Conclusiones que debe sacar Darío Franco luego del Waterloo en el clásico
El golpazo al corazón gimnasista fue fuerte. Se puede y debe enderezar el rumbo.
Darío Franco junto a su cuerpo técnico.
Darío Franco, cordobés de nacimiento, fue jugador de fútbol profesional de largo y correcto desempeño. Como entrenador, comenzó su carrera en 2006, completando vasta experiencia en el país y en el extranjero. Su última presencia en el país con Arsenal de Sarandí no fue positiva. El equipo de la familia Grondona, en caída libre luego del fallecimiento de Don Julio, perdió la categoría en la Primera Nacional, segundo torneo de la AFA. Franco lo conducía.
Luego del comienzo errático de Ariel Broggi al frente del Lobo mendocino, la dirigencia mensana se inclinó por Franco para revertir el mal inicio. En la Liga Profesional, hasta la debacle con Independiente Rivadavia en el clásico, sus resultados eran satisfactorios.
En Copa Argentina resultó extraño su planteo, la conformación del equipo y los cambios que introdujo, frente a un equipo de categoría inferior. Paso en falso. Pareció descartar la Copa, privilegiando el torneo de la Liga.
Luego de la jornada negra del domingo pasado, Darío Franco debe repasar lo que sabe, donde está y su responsabilidad.
1) Lo que conoce: el entrenador sabe perfectamente que está frente a un equipo recién ascendido. Compromiso muy exigente por el tipo de torneo. Debe sumar puntos, para no ocupar el último lugar de la tabla y descender. En este campeonato, por ahora, no está en este ítem en peligro inminente. Colabora la pobre performance de Estudiantes de Río Cuarto.
Por promedio, de ahí sale el segundo descenso, la situación es compleja. Atento a como suman los puntos obtenidos y se obtiene el promedio, Gimnasia está en situación comprometida. Cada punto vale oro. Cada partido es una final y así lo debe preparar y afrontar.
2) Lo que se supone también conoce: el entrenador, por su expertise, debe saber que tiene un plantel reducido en jugadores de valía. La dirigencia incorporó muchos jugadores, pero escasos de categoría para un torneo sin vuelo técnico, pero muy disputado, friccionado y de intensidad emocional.
Basta reconocer, ya al final del campeonato, que los jugadores más sólidos fueron los que consiguieron el ascenso, con el aporte del goleador Agustín Módica. Poco, demasiado poco.
Condicionante que lo limita y debe manejar con tino y practicidad.
3) Lo que debe conocer y sentir: Franco está dirigiendo al equipo en el que brilló durante años uno de los mejores jugadores del fútbol nacional: Víctor Legrotaglie. También se destacaron Darío Felman, Roberto Rogel, Juan Gilberto Funes, apellidos de renombre nacional. Eso sin contar con “los compadres del Víctor", de recuerdo memorable en los antiguos nacionales.
También debe saber y respetar el estilo gimnasista. El del toque y el juego atildado. Esos nombres y el tipo de juego están en el ADN blanco y negro. No se omite ni se olvida y se respeta. Nació en 1908, Darío Franco.
Nada de ello se ha visto hasta ahora y en el clásico de catástrofe fue una rémora.
Si ha demostrado el conjunto enjundia, compromiso, garra e intención competitiva, para ser justos; lamentablemente ausentes en el Waterloo; pero con eso no alcanza. Justo cuando más se necesitaba.
Reiteración Darío Franco: Gimnasia de Mendoza tiene historia, prosapia y gen de origen. Tenerlo en cuenta, por si no lo conocías o no te lo explicaron.
4) Lo que no debe repetir: la conformación del equipo para afrontar el partido más importante de Mendoza y el planteo fue imprudente cuanto menos. Puede definirse como errado, con tranquilidad.
Plantear un 4/3/3 contra el mejor equipo en puntos y juego de la Liga Profesional, fue casi condenatorio ab initio. Lo agravó la irresponsabilidad incomprensible del marcador izquierdo Saavedra con su insólita expulsión.
Frente a un equipo compacto, poner un sólo volante de contención, fue un despropósito. La Lepra se floreó en el mediocampo, por sus propios méritos y la ayuda inesperada de la conformación del Lobo.
Adueñado con comodidad del medio campo, más laterales al ataque, resultó demasiado sencillo para Independiente Rivadavia. Los defensores centrales de Gimnasia, carentes de velocidad natural, recibían con pelota dominada varios jugadores contrarios, con tiempo y terreno a disposición.
¿Qué planteo hiciste Darío Franco? Auto daño, casi suicidio deportivo.
Completó el desatino con los primeros cambios. Reemplazó a dos volantes, ambos amonestados, por un mediocampista y un delantero. Despobló más la mitad de cancha.
Plus preocupante: en el transcurso del juego se vislumbraron jugadores “ desorientados o faltos de entrega total o carácter”. Se debe corregir o subsanar con urgencia. Aquellos que no dejan todo no están aptos para este nivel de competencia. Es lo mínimo exigible.
El camino es duro y complejo, repetimos. En la fecha restante, frente a Defensa y Justicia, Franco tiene tarea enorme y ardua. No repetir sus propios errores y recomponer el ánimo después del golpazo.
Urgente, manos a la obra, con autocrítica, convicción y racionalidad en el armado y planteo táctico. Bien conformado el equipo, con planteo táctico adecuado, hay que insuflar ánimo y confianza, apostando a los integrantes de carácter adecuado.
5) Afinar la puntería: ya se vivió la experiencia. Cantidad no es sinónimo de calidad. El presidente del club y el manager, si hay libro de pases abierto, deben acertar en reforzar el equipo en puestos sensibles, hoy vacíos de confiabilidad. Imprescindible.
Con la base de jugadores que encaramaron al Lobo al torneo máximo, más el acompañamiento de su hinchada, con Darío Franco recapacitando y el presidente y manager deportivo acertando en refuerzos claves, Gimnasia puede superar el obstáculo del primer año compitiendo en la Liga Profesional.
No va a haber en esta oportunidad suspensión de los descensos.

