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Doping, mentira y confesión: el icónico caso del tenista Mariano Puerta

Mariano Puerta llegó a ser Top 10 y sufrió la condena social por un doping positivo que aseguró que fue por un medicamento de su esposa y era mentira.

Mariano Puerta fue un caso icónico de doping positivo en el tenis argentino.

Mariano Puerta fue un caso icónico de doping positivo en el tenis argentino.

Noticias Argentinas

Nick Kyrgios no es el primero ni será el último en dar doping positivo en el mundo del tenis, pero su caso trae a la memoria otro icónico hecho del tenis, el de un argentino que llegó a ser Top 10, cayó en el olvido y sufrió la condena social: Mariano Puerta.

El tenista nacido en San Francisco, Córdoba, cursaba uno de los mejores momentos de su carrera dentro de lo que se conoció como La Legión Argentina, una camada de jugadores de nuestro país que alcanzó marcas impensadas y que terminó coronando su era con la Copa Davis de 2016, aunque con varias caras nuevas respecto a los nombres que dieron origen a ese tiempo de conquistas.

Mariano Puerta había conseguido los títulos de singles del Abierto de Palermo en 1998, el de Bogotá del 2000 y el de Casablanca de 2005, este último un mes y medio antes de conseguir uno de los más grandes hitos de su carrera, el subcampeonato del Roland Garros ante Rafael Nadal. Todos estos momentos destacados, y otros seis subcampeonatos, conseguidos en la tierra predilecta del tenis argentino: el polvo de ladrillo.

En esa superficie también había conseguido tres torneos de dobles y nueve Challengers, porque allí tenía su mejor desempeño. Nadie podía sospechar nada del buen rendimiento de un argentino en esa superficie y mucho menos cuando en el ranking coincidía con figuras como Guillermo Coria, Gastón Gaudio, David Nalbandian, Juan Ignacio Chela, Guillermo Cañas, Agustín Calleri y otros tantos tenistas que competían siempre en lo más alto del circuito mundial de la ATP.

Los doping de Mariano Puerta y las sanciones

Lo único que pesaba sobre Mariano era el pasado. En 2003 había dado positivo en clenbuterol, un medicamento para el asma considerado anabólico por la Asociación Mundial Antidopaje (WADA). La muestra había sido tomada en el contexto del Torneo de Viña del Mar, Chile, en 2003, por lo que tuvo una sanción de nueve meses que cumplió entre octubre de ese año y julio de 2004. Por esto, desde la ATP, le dieron un "warning", lo que vendría a ser una amonestación. Si volvía a pasar, estaba afuera del circuito de por vida.

En octubre de 2005, ajeno a que esto pudiera volver a ocurrir, según contó él en diálogo con La Nación en 2020, recibió una carta con la peor noticia: doping positivo en la final de Roland Garros. El caso, cuando llegó a la Justicia deportiva, tuvo una defensa que buscaba evitar la sanción de por vida. La única explicación de Puerta fue que tomó agua de un vaso en el que su esposa había tomado un medicamento. Sanción de ocho años que luego se redujo a dos años por "consumo accidental" y en una dosis que no pudo influir en su rendimiento deportivo.

Etilefrina: la droga de la discordia

Los estudios realizados a Mariano Puerta después de la final de Roland Garros contra Rafael Nadal dieron que el tenista argentino había consumido etilefrina, una droga que está prohibida en competición. La misma, está listada como sustancia especificada, una categoría que agrupa a los compuestos que son de fácil acceso en los medicamentos comunes, a partir de lo cual se evalúa si su consumo fue accidental al fijar una sanción.

La etilefrina es una agente simpaticomimético y vasopresor que actúa en el cuerpo de forma similar a la adrenalina. Normalmente, se receta para tratar casos de hipotensión ortostática o bajones drásticos de presión arterial, pero en el deporte se encuentra prohibido porque genera un incremento del gasto cardíaco, fuerza la contracción del corazón y aumenta el flujo sanguíneo, ofreciendo una ventaja en el rendimiento físico o la resistencia del atleta en competición.

La mentira de Mariano Puerta

Tras informar al atleta de que había dado positivo en etilefrina, el caso se judicializó y él debía comparecer ante el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS), para definir la sanción que debía pesar sobre él. Sus asesores legales, entonces, le aconsejaron no decir la verdad sobre los hechos, sino que era preferible inventar una historia, hecho que confesó en la entrevista a La Nación mencionada previamente.

