El mendocino que ayudó a volver al Gambarte y hoy recibe a la Selección en Estados Unidos
El Mundial genera una conexión entre Kansas y nuestra provincia gracias al mendocino Marcelo Espina, quien detalla el impacto de Messi y la seleccion.
Hay personas que se mudan de país, cambian de idioma, construyen una nueva vida y, sin embargo, siguen llevando el barrio en el bolsillo. A Marcelo Espina le pasa algo parecido: hace más de diez años que vive en Kansas City, en el corazón de Estados Unidos, pero hay cosas que nunca se fueron con la distancia. El Club Godoy Cruz es una de ellas, y hoy, desde allí, recibe a la Selección Argentina.
Mucho antes de convertirse en uno de los mendocinos que hoy reciben a la Selección Argentina en esta Copa del Mundo, Marcelo fue parte de una generación de hinchas que decidió involucrarse en la vida del club. Participó activamente en el movimiento que impulsó la histórica vuelta al Feliciano Gambarte, fue uno de los creadores del recordado programa "Subite al Expreso" y también produjo varios homenajes audiovisuales dedicados a uno de los grandes referentes populares del mundo tombino: Julio Roque Pérez.
-
Te puede interesar
De Mendoza a Qatar: la historia del último mendocino en jugar un Mundial
Por eso, cuando habla de Argentina desde Kansas City, lo hace con la misma pasión con la que habla del Tomba. Y en estos días tiene algo especial para contar: "Desde que llegó la Selección la ciudad cambió completamente", resume.
No es una frase hecha, es una descripción. Porque según cuenta, la presencia del equipo de Lionel Messi y Lionel Scaloni modificó la rutina de una ciudad acostumbrada a los grandes eventos deportivos, pero que pocas veces había vivido algo parecido.
"Hay una atmósfera distinta. Se habla de Argentina en todos lados. Los medios estadounidenses le están dando mucha cobertura a la Selección. Hay móviles, notas, informes y una expectativa enorme", relata.
Kansas City respira fútbol, o al menos respira el fútbol que genera Argentina.
La hospitalidad del corazón de Estados Unidos
Hay otro aspecto que Marcelo destaca constantemente: la gente. "La hospitalidad de Kansas City es impresionante", asegura. Lo dice alguien que lleva más de una década viviendo allí y lo repite alguien que recibió amigos, familiares y ahora también a cientos de argentinos que llegan detrás del sueño mundialista.
Messi, un fenómeno que supera fronteras
Hay una imagen que se repite en las calles, en los comercios y en los alrededores de los estadios.
Camisetas argentinas.
"Los mexicanos alientan por Argentina. Los salvadoreños alientan por Argentina. Los guatemaltecos también. Los hondureños también", cuenta Marcelo.
Y entonces llega una revelación que ayuda a entender la dimensión del fenómeno.
"Muchas familias mexicanas tienen integrantes que son más hinchas de Messi o de la Selección Argentina que de sus propios jugadores."
La frase parece exagerada.
Pero basta caminar unos minutos por cualquier evento vinculado al Mundial para comprobar que no lo es.
Messi dejó de ser solamente un futbolista argentino hace mucho tiempo.
Se transformó en un símbolo global.
Y en Estados Unidos esa sensación parece multiplicarse.
Entre lluvias, tormentas y mitos
Para muchos argentinos, hablar de Kansas implica pensar automáticamente en tornados.
Marcelo sonríe cuando escucha la pregunta.
Dice que sí, que existen. Que forman parte del paisaje climático de la región. Pero que la realidad es bastante menos dramática de lo que muestran las películas.
"Encontrarse con un tornado es tan difícil como ganarse la lotería", explica.
Las lluvias son frecuentes y las alertas meteorológicas forman parte de la vida cotidiana, pero la ciudad funciona con normalidad y los habitantes conviven naturalmente con esas condiciones.
De hecho, asegura que una de las cosas que más lo sorprendió cuando llegó fue la tranquilidad con la que los vecinos afrontan fenómenos que para un mendocino resultarían extraordinarios.
La pasión no entiende de fronteras
Mientras la Selección se prepara para salir a la cancha, Marcelo camina por una ciudad que habla de Messi, que descubre a Scaloni y que se llena de camisetas celestes y blancas.
Y seguramente, en algún momento del día, también piensa en Godoy Cruz.
Porque hay pasiones que no entienden de mudanzas.
Ni de fronteras.
Ni de continentes.