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La puñalada a Monica Seles que partió en dos la historia del tenis

En abril de 1993 un fanático atacó a la Nº 1 del mundo y la apuñaló por la espalda. La proyección de Seles a los 20 años, el gesto de Sabatini y las consecuencias psicológicas y tenísticas del suceso.

Estaba destinada a heredar el trono que desde hacía cuatro años le pertenecía a Steffi Graf. La irrupción temprana de Monica Seles en el tenis solo es comparable con la que justamente había protagonizado la alemana, un breve tiempo antes. La nacida en Serbia se convirtió a los 16 años y 6 meses en la jugadora más joven de la historia en alzar un trofeo de Grand Slam: fue en Roland Garros 1990, tras vencer en sets corridos a… Graf. A finales de aquel año también obtuvo el que hoy se denomina WTA Finals, que reúne a las 8 mejores tenistas del año. Desde ese entonces, hasta abril de 1993, Monica Seles fue vencedora en 10 de los 11 torneos “grandes” del circuito en los que participó (incluyendo los cuatro Grand Slams y también el WTA Finals). Solo perdió la final de Wimbledon 1992 y se ausentó en dicho torneo un año antes, por lesión. Ostentaba 8 Grand Slams y no había cumplido aún 20 años. Esa jugadora, que cambió por completo el tenis femenino y prometía convertirse en la mujer con mayor cantidad de títulos, vio su carrera rotundamente afectada luego de sufrir un atentado en el torneo de Hamburgo, en el que recibió una puñalada en su espalda.

Seles venció a Graf en tres finales de Grand Slam antes de 1993. (Foto: Australian Open)

El atentado, un antes y un después

Durante sus primeros años, dado su revolucionario éxito, Seles instituyó una verdadera rivalidad con Steffi Graf. La alemana, cuatro años mayor, y ella disputaron cuatro finales de Grand Slam entre 1990 y 1993 y eran, por amplio margen, las dos mejores tenistas del circuito WTA (Seles la había desplazado del primer puesto del ranking en 1991). Tanto se había convertido en “clásico” el duelo entre las dos jóvenes, que un fanático de Graf acabaría apuñalando a Seles movido por una desordenada devoción. Fue en Hamburgo, el 30 de abril de 1993. La serbia vencía a Magdalena Maleeva por 6-4 y 4-3 hasta que, en un cambio de lado, lo impensado. De entre la afición apareció un hombre bajo, de 39 años, que parecía dirigirse hacia donde ella estaba sentada. Efectivamente, era así, y cuando estuvo lo suficientemente cerca, tomó un cuchillo de 23 centímetros y le perforó el omoplato: “Estaba sentada moviendo las piernas porque sentía frío y de repente esa sensación de frío subió hacia mi espalda. Me levanté, caminé unos pasos y me caí”, diría luego la víctima.

La transmisión oficial no capturó el momento exacto del ataque, pero sí se vio enseguida cómo algunos fanáticos tomaban por el cuello al agresor y cómo Seles se acercaba tambaleando a la red. El juez de silla fue el primero en ayudarla y la jugadora de 19 años cayó desmayada mientras se tomaba con su mano la espalda herida. Las 6.000 personas del estadio estaban consternadas y los gritos volvían aún más dramática la situación. El partido obviamente se interrumpió y Seles fue trasladada de inmediato a un hospital. Allí se determinó que había sufrido una herida de dos centímetros. Peter Wind, el médico del torneo, aseguró: “Tuvo mucha suerte, ni el pulmón ni su omóplato fueron afectados”. El atacante fue identificado como Günter Parche, un alemán que estaba completamente obsesionado con Steffi Graf y deseaba ardientemente que recuperara el cetro de Nº1 del mundo. De hecho, confesaría luego en los tribunales que ese había sido el motivo de su ataque y que solo quería que Seles se ausentara “dos semanas”. 

