Toti Coria: la historia de superación del mejor jugador de hockey de Mendoza
Mauro Coria es el menor de cuatro hermanos que no siguieron la herencia que marca el mandato familiar. Hijo de un futbolero Edgar, el más chico de la dinastía siguió a sus pares y mamó desde chico la pasión por el hockey sobre césped, siempre en el Club Alemán, el amor de su vida. Para siempre.
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Si Lionel es el hermano mayo goleador y Luciano el del medio todoterreno, al árbol genealógico masculino le adeudaba un distinto, esos desfachatados con pasta de crack que no conocen de contextos. A Toti el talento le desborda de los huesos y es un diferente que flota en la carpeta ante las miradas testigo.
Su carrera explotó al punto de ascender en modo meteoro. La rompió en la primera del Teutón, jugó en GEBA y en España, fue figura y campeón con la Selección de Mendoza y la catapulta desembocó directo en Los Leones. Coria se ganó, a fuerza de su nivel , talento y sacrificio, la oportunidad de representar al país vestido de argentino.
Era dos caminos destinados a cruzarse, el de Coria y Los Leones, como esas historias de amor taquilleras que ya conocen el desenlace cuando todavía ni sortean el nudo de la trama. Claro que no hay cuento hollywoodense sin un conflicto y ese problema llegó con el parte médico que nadie quiere leer ensobrado en papel madera: un problema en la válvula del corazón frenó su ebullición y lo sacudió por la tierra.
Con riesgos de no poder seguir jugando ni en la carpeta de arena de su club, Toti entendió que la vida es lo principal, pasión mundial al margen. Envuelto en su incansable amor familiar, el crack priorizó su vida antes que cualquier tipo de deseo de llegar a un póster del idilio.
Trabajó con especialistas, chequeó con profesionales y pudo volver al lugar que más feliz lo hace: una cancha de hockey. Y ahí, el resto es lo que todos saben: que Toti Coria es un distinto, que aparte de ser diferente es buena gente y que no solo gana títulos, sino que la rompe con un repertorio de lujos que no abundan ni en Mendoza, ni en el mundo. Un privilegio del que se puede disfrutar, gratis, cada fin de semana, en algún rincón de Mendoza. ¿De qué galera viniste?

