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Una obra de arte, creada y dirigida a la perfección, que se merece un gran aplauso

El plan salió tal cual lo pensaron. Hubo actores principales, secundarios, guionistas, maquilladores y hasta un director. ¡Aplausos!


Como si se tratara de una película, un libro o una pintura. Una gran obra de arte. Fue pensada, creada y dirigida a la perfección. Cada paso, cada detalle, cada decisión, fue llevado a cabo con tanta argucia, precisión y conocimiento, que verdaderamente merece un largo y tendido aplauso. De pie, claro.

Desde la propia elección (no designación) de los actores principales. Crueles, malvados, malévolos, pero inteligentes, perspicaces y astutos para llevar adelante un plan que conocen a la perfección. Saben cada escondite, cada secreto. Cuándo ir y cuándo quedarse. Cuándo bajar a cero, y cuándo apretar el acelerador hasta estrellarse.

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Entienden que hasta la más mínima decisión puede ser una bomba que haga volar todo por los aires. Y también saben que, si cumplen con su labor, tendrán su recompensa y obtendrán el derecho de poder asistir a la premiación más lujosa. Caminarán por la alfombra roja y disfrutarán de las mieles de los flashes y el golpecito en el hombro del director.

Igualmente, no podrían haber logrado ese aplauso largo y tendido sin la presencia de los actores de reparto. Esos que laburaron desde temprano. En campo, no en el escenario. En las calles, no en la sala de filmación. Bajo las sombras, como casi siempre.

Aprovecharon cada centímetro que les dieron para sacar a relucir todo su libreto. Y no se movieron de ahí. Fueron los intérpretes de la introducción de la película. Con un plan en una mano, y un palo en la otra. Se movieron como pez en el agua. Sin vergüenza, sin pudor, sin ponerse colorados. Y lo lograron.

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Después llegó la hora de pasar al momento más complejo, más álgido, más dramático. O no. Porque el nudo de esta obra fue escrito, guionado y dirigido por las más ávidos y avezados protagonistas.

Con la precisión de un orfebre, la exactitud de un cirujano y el rigor de un científico, llevaron adelante cada toma, cada secuencia, cada proceso, que hasta se ganaron un aplauso cuando la obra finalizó. Y de pie.

Pero esta obra de arte no hubiera sido tan ilustre, distinguida y destacada sin un final atrapante, arrollador, espectacular. Que contó con la inestimable presencia del director de la creación, a su manera, con su estilo y sus formas. Cuando quiso y donde quiso. Pisando firme, pero mirando de reojo. Marcando el camino, pero sin levantar la mirada. Con una imagen impoluta hacia afuera, pero totalmente inverosímil desde sus entrañas.

Y con la tranquilidad de haber hecho el trabajo al detalle. Tal cual lo pensaron, lo proyectaron y lo desarrollaron. Una obra de arte, creada y dirigida a la perfección, que se merece un gran aplauso.