En su declaración, Puerta aseguró que la droga la había consumido de forma accidental. Según su versión de los hechos estaba en el restaurant de jugadores de Roland Garros almorzando con su esposa cuando esta tomó un medicamento para el corazón disolviéndolo en un vaso de agua. Pasado un rato, el utilizó el mismo vaso por error para tomar agua de su botella y allí fue donde terminó ingiriendo la sustancia prohibida. La Justicia aceptó y la Federación Internacional de Tenis (ITF) aceptó que el consumo accidental merecía una sanción menor y pasó de ocho años de suspensión a tan solo dos. En 2007 volvió a las canchas, para retirarse finalmente en 2009.

La confesión: "No quiero que me vean más como un tramposo"

Quince años más tarde de aquel proceso judicial, Mariano Puerta confesó: "La explicación que usamos como estrategia fue mentira. Pero no saqué ventaja deportiva. No quiero que me vean más como un tramposo". Esta mentira tuvo como base una situación compleja previa que también le hubiera sido difícil de explicar ante los jueces. "Nosotros no podíamos hacer nada porque las pastillas se habían comprado, no sé cómo decirlo…, no fue en forma legal", aseguró.

Resulta, según la nueva versión de los hechos, que el había comprado unas pastillas de cafeína y ginseng, sustancias permitidas por la WADA, como complementos vitamínicos. Esas dosis las perdió y su entrenador, Darío Lecman, le consiguió unas que hizo un amigo farmacéutico por un precio menor. Estas, según comprobó la defensa de Puerta, eran las que estaban contaminadas con etilefrina.

"Termino el torneo de Guadalajara y empiezo las vacaciones viajando desde ahí con mi mujer a Puerto Vallarta –narra Puerta–. Después nos fuimos a Miami, antes de volver voy a un local de GNC (General Nutrition Centers; una compañía de suplementos nutricionales) y compro las vitaminas del año, como siempre. Llego a Buenos Aires, comienzo la pretemporada. Antes de irme a un challenger en Chile, le digo a Daro (Lecman): ‘Me olvidé de comprar o no encuentro el frasco de cafeína y ginseng’. Y él me dice que tenía un amigo que trabajaba en un laboratorio, que le podía decir que las hiciera, que se quedaba después de hora y nos salía menos plata. Le digo que sí y sigo normal. Antes del viaje a Chile agarro el frasco y empiezo el año. Era una pastilla que no siempre la usaba, dependía de cómo me sintiera. Si estaba bien y jugaba contra alguien que me daba un poco de tiempo, no la tomaba. No era lo mismo jugar contra Agassi que contra Corretja. Contra Agassi estaba terminado mi swing y ya tenía la pelota de nuevo. Contra Corretja te daba tiempo, porque le pegaba a la pelota bajando", aseguró Puerta.

En su relato, comenta que supo de las pastillas contaminadas, cuando "unos días antes de ir al torneo de Madrid, voy a Londres a reunirme con abogados. Esa reunión fue importante. Me dicen: ‘Nos estás dando tu verdad, pero se acercan las fechas y tenemos que empezar a pensar en una estrategia’. Me preguntan: ‘¿Los frascos del complejo vitamínico que tenés ahora son los mismos que usaste en París?’. Sí, tenía todo lo que estaba tomando desde el 1 de enero de ese año. Me pidieron el frasco, les di todo y me voy. Diez días después me llama el manager de Gastón Gaudio, Olindo Iacobelli, que era socio de Brasero. Yo estaba en Lyon. Me dice: ‘Uno de los frascos tiene siete pastillas con restos de etilefrina’. Pero le digo: ‘¿Cómo que siete pastillas?’. Me responde: ‘Sí, hay un frasco que tiene cerca de cuarenta cápsulas y de esas hay siete con restos de esa sustancia’. Fue aliviador porque descubrimos qué había pasado".

Sobre Lecman, explicó que no tuvo sed de revancha: "Tuvimos una charla, un día, los dos solos. Fue afuera del Cenard. Vuelvo de París-Bercy y le dije: ‘Daro, pasó esto. Tenemos los estudios’. Se sintió muy mal. Habló con el amigo y le dijo que era un frasco con cien comprimidos, que los había hecho en cuatro días distintos porque no había tenido tiempo y que en uno de esos días, probablemente, pudo haberse contaminado con partículas de esa droga, que no limpió bien cuando las estaba armando. Eso es lo que dijo el flaco. Nosotros no podíamos hacer nada porque las pastillas se habían comprado, no sé cómo decirlo…, no fue en forma legal. No había factura. Mis abogados pensaron que no era conveniente desde el punto de vista estratégico ir con lo que pasó, que no iba a gustar".