Gimnasia se hunde: otra derrota, mismos errores y el ciclo de Ariel Broggi al límite
Gimnasia y Esgrima volvió a fallar, estiró su racha a siete sin ganar y dejó una imagen preocupante. El equipo de Ariel Broggi involuciona.
Gimnasia ya no tropieza: cae. Y lo hace siempre de la misma manera. Sin respuestas, sin reacción y con una sensación cada vez más marcada de equipo a la deriva. La nueva derrota no solo duele por el resultado, sino por lo que expone: un ciclo agotado y un equipo que involuciona partido a partido.
Esta vez, el Lobo le dio vida a un rival que llegaba en terapia intensiva, sin señales de recuperación. Pero alcanzó con poco.
Un primer tiempo que ilusionó… pero no alcanzó
En la primera parte, el equipo mostró algo distinto. Terminó mejor que su rival, generó situaciones claras y logró sobreponerse incluso al golpe anímico de un gol anulado por VAR en contra.
Pero volvió a aparecer el mismo problema de siempre: la falta de jerarquía y frescura en los metros finales. Gimnasia llegó, insinuó, pero no lastimó. Y en este fútbol, el que no concreta, paga.
El arquero William Barlasina fue figura, sí. Pero también quedó en evidencia la incapacidad del equipo para resolver cuando tiene que dar el golpe.
Un segundo tiempo que fue un retroceso total
El complemento fue un déjà vu. Como si al equipo le hubieran borrado la memoria.
Los cambios no solo no mejoraron lo que había, sino que lo destruyeron. El ingreso de variantes terminó desarmando la estructura que, con limitaciones, al menos competía. Broggi movió piezas, cambió posiciones —Lencioni por un lado, Recalde al medio— y el equipo se desordenó por completo.
No hubo generación de juego. Se perdieron las marcas. Y Gimnasia terminó acorralado, dependiendo otra vez de las intervenciones de Rigamonti, que volvió a ser de lo más rescatable.
Newell’s, sin sobrarle nada, se lo llevó más por empuje que por fútbol. Pero alcanzó. Porque del otro lado no hubo respuestas.
Las lesiones y los cambios obligados tampoco ayudaron: Antonini dejó la cancha y entró Barbosa, mientras que Paredes salió para el ingreso de Cortez. Pero más allá de nombres, el problema es estructural. Un equipo sin respuestas… y un ciclo que se apaga
El diagnóstico es claro y duele: Gimnasia no está bien físicamente, no está bien futbolísticamente y no está bien anímicamente.
Siete partidos sin ganar no son casualidad. Son consecuencia.
El plantel es corto, los relevos no responden y el equipo pierde identidad cada vez que intenta reinventarse. Pero lo más preocupante son las formas: Gimnasia compite a medias y termina quedándose con las manos vacías casi por inercia.
La paciencia de los hinchas se terminó.
Y en ese contexto, el ciclo de Broggi empieza a quedar sin margen. Porque cuando no hay respuestas en la cancha, las decisiones empiezan a tomarse afuera.
El Lobo está perdido. Y alguien tiene que hacerse cargo.
