"Me cortaron las piernas": a 30 años del segundo doping de Maradona
La Selección argentina se prepara para un nuevo desafío en la Copa América 2024: esta noche, desde las 22, enfrentará a Chile por la segunda fecha del Grupo A. La sede es Estados Unidos y resulta inevitable para todos los argentinos, entonces, recordar la que posiblemente sea la más grande "tragedia" deportiva que sufrió el país. Y hoy, más que nunca: porque un 25 de junio, pero de 1994, y también en Estados Unidos, Diego Armando Maradona se fue del Foxboro Stadium de Boston de la mano de una enfermera, sonriente e ingenuo, sin saber que nunca más volvería a jugar en su selección, ni que le “cortarían las piernas”.
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Argentina venció aquella tarde a Nigeria, en el segundo partido de su grupo, luego de una contundente victoria frente a Grecia por 4-0. Ante el conjunto africano el resultado fue 2-1, con dos goles de Claudio Paul Caniggia y una magistral asistencia de Maradona. El conjunto de Alfio “Coco” Basile era bicampeón de América y un gran candidato a ganar aquel Mundial de 1994… hasta ese día. Porque una vez concluido el partido, una enfermera estadounidense cuya cara son incapaces de olvidar los argentinos ingresó al campo de juego y se llevó al 10, que había “salido sorteado” para realizarse el control antidoping. Desde entonces, el comienzo del fin. Diego no lo sabía, pero nunca más volvería a vestir la camiseta argentina. Y Sue Carpenter (¿no lo sabía?) se convertiría en coprotagonista de una foto histórica.
Dicen quienes lo vieron que Maradona caminaba alegre, saludando, firmando autógrafos y tomándose fotos con todo el mundo, mientras se dirigía al examen de orina. No tuvo el mismo humor, obviamente, cuando al día siguiente le confirmaron que su test había dado positivo de efedrina, norefedrina, seudoefedrina, norseudoefedrina y metaefedrina. Roberto Peidró era el médico de la delegación argentina en aquella Copa del Mundo y contó alguna vez cómo se vivió, en primera mano, aquella situación: “Me llamó Grondona y me dijo: 'Dio positivo el control de Maradona. Fijate si podés hacer algo para salvarlo. Llamalo a Blatter y avísame'. No me pude comunicar y entonces Julio me dijo que lo iba a contactar él. Al rato bajó de su habitación con otra cara: 'La FIFA lo quiere matar. Blatter ya me dejó en claro que no hay nada que hacer. Hay que despegarse de esto'”, contó.
Maradona había realizado en La Pampa una intensísima puesta a punto física antes de aquel Mundial. Sin club, tras un breve paso por Newell's y con su histórico socio Fernando Signorini, encargado siempre de su salud, se radicó en El Marito, un campo a 60 kilómetros de Santa Rosa, donde no trabajó para otra cosa que llegar óptimo a Estados Unidos. Por eso (solo en parte por eso), la desazón del 10 tras conocer la noticia. Una vez que su expulsión del Mundial se volvió irrevocable, Maradona le concedió una entrevista a Adrián Paenza donde le habló desde el corazón a los argentinos y al mundo, y dejó una de sus más icónicas frases: “Juro por mis hijas que no me drogué. Me preparé como nunca para este Mundial. Yo, el día que me drogué, fui y le dije a la jueza: 'Sí, me drogué, ¿qué hay que pagar?'. Y lo pagué (...) No quiero dramatizar, pero creeme que me cortaron las piernas. Lo único que quiero quede claro es que no me drogué. Que no corrí por la droga, corrí por el corazón y la camiseta”.
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La enfermera que quería conocer Congreso
Sue Carpenter jamás concedió entrevistas audiovisuales luego de aquel escándalo deportivo. Para los argentinos, la enfermera es quien comparte con Maradona una de las fotos más dolorosas de nuestro fútbol. Y esa angustia se plasmó, lamentablemente, en hostigamiento y amenazas contra ella. Por eso, la FIFA en aquel tiempo se comprometió a protegerla e incluso propuso cambiarle el nombre. Carpenter había tenido, mucho tiempo atrás, una relación con un argentino; y el dato no resulta menor, a raíz de la siguiente anécdota revelada por el doctor Peidró: “Ella me contó que había estado en pareja con un argentino que era de Congreso y siempre me hablaba de allí. 'Me quedé con las ganas de conocer', me decía. Riéndome le respondí que Congreso era un barrio y que justamente yo vivía ahí. Eran los minutos finales del partido y cuando terminó le dije: 'Vení conmigo que vas a salir en todos los diarios del mundo al lado de Maradona'”. Peidró había querido ser amable. ¿Qué podría haber sospechado?
Fernando Signorini es el histórico preparador físico de Maradona y sostiene, como muchos otros, que el 10 fue entregado. Por la AFA, por la FIFA, por Joao Havelange, por Julio Humberto Grondona; es indistinto. “En la contraprueba Roberto Peidró, uno de los jefes médicos, ve que en los tubitos decían qué sustancia tenía que buscar. 'Esto viola el protocolo, la contraprueba no tiene valor, Diego está adentro del Mundial', dijo”. Pero aquello, que parecía evidenciar que la prueba había sido impuesta, no pudo evitar el fatídico desenlace. Tan convencido como impotente, Signorini lanzó una vez: “Cuando terminó el Mundial, Grondona fue nombrado vice de la FIFA y presidente de la Comisión de Finanzas para manejar una bolsa de cientos de millones de dólares sin saber hablar inglés. Diego fue entregado”.