La odisea de una mujer de 74 años que vive sola en alta montaña
En medio de la nieve y lejos de todo, Norma sigue apostando por el negocio que levantó hace décadas y que hoy mantiene prácticamente sola.
Conseguir mercadería, cargarla en un colectivo y reconstruir su local forman parte de la rutina de una comerciante que eligió quedarse en la montaña.
Alf Ponce Mercado / MDZDurante las últimas semanas, la nieve transformó por completo la cordillera mendocina. Cerros blancos, turistas buscando la mejor foto y un paisaje que parece sacado de una postal convierten a la montaña mendocina en uno de los lugares más visitados del invierno. Sin embargo, detrás de esa belleza también existe otra realidad: la de quienes viven y trabajan allí durante todo el año, incluso cuando el frío y el aislamiento complican cada tarea cotidiana.
En Polvaredas, María Norma mantiene abierto un pequeño comercio que abastece tanto a vecinos como a quienes recorren la Ruta Nacional 7. Tiene 74 años, vive sola y continúa trabajando todos los días con el mismo objetivo que la acompaña desde hace más de tres décadas: sostener el negocio que construyó junto a su familia.
MDZ conversó con Norma durante una recorrida por alta montaña. Mientras afuera la nieve cubría el paisaje, ella abrió las puertas de su local para contar cómo es sostener un comercio en un lugar donde conseguir mercadería demanda mucho más esfuerzo que en cualquier ciudad.
Cada compra implica un viaje y mucho esfuerzo
La principal dificultad no pasa por vender, sino por abastecerse. Norma explicó que hoy solo algunas empresas llegan hasta Polvaredas, mientras que gran parte de los productos debe ir a buscarlos personalmente.
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"Yo bajo hasta Uspallata. Algunas cosas me llegan ahí, otras las compro ahí mismo. Después espero el micro de línea, cargo todo como puedo y me vuelvo", contó. Cada viaje implica cargar cajas, bolsas y mercadería hasta el colectivo para luego descargar nuevamente en su negocio.
A eso se suman los costos del transporte. Según explicó, muchas distribuidoras solo realizan envíos si la compra supera determinados montos. "Si hago una compra de 300 mil pesos recién me suben mercadería hasta acá", relató, una realidad que obliga a planificar cada pedido con mucha anticipación.
Una vida entera entre la montaña, su familia y el comercio
Norma llegó a Polvaredas a fines de 1994, cuando todavía trabajaba como enfermera en el sistema de salud. Después de jubilarse, decidió quedarse definitivamente en la montaña, donde también crió a sus hijas.
"Yo crié a mis hijas acá, llegué a los 40 y ahora voy a cumplir 74", contó con orgullo. Hoy continúa atendiendo sola el comercio y, cada vez que puede, invierte en mejorar el lugar para que vuelva a crecer.
Mientras conversaba con MDZ, señalaba distintos sectores del local donde todavía faltan arreglos. De a poco compra materiales, organiza trabajos y proyecta nuevas mejoras, aunque reconoce que hasta transportar unas bolsas de cemento representa un gasto importante por la distancia y la logística.
La nieve también trae una esperanza
El intenso temporal cambió el ritmo habitual en alta montaña. Durante varios días el movimiento fue escaso, aunque con la acumulación de nieve comenzaron a llegar nuevamente visitantes atraídos por el paisaje blanco.
Norma observa ese movimiento con ilusión. Sabe que muchas personas pasan apuradas rumbo a la nieve, pero también confía en que el invierno le permita recuperar parte de las ventas. "Se está moviendo mucho. No creí que ayer y hoy iba a pasar lo que ustedes han visto", contó al referirse a la cantidad de turistas que comenzaron a subir.
Mientras miles disfrutan de la cordillera nevada por unas horas, ella permanece allí todos los días. Atendiendo desde la ventana de su pequeño comercio con una historia de esfuerzo silencioso, de viajes en colectivo para buscar mercadería y de una decisión que nunca cambió con el paso de los años: seguir apostando por la vida en la montaña.




