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Daniel Oldrá: ¿en busca de la felicidad?

Daniel Oldrá se va de su casa luego de 23 años. Un hasta luego entre la tristeza y el desafío de ser profeta en otra tierra.

Esta parte de la vida de Daniel Oldrá se llama felicidad. Aunque el Gato todavía no lo sepa, la puerta que abre con destino a Córdoba va por el lado del disfrute. Está entre triste y nostálgico, el Gato digo, porque deja en suspenso al gran amor de su vida, al menos por un tiempo en el que estará lejos de casa.

Si uno mira para atrás hay 23 años que van dentro de esa valija con destino a Instituto. Es una enormidad de tiempo, como el mismo legado que deja en Godoy Cruz. No hay slogan posible esta vez: el Tomba para Oldrá no es su segundo hogar, es el primero, amor familiar al margen.

Si habrá transitado calle Balcerce, la Cantera, el Predio, el Gambarte, el Malvinas, el país. De jugador, coordinador, entrenador o mánager. No hay organigrama que albergue el tamañano de la obra de un tipo que es capo y también es amigo, padre y psicólogo, compañero y hasta el malo de la película cuando tuvo que decirle a un pibe que se busque club para evitarle a la familia la noticia en sobre papel madera.

El Gato apunta a nuevo destino y ya se extraña.

El Gato es eso y todo junto. El bombero con traje a mano cuando el equipo de Primera División quemó, el descubridor de jugadores que después fueron vidriera, el que le tocó la puerta a Énzo Pérez, el que ascendió después de perder la categoría, el que cargó a pibes en el auto para que lleguen a la cancha de Palmira.

No importan los 9 interinatos, ni los campeonatos que peleó, ni la clasificación a una Libertadores. Para él vale más el corte de cinta de la escuela para los pibes, porque no todos serán ídolos del póster. Por eso se emociona cuando se inaugura un lugar para ayudarlos a crecer en su vida de personas, más que futbolistas.

A Oldrá le llegó la hora de ser feliz. Y ojo, no es que en todo este tiempo no lo ha sido, tampoco hay que ser injustos. El Gato siempre tuvo la sonrisa escondida entre los dientes porque el Tomba es su lugar en el mundo, ese sitio donde quiere estar para siempre. Hoy es momento de un hasta luego, de probarse otro traje e intentar ser profeta en tierra diferente. 

Acá se queda el amor de los hinchas, esperando entre Balcarce y el pasaje Flores, esperando por la vuelta del hijo pródigo. Héroe de barro e ídolo sin estatua, buen viaje. Buen viaje y hasta siempre.