Más allá de Troya: otras ciudades conquistadas con ingenio a lo largo de la historia
A lo largo de la historia hubo otros ejércitos que recurrieron al engaño, la creatividad o maniobras inesperadas para atravesar ciudades o murallas consideradas imposibles de conquistar.
A lo largo de la historia, distintos ejércitos recurrieron al ingenio, el engaño y estrategias inesperadas para conquistar ciudades que parecían inexpugnables.
David RobertsEl estreno de La Odisea despertó nuevamente el interés por uno de los episodios más famosos de la Antigüedad: el caballo de Troya. Según el relato atribuido a Homero, los griegos lograron entrar en la ciudad escondidos dentro de un enorme caballo de madera ideado por Odiseo, poniendo fin a una guerra que llevaba diez años.
Aunque es el caso más conocido, la historia registra otros episodios en los que la fuerza no fue suficiente y los atacantes apelaron al ingenio para superar murallas, fortalezas o ciudades que parecían imposibles de tomar.
El río que abrió las puertas de Babilonia
En el año 539 a. C., el rey persa Ciro el Grande se enfrentó a una de las ciudades más fortificadas del mundo antiguo: Babilonia. De acuerdo con el historiador griego Heródoto, en lugar de lanzar un ataque frontal, los persas desviaron parte del río Éufrates. Cuando el nivel del agua descendió durante la noche, un grupo de soldados avanzó por el lecho del río e ingresó por las puertas que daban al cauce.
Aunque algunos especialistas creen que el relato pudo haber sido embellecido con el paso de los siglos, existe consenso en que la conquista de Babilonia fue sorprendentemente rápida y con escasa resistencia.
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Así relataron la caída de Babilonia los historiadores Jenofonte y Heródoto: "Entonces ellos entraron; y de los que conocieron a algunos fueron abatidos y asesinados, y otros huyeron a sus casas, y algunos levantaron el clamor y el llanto, pero Gobrias (general de Ciro) y sus amigos cubrieron el grito con sus gritos, como si fueran ellos mismos juerguistas. Y así, abriéndose camino por la ruta más rápida, pronto se encontraron frente al palacio del rey".
El casco perdido que reveló un camino secreto
Otro episodio atribuido a Ciro ocurrió durante la conquista de Sardes, capital del reino de Lidia. Mientras observaban las murallas, un soldado persa vio cómo un defensor descendía por un acantilado para recuperar el casco que había caído. Aquel movimiento reveló un sendero que los habitantes creían inaccesible y, por eso mismo, prácticamente no vigilaban.
Esa misma noche un pequeño grupo de guerreros escaló por ese lugar, abrió las puertas desde el interior y permitió la entrada del resto del ejército.
Los romanos construyeron una montaña para conquistar Masada
No todas las estrategias consistían en engañar al enemigo.
Durante el asedio de Masada, entre los años 73 y 74 d. C., el ejército romano se encontró con una fortaleza levantada sobre una enorme meseta rocosa, prácticamente imposible de atacar. La solución fue levantar una gigantesca rampa de tierra y piedra durante meses hasta alcanzar la altura de las murallas. Una vez terminada, pudieron acercar sus máquinas de asedio y romper las defensas.
Todavía hoy esa impresionante obra de ingeniería puede verse en Israel.
La flota que apareció donde nadie la esperaba
En 1453, durante el sitio de Constantinopla, los bizantinos confiaban en que el puerto del Cuerno de Oro era uno de los sectores mejor protegidos de la ciudad. Una enorme cadena de hierro atravesaba la entrada y bloqueaba el paso de las embarcaciones enemigas, por lo que la flota otomana no podía atacar las murallas desde ese frente.
Ante ese obstáculo, el sultán Mehmed II puso en marcha una maniobra inesperada. Durante la noche, sus hombres prepararon un camino de madera y trasladaron decenas de barcos por tierra, arrastrándolos sobre troncos engrasados. Las embarcaciones rodearon la zona controlada por los bizantinos y fueron depositadas nuevamente en el agua, pero ya del otro lado de la cadena.
Al amanecer, los defensores descubrieron que la flota otomana había ingresado al Cuerno de Oro, un lugar que consideraban prácticamente inaccesible. La operación no provocó la caída inmediata de Constantinopla, pero obligó a los bizantinos a dividir sus fuerzas y a defender un nuevo sector de las murallas. La ciudad terminó siendo conquistada semanas después, el 29 de mayo de 1453.
El vikingo que fingió su muerte para entrar a una ciudad
Una de las historias más sorprendentes de la Edad Media tiene como protagonista al caudillo vikingo Hastein, quien, según las crónicas medievales, buscaba conquistar Roma junto con Björn Costado de Hierro.
Al llegar a la ciudad italiana de Luna —que aparentemente confundieron con Roma—, comprendieron que un ataque frontal contra sus murallas sería demasiado arriesgado. Hastein decidió entonces recurrir a un engaño para conseguir que los habitantes le permitieran entrar.
El vikingo hizo correr el rumor de que estaba agonizando y que deseaba convertirse al cristianismo antes de morir. Los habitantes aceptaron recibirlo y, según una de las versiones, incluso autorizaron el ingreso de su supuesto cadáver para que fuera enterrado dentro de la ciudad.
Cuando el cortejo fúnebre ya se encontraba detrás de las murallas, Hastein salió del ataúd —o de la camilla, según el relato—, tomó su espada y atacó a quienes lo rodeaban. Sus hombres aprovecharon la sorpresa para llegar hasta las puertas y permitir el ingreso del resto del ejército, que terminó saqueando Luna. Recién entonces los atacantes habrían descubierto que no habían conquistado Roma.
La popular serie Vikingos recuperó esta ingeniosa estrategia, pero se la atribuyó a otro personaje. En el final de la tercera temporada, Ragnar Lothbrok simula estar muerto, es trasladado dentro de un ataúd hasta París y, una vez dentro de la ciudad, se levanta para facilitar el ataque de sus hombres. Sin embargo, Ragnar no protagonizó históricamente ese episodio: los responsables de la serie tomaron la antigua leyenda de Hastein y la adaptaron a su argumento, además de trasladar la acción de Luna a París.
Como ocurre con muchas narraciones medievales, los historiadores todavía debaten cuánto hay de realidad y cuánto de leyenda en la historia de Hastein. Aun así, su falsa muerte quedó como uno de los relatos más famosos sobre el uso del engaño para atravesar las murallas de una ciudad.
Los gansos que salvaron a Roma
No todas las estrategias terminaron con éxito. En el año 390 a. C., los galos encontraron un sendero oculto para escalar de noche el Capitolio romano, el último bastión que aún resistía.
El plan parecía perfecto hasta que unos gansos sagrados comenzaron a graznar con fuerza. El ruido despertó a los soldados romanos, que lograron rechazar el ataque en el último momento.
Con el paso del tiempo, aquellos animales terminaron convirtiéndose en un símbolo de la salvación de Roma.