El llanto de la jugadora de 19 años que fue inmediatamente trasladada a un hospital. (Foto: @SC_ESPN)

Su trastorno lo llevó a enviarle cartas a la tenista alemana, dinero, a decorar su habitación con pósters de Graf y a decir incluso alguna vez sobre ella: “Caminaría sobre el fuego por ella. Es una criatura de ensueño cuyos ojos brillan como diamantes y cuyo cabello brilla como la seda”. Parche fue detenido mientras llevaba entre sus pertenencias un boleto en tren a Roma… casualmente, donde Seles jugaría su próximo torneo. El fallo de la justicia fue polémico: dos años de prisión en suspenso (estaría en la cárcel solo 6 meses) y tratamiento psicológico. “Parche reconoció haberme acuchillado y volverá a su vida normal mientras yo aún me recupero de una agresión que me pudo haber matado”, se quejó en aquel tiempo Seles, totalmente disconforme. Años después sostendría su postura: “Más allá de los problemas físicos, me arruinó la carrera para siempre. Recién pude volver a las canchas a los 2 años, y si bien recuperé el número 1 del ranking, ya no era la misma”.

El gesto de Sabatini y la gratitud de Seles

Steffi Graf visitó a Monica Seles en el hospital. Pero luego ocurrió un suceso polémico y divisorio entre las tenistas. El presidente de la WTA Gerard Smith se reunió con 17 de las 25 mejores jugadoras de ese entonces y les planteó la posibilidad de “congelar” el ranking de Seles durante su rehabilitación. Dieciséis de ellas, incluida Graf, votaron en contra. Solo Gabriela Sabatini respaldó a Seles. “El resultado fue casi unánime en contra de la protección de mi ranking. Todas las jugadoras votaron en la misma línea, con la única excepción de Gabriela Sabatini. Me decepcionó que Steffi Graf haya votado en contra. Habíamos llorado juntas cuando estaba en el hospital en Hamburgo”, reconocería la serbia tiempo después.

Seles jugó su último partido oficial en 2003. (Foto: Forbes)

Aquel respaldo fortaleció el vínculo entre las colegas y fundó un cariño que permaneció inclusive luego de sus respectivos retiros. En 2015, jugaron entre sí un partido de exhibición en el Madison Square Garden y Seles no se ahorró elogios para la mejor argentina de todos los tiempos: “Fue la única que me apoyó, le tengo mucho aprecio. Pensó como persona y no por el ranking y el negocio. Gaby es diferente al resto de las jugadoras: es muy humana y tiene valores. Cuando me llamaron para jugar este partido no lo dudé ni un segundo”.

El impacto en la carrera de Monica Seles

Monica Seles estuvo fuera del circuito durante dos años, desde el ataque hasta agosto de 1995. En ese lapso de tiempo lidió con profundos problemas psicológicos y trastornos alimenticios: “Sufrí depresión y viví una pesadilla que no se lo deseo a nadie”. Regresó a la competición en Canadá, con 21 años, 10 kilos de sobrepeso y un persistente pánico: “Jugaba con la mente en el partido y en lo que podía pasarme. Tenía miedo de que me volvieran a agredir. Dejé de ser la que era”, confesaría ya como ex jugadora.

Gaby Sabatini y Monica Seles se unieron luego del apoyo de la argentina. (Foto: El Gráfico)

Pero su talento era tal, que ganó el primer torneo que jugó en 28 meses. Monica Seles fue campeona en Montreal y llegó, unas semanas más tarde, a la final del US Open de 1995, en la que perdió con Graf por 7-6, 0-6 y 6-3. Como si fuese poco, ganó el siguiente Grand Slam, en Australia, en enero de 1996. Además, alcanzó otras dos finales en torneos grandes y volvió a ser la número 1 del mundo. Trascendió y mucho incluso luego del atentado, pero el mundo del tenis sabe que aquel 30 de abril de 1993 algo cambió contundentemente. Monica Seles tenía 32 títulos a los 19 años, era la mejor jugadora del mundo y prometía tallar su nombre en lo más alto de la historia del deporte. Pero un desequilibrado fanático alemán le clavó un cuchillo y partió así la historia del tenis en dos.