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Básquet femenino: el partido que empezó en Guaymallén y terminó en Las Heras

La lluvia obligó a mudar el partido del Mario Díaz al Polimeni: empezó el jueves en Guaymallén y terminó el viernes en Las Heras, con triunfo de San José.


Hay partidos que duran cuarenta minutos. Y hay otros que duran un viaje.

El de San José e Instituto fue de los segundos. Empezó un jueves 5 de marzo por la noche en San José, Guaymallén, con todo listo en el estadio Mario Díaz: las camisetas dobladas, la pelota picando suave en el precalentamiento y el murmullo de la gente acomodándose en la tribuna. Parecía una noche normal de Liga Nacional femenina.

Pero Mendoza tenía otros planes.

La lluvia empezó a caer como caen las lluvias en esta tierra: de golpe, con decisión. Y el techo del gimnasio, que hasta entonces era apenas un techo, empezó a transformarse en un mapa de pequeñas goteras.

Primero fue una. Después otra.

Y de pronto alguien señaló el parquet como quien marca una evidencia.

El partido no podía jugarse ahí.

Entonces ocurrió algo que no suele pasar en el básquet: el partido se subió a un auto y se fue de viaje.

Seis kilómetros.

De Guaymallén a Las Heras. Del Mario Díaz al Vicente Polimeni.

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San José se llevó un gran triunfo.

Jugadoras, árbitros, planilleros, utileros y parte del público emprendieron esa pequeña caravana nocturna que parecía salida de un cuento de vestuario. El básquet mendocino mudando su partido a otro barrio mientras la lluvia seguía golpeando la ciudad.

Cuando la pelota volvió a picar, el viernes 6 de marzo ya estaba asomando.

Pero la historia del juego también había tenido su propio cambio de escenario.

Instituto había arrancado mejor, con puntería y confianza, y se llevó el primer cuarto 23-11, como si quisiera cerrar rápido una noche que se estaba volviendo demasiado larga.

San José, sin embargo, encontró algo en medio de ese caos logístico.

Tal vez fue la reacción.

Tal vez fue el orgullo de local, aunque el local ya no fuera exactamente su casa.

Lo cierto es que el equipo mendocino empezó a descontar. Defensa, rebotes, un par de ataques bien resueltos y la diferencia se fue achicando. Para cuando llegó el descanso largo, San José ya estaba arriba 36-34.

El partido, como la noche, había dado vuelta.

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Triunfazo del Santo.

El segundo tiempo fue más parejo, más tenso. Cada posesión parecía pesar un poco más porque todos sabían que esa historia rara tenía que terminar de alguna manera.

San José llegó al último cuarto 54-50 arriba, con la sensación de que el partido ya no se iba a escapar.

Y en los minutos finales lo confirmó.

Con defensa firme y decisiones claras en ataque, las mendocinas cerraron la historia 68-56.

Cuando sonó la chicharra final ya era madrugada.

Viernes.

Otro día.

Así terminó un partido que había empezado la noche anterior, en otro estadio y en otro departamento.

Un partido que arrancó en Guaymallén y terminó en Las Heras.

Un partido que viajó seis kilómetros bajo la lluvia.

Y que, en el medio de todo ese recorrido, terminó con San José festejando.