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Lo de Messi en el Mundial 2026 ya no parece fútbol: una actuación que rozó el arte

El capitán argentino, Lionel Messi, volvió a brillar ante Austria con dos goles y dejó la sensación de estar jugando un deporte diferente al resto.

Lionel Messi argentina austria 2
EFE

Hay tardes en las que un equipo juega bien y supera ampliamente a su rival. Otras donde los dos cuadros son parejos y nadie saca un conejo de la galera. Después están esos momentos en los que uno deja de analizar esquemas, posiciones o estadísticas porque lo que ocurre delante de sus ojos parece pertenecer a otro lugar. Algo más cercano al arte que al deporte.

Este Mundial 2026 ya empezó a mostrar una versión extraordinaria de la Selección argentina. Y en el centro de todo vuelve a estar Lionel Messi. Cinco goles en dos partidos, un penal errado y una influencia absoluta en cada ataque. A pocos días de cumplir 39 años, el rosarino sigue haciendo cosas que parecen imposibles para cualquier futbolista de su edad. O para cualquier futbolista, simplemente.

Ante Argelia había dejado tres definiciones memorables. Contra Austria volvió a hacerlo. Dos goles. Dos obras distintas. Dos razones más para pensar que estamos viendo algo irrepetible.

Messi, se ve feliz. Lo está disfrutando.

Messi, se ve feliz. Lo está disfrutando.

El primero nació en una secuencia que pareció ensayada durante años. Facundo Medina apareció por la izquierda como si fuera Jordi Alba en sus mejores tiempos. El pase fue perfecto. Pero lo mejor llegó después. Thiago Almada, de espaldas a Messi y sin tocar la pelota, abrió las piernas y dejó pasar el balón. Un gesto técnico tan simple como brillante. Una acción que duró apenas un segundo pero que resolvió toda la jugada. Del otro lado apareció Messi, que recibió en ventaja y definió como definen los elegidos.

En ese instante no grité gol.

Lo primero que pensé fue: esto no es fútbol.

O, mejor dicho, es algo más que fútbol.

La sensación fue parecida a la de observar una coreografía perfectamente ejecutada. Un paso de ballet. Una orquesta perfectamente sincronizada. Una obra colectiva donde cada movimiento tiene sentido y cada protagonista sabe exactamente cuándo intervenir. Todo fluye con una naturalidad que parece improvisada, aunque detrás exista una enorme cantidad de trabajo.

A un paso de ser una obra de arte de Messi

El golazo de Messi para el 1-0 ante Austria

El segundo gol tuvo otra estética, pero la misma esencia.

La jugada nace por un costado y, cuando muchos futbolistas habrían dado la acción por terminada, Messi sigue corriendo. Persigue el rebote con el hambre de un juvenil que recién empieza. Leandro Paredes le entrega una pelota incómoda, de esas que suelen llamarse "ladrillos". Pero Messi hace lo que hizo toda su vida: transforma una dificultad en una ventaja. Controla, insiste, encuentra el espacio donde parece no existir y coloca el remate entre un bosque de piernas para sentenciar el partido.

Y otra vez apareció la misma sensación.

No es fútbol.

O al menos no el fútbol que juegan los demás.

Porque mientras Messi esté dentro de una cancha, las reglas parecen modificarse. Los espacios son distintos. Los tiempos son distintos. Las decisiones son distintas.

Avísenle al resto de las selecciones que todavía están a tiempo de entenderlo. Argentina tiene un gran equipo, probablemente el más completo del Mundial. Pero además tiene a un jugador que sigue compitiendo en una dimensión propia.

Y cuando Messi entra en contacto con la pelota, por momentos, ya no estamos viendo un partido de fútbol.

Estamos viendo otra cosa.