El Principado lo vio crecer: Colapinto firmó una gran obra en Mónaco
Franco Colapinto volvió a mostrar que está a la altura. En su segunda carrera como piloto de Alpine en la Fórmula 1, el argentino completó una actuación sólida y prometedora en uno de los circuitos más exigentes del calendario: Mónaco. Largó 18°, terminó 13° y, más allá del resultado numérico, dejó señales concretas de madurez, talento y proyección. Todo con un auto que no está para competir adelante.
Correr en Mónaco no es simplemente girar. Es convivir con el riesgo a centímetros de los muros, administrar la tensión durante 78 vueltas y aprovechar al máximo cada oportunidad, porque no hay muchas. Colapinto lo entendió y lo ejecutó. Evitó los errores, reaccionó ante los incidentes ajenos y completó la carrera sin daños, en un circuito donde eso, por sí solo, ya es un mérito.
El ritmo fue un dato clave. En la vuelta 30, con neumáticos medios, marcó 1m15s298, su mejor crono del día. Pero lo más interesante fue que en la vuelta 76, casi al final, repitió prácticamente el mismo tiempo (1m15s435). Eso habla de gestión del neumático, consistencia y enfoque. Además, durante toda la carrera se mantuvo en un rango competitivo: entre 1m17s y 1m20s en las secuencias más complejas del GP.
Desde lo estratégico, todo salió como debía salir. Alpine lo hizo parar dos veces (vuelta 14 y 27), apostó por mantenerlo en pista cuando se abrían ventanas de paradas y lo devolvió siempre a la pelea. Franco supo capitalizar cada momento: ganó posiciones por incidentes (como el abandono de Fernando Alonso), por reflejos (esquivó por centímetros a su compañero Gasly en el toque con Tsunoda) y por ritmo frente a rivales con autos similares o mejores.
Y el contexto no puede pasarse por alto: Alpine está hoy un paso detrás del segundo pelotón. En esta parte del calendario, escuderías como Williams, Racing Bulls y Haas ya dieron un salto de calidad. Sauber es la única que se mantiene en una línea comparable. Por eso, avanzar en este escenario vale más. Porque lo hace sin herramientas sobrantes.
Colapinto terminó 13°, pero si uno repasa lo que dejó la carrera, el resultado es anecdótico frente a la evolución. Superó a rivales directos, cuidó el auto, manejó bien la presión y demostró, una vez más, que su llegada a la F1 no fue un regalo, sino una consecuencia.
Con esta carrera, igualó a Onofre Marimón en cantidad de Grandes Premios (11) y superó a Zunino y Menditeguy (10) en la tabla histórica de pilotos argentinos en F1. Además, se convirtió en el tercer argentino en completar un GP en Mónaco, después de dos leyendas: Juan Manuel Fangio y Carlos Reutemann. Pasaron 45 años desde la última vez que un argentino vio la bandera a cuadros en las calles del Principado.

Franco en dos días cumple 22. Corrió su última carrera con 21 y lo hizo a la altura de las expectativas. Se adaptó rápido a la categoría, respondió en el trazado más complicado del calendario y cerró el fin de semana con sensaciones positivas, tanto en lo deportivo como en lo emocional. Incluso bromeó: “Fue como salir un domingo a la mañana a la ruta con la familia”, dijo después de su segunda carrera. Tranquilo. Relajado. Confiado.
Y eso, para alguien que está empezando, vale tanto como un punto. O más.
La próxima parada será en Barcelona. Otro lugar que Franco conoce bien, donde supo tener rodaje y crecer durante su etapa en categorías formativas. Si Mónaco fue un examen duro, Montmeló puede ser el terreno ideal para dar un paso más.
Esto es de menor a mayor. No es para ansiosos. Y claramente, Franco va bien. Muy bien.


