Ángel de la raya
Destino final. No hay mejor manera de describir en palabras la incidencia de Ángel Di María vestido de argentino. Si algo le faltaba a su vida de película era ésto y acá está, querido Fideo. Los karmas de las lesiones en las finales hoy son un recuerdo lejano y a su carrera premium le adosó la frutilla que escaseaba.
Scaloni lo puso de arranque, sorprendiendo a todos, pegado contra la raya izquierda del ataque. En ese mano a mano versus Koundé, el once fue una verdadera pesadilla. Su actuación, descomunal. Dembelé le cometió el penal que Leo cambió por gol, y luego, definió sobre Lloris una jugada magnifica para el segundo.

Parece extraño, pero cada partido equivalente a título lo pone a Ángel de cara al cielo o a la infierno. La carta del Real Madrid en la previa de la final de 2014 "sugiriéndole" que no juege que él mismo hizo pedazos y sus llantos desde el banco tras el puñal de Götze, las lesiones en las medallas de plata de las Copas Amércias 2015 y 2016. Era injusto, pero era.
Del lado de las nubes, su definición de emboquillada para el oro olímpico en Beijing, un deja vu de lo que hizo en el Maracaná para ganarle la Copa América a Brasil. Sumále el tanto en la Finalissima ante Italia y poné también el Mundial Sub 20 en 2007. Su vitrina es inojbetable, como su fútbol.
Pero faltaba ésto, para que definitivamente no exista hoguera dónde condenarlo. Después de tragar tanta mierda, de sufrir en silencio, luego de cambiarle hasta el gusto a Scaloni (arrancó siendo suplente en su ciclo y parecía la despedida) Di María corona su dorada carrera con el título más hermoso de todos. Como si no alcanzara con romperla en Benfica, Real Madrid, PSG y Juventus (Manchester United fue su único club sin brilló), como si su legado en la Selección necesitara de éste logro. Bueno, acá lo tienen. Gracias eternas, Ángel de la raya.

