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Por qué al estadio donde jugarán Los Pumas ante Australia se lo llama el Cementerio de los Elefantes

Los Pumas enfrentarán a Australia en la cancha de Colón. La historia detrás de su apodo de “Cementerio de Elefantes”, la victoria ante el Santos de Pelé, la camiseta de López y la confesión de O Rei.
El Cementerio de los Elefantes, un estadio con historia que será anfitrión de Los Pumas-Wallabies. Foto: @ColonOficial
El Cementerio de los Elefantes, un estadio con historia que será anfitrión de Los Pumas-Wallabies. Foto: @ColonOficial

Los Pumas intentarán tomarse revancha ante Australia de la derrota en La Plata por 20-19 el sábado pasado, en la que será la cuarta fecha del Rugby Championship. Lo harán nada menos que en el Estadio Brigadier General Estanislao López, donde hace de local Colón de Santa Fe y mejor conocido como el “Cementerio de los Elefantes”. Un escenario que les ha traído distintas suertes: ganaron allí ante Irlanda en 2007 e Italia en 2016 y cayeron frente a Inglaterra y Gales en 2017 y 2018, respectivamente. Y un escenario con una increíble historia detrás de su seudónimo. Pelé y el Santos, dos protagonistas claves en la tarde que bautizó al estadio de Colón como el “Cementerio de los Elefantes”. La revancha que no existió.

Mayo de 1964. En esa época, el mejor equipo del mundo era el Santos de Brasil. La historia servía como testigo a su favor: habían sido bicampeones de la Copa Libertadores y de la Copa Intercontinental, en 1962 y 1963. Y tenían a un delantero de 24 años del que nadie dejaba de hablar. Se llamaba Edson Arantes do Nascimento, era conocido como Pelé y ya había alzado dos Copas del Mundo, en 1958 y 1962. Ese Santos arrastraba un invicto de 43 partidos cuando decidió emprender una gira por Argentina. Viajó a Mendoza y le ganó a Godoy Cruz, a Córdoba y venció a Talleres y a Buenos Aires, donde despachó a Boca y Racing. Le quedaba una parada, en Santa Fe. Contra un equipo de la B. ¿Qué podía salir mal?

Con Albornoz como apertura, Los Pumas se enlistan para enfrentar a Australia. (Foto: @lospumas)

Colón había ascendido por decreto de la Tercera a la Segunda División del fútbol argentino. Tenía un estadio propenso a inundarse, cubierto con tablones de madera y lejos estaba de brillar a nivel futbolístico. De hecho, el 9 de mayo de 1964, un día antes de que enfrentara al Santos, perdió 2-0 ante Platense en Buenos Aires. Los jugadores se tomaron luego un vuelo de urgencia para cumplir con el compromiso de recibir al mejor equipo del mundo. El presidente del Sabalero, Pedro Ítalo Giménez, se había comprometido a darle $2.600.000 al club brasileño y un seguro médico a todos los futbolistas del Santos para evitar lesiones. Colón estaba listo. Pelé y los suyos, en principio, también.

10 de mayo de 1964. Colón tenía formación definida para salir a la cancha dentro de unos minutos: Juan Luis Pérez; Carlos Larpín, Juan Bareiro, Alberto Poncio y Ediberto Pérez (entraría Ceballos); José Luis Broggi (Demetrio Gómez), Cilenio López, Luis Cabaña y Norberto Serenotti (García); Luis López y Fernando López. El entrenador José “Chengo” Canteli, en la previa, fue honesto con sus jugadores: “Eviten pasar vergüenza”. No les pidió mucho más. Mientras caminaba por el túnel, Serenotti se quejaba con uno de sus compañeros: “No sé para qué nos hacen jugar este partido contra estos negros que nos van a hacer diez goles”.

"Ese gol cambió mi vida", siguió afirmando Motoneta López décadas después.

El árbitro Miguel Comesaña hizo sonar el silbato y el encuentro comenzó. Las gradas estaban colmadas (y aseguran que sobrepasadas) y vieron como el marcador lo abría nada menos que Pelé, que además estuvo cerca de extender la diferencia con un potente disparo al travesaño. Pero empató más tarde Fernando López, luego de una gran jugada de Serenotti, que se la sirvió al delantero. Faltaban tres minutos para el pitido final, el público hacía cada vez más ruido y nadie podía quitarles la ilusión. Entonces tomó la pelota por la derecha “Motoneta” López, gambeteó y tiró un centro para el ingresado Gómez. Nada pudo hacer el arquero Gilmar. Gol, victoria y locura. El Santos había caído. El mejor equipo del mundo. 43 partidos después.

Aquella victoria cambió para siempre la historia de Colón de Santa Fe y de sus protagonistas. Hasta que falleció en abril de 2019, “Motoneta” López seguía yendo a la cancha con una camiseta que decía: “Yo le gané al Santos de Pelé”. Nadie le iba a quitar lo bailado. Los dirigentes del equipo brasileño quisieron acordar una revancha y le ofrecieron al rojinegro pagarle el traslado y dejarle las regalías. Pero el presidente Giménez no veía razón para exponer a Colón, tenía mucho que perder y prefirió quedar para siempre como el ganador. Lo logró. Porque ni el propio Pelé lo olvidó jamás. “Santos había ganado todos los partidos. Le ganó a Boca, River y Racing, a Inter. Jugamos contra Colón y nosotros perdimos. Yo me acuerdo que hice el primer gol, menos mal. Y después yo creo que, de ahí para adelante, todos empezaron a llamar la cancha el “Cementerio de los Elefantes´”, contó el Scratch.

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El seudónimo, en realidad, no surgió inmediatamente. La victoria ante el Santos fue la piedra fundacional, pero vendrían otros triunfos que lo terminarían de pulir. En ese glorioso 1964, Colón venció después en esa misma cancha 2-0 a la Selección Argentina, a Boca, a River y a todos los grandes del país. También le ganó en 1967 a Peñarol, vigente campeón de América y de la Copa Intercontinental. Y lo que al principio había sonado como una poética pero arriesgada descripción del diario El Litoral, se inmortalizó como su nombre: el “Cementerio de los Elefantes”. Los Pumas buscarán honrar la historia de este estadio y someter a un grande como los Wallabies. Por lo pronto, habrá que obedecer a sus paredes, en las que todavía se lee: “En este Cementerio no se llora, se alienta”.