflación, tres veces mayor a la informada por la Indec, y la apreciación del peso, convencieron del sector empresario de encender algunas luces amarillas sobre la marcha de la economía.
El tema convirtió a la Unión Industrial Argentina en un polvorín, entre aquellos que reclaman no hacer públicos los reclamos y seguir apuntalando al gobierno nacional, y los que consideran que se debe salir a realizar advertencias para que el Gobierno corrija el rumbo.
De un lado está el presidente de la UIA, Juan Carlos Lascurain, y buena parte del Comité Ejecutivo de la central fabril. Del otro, el ex ministro de la Producción José Ignacio de Mendiguren y empresarios de distintos rubros -muchos del interior- que ven cómo día a día se evaporan sus utilidades.
Los costos industriales se dispararon un 30 por ciento promedio en el último año, y a esto se suman los ajustes en los servicios, el último de los cuales afectó a la energía eléctrica.
El precio de las materias primas creció con fuerza, como es el caso del hierro primario, un insumo clave para la mayoría de los sectores fabriles vinculados con las manufacturas.
La preocupación no es sólo de los industriales: el campo, tras una guerra de cuatro meses con el Gobierno, aparece tironeado entre los que impulsan seguir dialogando con el Gobierno a la espera de que prosperen las medidas en curso, y quienes amagan con volver a la vera de las rutas.
El pulso de lo que está pensando el sector empresario se podrá tomar a fines de octubre, cuando se realice el 44 Coloqio empresarial de IDEA.
En los más de dos meses que faltan para el gran evento empresario del año, los directivos de IDEA, Gustavo Ripio (Microsoft) y Clarisa Estol (Bando Hipotecario), y el titular del encuentro que se hará en Mar del Plata, el economista Carlos
Tramutola, se dedicarán a garantizar la convocatoria más amplia posible.
El kirchnerismo siempre le fue esquivo a este encuentro, porque identifica a IDEA con las políticas neoliberales de los 90, rechazadas de plano por Néstor Kirchner, a pesar de que como gobernador de Santa Cruz aplaudió en su momento al ex presidente
Carlos Menem.
Pero en IDEA creen que son numerosos los temas a debatir sobre la economía que viene, y por eso se quieren garantizar la presencia de dirigentes políticos como Mauricio Macri, Elisa Carrió y el resucitado Julio Cobos.
Los empresarios hasta se entusiasman con la posibilidad de contar entre los participantes al llamativo Alfredo De Angeli.
Pero más allá de las presencias, los empresarios esperan aprovechar que este no es un año electoral para debatir en ese foro los temas clave de la agenda económica: inflación, el Indec, comportamiento de mercados financieros y fortalezas y debilidades del modelo K, serán parte de los temas de discusión.
El sector privado considera que la situación de la Argentina dista mucho de que atravesó en el 2001, cuando el país colapsó, pero cree que existe un desaprovechamiento de una coyuntura internacional favorable.
El "establishment", al que la Presidenta atacó con dureza en uno de sus últimos discursos, cree que el país debería alentar la producción, en especial la agropecuaria, en lugar de trabarla, y que el país debe terminar con los controles ficticios de precios.
Considera que el país debe incentivar la producción agropecuaria e industrial, para que la mayor oferta sea el remedio adecuado para el recalentamiento de precios.
El problema es que faltan ideas y conducción política en los niveles que deben llevar el día a día de la política económica.
Al Gobierno no le hizo gracia alguna la última encuesta que elevó a Roberto Lavagna como el único ministro capaz de poner en caja a la inflación.
Tal vez por eso, al mismo tiempo que decidieron postergar por ahora cualquier nuevo cambio en la esfera económica, el matrimonio presidencial resolvió formalizar el funcionamiento de un gabinete económico ampliado que viene operando desde el día en que se decidió la recompra de títulos de deuda.
De ahora en más, los grandes temas de la agenda económica serán consultados no sólo con el ministro Carlos Fernández, sino con un círculo de ´notables´ que integran el presidente del Banco Central, Martín Redrado, el jefe de Gabinete, Sergio Massa, y la titular del Banco Nación, Mercedes Marcó del Pont.
De allí, llegado el caso, saldrá el funcionario que el matrimonio Kirchner pondrá sobre la mesa en caso de que las luces amarillas se tornen rojas.
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