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Colapinto, entre las señales que entusiasman y los problemas que Alpine todavía no puede resolver

El argentino volvió a demostrar que puede aprovechar las oportunidades, aunque algunas decisiones del equipo todavía condicionan su crecimiento.

Colapinto dio otra señal en Madrid.

Colapinto dio otra señal en Madrid.

www.francolapinto.com

Hay algo que empieza a cambiar alrededor de Franco Colapinto. No necesariamente porque el argentino haya dado un salto repentino de rendimiento, sino porque cada vez aparecen más elementos concretos para sostener una ilusión que hasta principio de año todavía dependía demasiado de la esperanza.

El séptimo puesto en Madrid es uno de ellos. Colapinto largó noveno, volvió a tener una de esas largadas que ya dejaron de ser una sorpresa y en apenas unas curvas superó a dos. Después sostuvo la posición y terminó séptimo para sumar seis puntos. No fue una carrera ganada por una circunstancia extraordinaria ni un resultado construido únicamente desde una estrategia improbable: Franco estuvo ahí y aprovechó la oportunidad.

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Y los números empiezan a acompañar esa sensación. Con los seis puntos de Madrid llegó a 27 en el campeonato y ya consiguió sumar en ocho de las 14 carreras disputadas. Lo hizo en China, Miami, Canadá, Barcelona, Gran Bretaña, Bélgica, Italia y Madrid. En ese recorrido hay un sexto puesto en Canadá y dos séptimos, en Miami y España. No alcanza para hablar de una temporada consagratoria, pero sí para decir que la aparición de Colapinto en la zona de puntos dejó de ser una excepción.

Las señales que permiten ilusionarse

Hay, además, algo que trasciende los puntos: hay auto. La clasificación de Madrid lo volvió a meter en Q3 y le permitió largar noveno; en carrera, la salida volvió a ser una herramienta concreta para ganar posiciones. En Monza, apenas una semana antes, mostró algo diferente pero igual de valioso: después de un error que lo mandó al fondo, fue capaz de recomponerse, recuperar posiciones y terminar noveno.

Eso importa porque no todo lo bueno de Colapinto depende de una vuelta aislada. Hay velocidad a una vuelta, oficio para atacar en las largadas y, cada vez con más frecuencia, capacidad para sostener una carrera cuando tiene una herramienta competitiva. En Monza, por ejemplo, Alpine mostró un rendimiento especialmente alentador con las actualizaciones del A526, al punto de conseguir una pole con Gasly y colocar a los dos autos en los puntos.

Madrid agregó otra pieza al rompecabezas: el rendimiento no desapareció. Eso es probablemente lo más importante de este momento. Alpine se asemeja más al de las primeras carreras y no baja los brazos en su intento por alcanzar el objetivo planteado (ser “el mejor del resto”).

Colapinto crece, Alpine mejora y la ilusión es real.

Colapinto crece, Alpine mejora y la ilusión es real.

Lo que todavía no se puede ignorar

Alpine todavía no es un equipo de punta y aún no está consolidado como el mejor de la zona media. A pesar de Madrid, la escudería no logra recuperar el quinto puesto en el campeonato de Constructores, que sigue en manos de Racing Bulls. Eso no invalida lo que está haciendo Franco. Al contrario: permite ponerlo en contexto.

La irregularidad del paquete todavía es demasiado grande como para transformar estos buenos resultados en una expectativa permanente (de hecho, no fue un buen fin de semana para Gasly, por ejemplo).

Madrid dejó, además, una imagen que no tiene que ver directamente con la velocidad del auto, pero sí con otro problema que Alpine todavía debe resolver: la gestión de sus propios intereses durante una carrera. En las últimas vueltas, Colapinto quedó detrás de Gasly mientras Piastri se acercaba. El equipo avisó al francés que Franco estaba detrás, pero no ordenó el intercambio. El argentino terminó séptimo, pero la situación mostró que incluso cuando el auto permite pelear por posiciones importantes, el resultado también puede quedar condicionado por decisiones internas.

Gasly no dejó pasar a Colapinto y Piastri se le vino encima

Eso es particularmente relevante porque Franco todavía está construyendo su lugar dentro de Alpine. No alcanza con tener velocidad: necesita que el equipo confíe en él, que sus resultados empiecen a tener peso propio y que pueda convertir actuaciones aisladas en una tendencia. Y ahí todavía hay trabajo por hacer.

Entonces, ¿en qué momento está Colapinto?

Colapinto está en un punto interesante de su recorrido en la Fórmula 1. Ya no necesita que cada buena actuación sea explicada como una excepción: hay resultados, ritmo y señales concretas que permiten pensar que está construyendo una base más sólida. Pero tampoco sería correcto convertir esas señales en una certeza. Todavía hay demasiadas variables que no dependen exclusivamente de él.

La diferencia ahora está en que el argentino parece tener más herramientas para aprovechar las oportunidades cuando aparecen. Madrid fue otra muestra de eso, pero también dejó en evidencia que Alpine todavía debe resolver cuestiones internas y encontrar una mayor regularidad en el rendimiento del A526.

Ahora, el desafío empieza a ser otro: ver cuánto puede crecer Colapinto con un auto que responda de manera sostenida y un equipo capaz de acompañar ese crecimiento sin ponerle obstáculos. Franco todavía tiene cosas por demostrar, pero ya hay suficientes elementos para pensar que vale la pena mirar lo que viene con expectativa, no con paciencia resignada ni con una ilusión exagerada.