Un inmenso convento sin Dios
Si esto no es la perfección, se le parece demasiado. La Selección argentina dio una exhibición de fútbol y sigue escribiendo sus hojas más doradas con la tinta de su fútbol indeleble. Brasil quedó indefenso y ridiculizado por un equipo que no conocen de límites y demostró en la ausencia del supremo Messi que es siempre fiel a su ideología.
Con el idioma del fútbol en cancha como bandera, la Selección le dio un baile de novela a un archirrival que le faltó el respeto a su pasado (con el perdón de los Ronaldo, los Rivaldo, los Romario y los Ronaldinho). No importa si un tal Raphinha picantea en la previa, ni que Rodrygo boqueé sacando chapa con una vitrina europea.
Argentina volvió a demostrar que es un equipo hecho y derecho, aún sin la guía del todopoderoso. Scaloni es el primer eslabón, ese tipo bonachón que jamás le falta el respeto a las formas y que se enoja porque el Dibu Martínez hace jueguito con el match sentenciado.
Mucho antes de los malabares del arquero, el equipo demostró adentro del campo una panzada de fútbol y juego colectivo. Tenencia hasta el hartazgo (56%), circulación de pelota fluida (527 pases) y una marea de situaciones (12) en el arco de un Bento que más que juez fue parte del bochorno brasilero.
El pleno del deté fue minar el mediocampo de pies sensibles: Paredes al eje como volante central, De Paul a la diestra, Almada en la izquierda más Enzo Fernández y Mac Allister como doble comando. El juego fue caviar. Todo de primera, sin gambetear a una sola camiseta amarilla, con el vértice de Álvarez para terminar de armar una orquesta que afinó desde el arco hasta el 9.
Los goles son todos un reflejo de ese ensamble perfecto de pies virtuosos: la remake de Álvarez a Croacia tras una sucesión de toques con sentido, los 38 pases para el pase a la red de Enzo Fernández, el tomá-hacelo del propio Enzo y la virtuosa definición de Mac Allister y la llegada por el lado opuesto, derechazo entre los dientes, del Cholito para darle al marcador sentido de goleada.
El error no forzado del Cuti es parte del anecdotario y una marca que no llega a ser mancha. Ese juego aceitado y trabajado que nace en Martínez (siempre opción) y que involucra a todos los defensores a la hora de empezar una jugada es otra de las claves que aceitó Scaloni.
La tabla de posiciones refleja en cifras la diferencia abismal que tiene la Selección argentina con el resto, aún esos cucos como Colombia, Uruguay y Brasil, mientras sigue derribando marcas y creando gestas. Este equipo ya salió campeón del mundo, ganó dos Copa América, una Finalissima, fue el primero en derrotar a Brasil en el Maracaná en la historia de las Eliminatorias y en hacerle 4 goles en un mismo partido por clasificaciones Conmebol.
Todo, con Leo Messi reaccionando en Instagram desde el sillón de su casa en Miami, tranquilo de saber que el convento está en orden. Aún en la ausencia de Dios.