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El otro yo de Godoy Cruz: las dos caras de un mismo equipo

El Tomba tuvo un primero tiempo para el olvido y un complemento que puede ser el camino. ¿Cuál es el verdadero?
El Tomba se va cabizbajo tras el primer tiempo. En el segundo tiempo fue otro equipo. Foto: Santiago Tagua / MDZ
El Tomba se va cabizbajo tras el primer tiempo. En el segundo tiempo fue otro equipo. Foto: Santiago Tagua / MDZ

Godoy Cruz es ese par de hermanos gemelos de las novelas taquilleras: hay uno correcto que intenta no apartarse demasiado del camino debido, bonachón y amigo de sus hinchas, y hay otro malo, el Hugo de Bart Simpson, escondido en el ático que sale a relucir cada tanto y se gana la bronca de los fanáticos. Con esa bipolaridad convive este Tomba, que terminó mostrando a flor de piel sus dos caras en apenas noventa minutos.

La primera parte es la del tipo que Godoy Cruz no quiere ser. Se mira en el espejo y no se reconoce. Ese diablo que te aconseja lo indebido y te saca lo peor. Inexpresivo e indefenso, mereció irse al descanso del primer tiempo, al menos, tres goles abajo. Huracán le generó peligro en las narices de un Franco Petroli que salvó, como hace habitualmente, las papas en más de una oportunidad. 

El cambio de esquema del Gato Oldrá mostró buenos síntomas solo en cinco minutos: JJ Pérez de enlace, rodeado por Ábrego y Poggi para generar sociedades saludables. Intentó ser un tipo de bien, asociarse, generar desde la posesión, pero ese otro yo insoportable le reventó en el centro de la cabeza y le desarticuló todos los planes.

Andino le cambió la cara al ataque.

El Globo se aprovechó de tantos desarreglos internos y mereció mucho más que el 1 a 0 de cabeza de Fernando Tobio. Lo tuvo Eric Ramírez, lo tuvo Benítez, pero principalmente, lo tuvo el chileno Alarcón cuando el primer tiempo se moría, pero no lo mató de manera increíble y a Godoy Cruz le dieron otra chance.

Al complemento salió el otro hermano, el bonachón, el que se junta con buenos tipos y se rodea de hábitos saludables. Por eso, bienvenido el Indio Fernández y el pibe Andino, para intentar enderezar el camino. Y así fue. El GPS fue el uruguayo, más el ancho de banda que aportaron el mencionado canterano (por izquierda) y Willy Altamira, por derecha.

Lo empató con los cambios, Oldrá: centro del Indio, peinada de Salomón Rodríguez y oportunismo de Andino (bautismo en la red con la camiseta de sus amores y emoción mediante), mientras De la Fuente le hacía una sujeción de Judo.

El Tomba fue otro equipo en el segundo tiempo, protagonista y dueño a partir de la tenencia. Sin terminar de convertirse en maravilla, el camino es éste, el del segundo tiempo. Las malas juntas, bien lejos. Este equipo necesita más de lo saludable. No lo ganó pero mostró una versión ampliamente mejorada. Sin dudas, el camino a seguir en la recta final de la temporada.