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Carta abierta en defensa de Diego Maradona

Luego de las palabras crudas de un periodista argentino que vive en Miami contra el 10, mi apoyo al más grande.
Foto: Télam
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“Si yo fuera Maradona, viviría como él...” Manu Chao, “La Vida Tómbola”, en el documental del cineasta Emir Kusturica.

Cada tanto, alguien quiere mostrar su mirada del mundo a partir de la crítica a las conductas de Diego Maradona. Es como si, a través de la reunión de los aspectos valorados como negativos sobre su figura, surgiera un credo “antimaradoniano”, sólo rezado por gente bien pensante, de intachables conductas y carentes de cualquier tipo de contradicción.

Maradona fue un pibe que salió de una villa miseria y que fue un gran futbolista, el mejor de todos, y ahora es un ser humano que intenta vivir su vida como todos intentamos y que nunca pidió ser ejemplo para los supuestos intachables. Ahora, es el turno de un tal Javier Ceriani, periodista argentino de espectáculos que vive en Miami y desde allá, se dedica a criticarlo, levantando una versión del “american dream” a costa de Diego. El tal Ceriani le pegó sin tapujos, sin filtros, con grosería, sin estilo y, creo, desde la envidia y sin mirar para su rancho.

Ceriani es un tipo que en el 2000, en plena crisis del país, se fue a vivir a los Estados Unidos, ya que, según él, “aquí los sueños no eran posibles”. Dejó su familia, su barrio, sus amigos. Se fue y no se quedó a bancarla. Ahora cree que es buen tipo porque pasea por Lincoln Road y fustiga a Maradona, desde su tribuna primermundista.

Yo, como periodista mendocino, me atribuyo el deseo de responderle y entiendo que no es fácil escribir desde la pasión (por eso esperé un día para poder expresarme), sin llegar a ser burdo y malintencionado con una persona que lo es. Creo que es la primera vez que contesto una carta abierta hacia otra persona y debo decir que me jode.

Pero no porque en algunas cuestiones no tenga razón o esté alejado de la realidad. ¿Alguien puede negar que el Diego fue, es y será contradictorio? No. Pero el Diego es un tipo más, ni más ni menos; con la diferencia que a lo que se dedicó fue el mejor de la historia en el deporte más popular del planeta. Me jode que lo jodan, que lo hostiguen, lo persigan y que sigan tantos “garcas” dando vueltas.

“Ya no estás en las filas de Gardel o Borges”, dice. Para mi siempre lo estará o no lo estuvo nunca, porque el ídolo siempre será ídolo, pero por lo que hizo en la cancha, por lo que transmitió como argentino, por putear a los italianos mientras nos silbaban el himno, por hacerle el gol más maravilloso a los ingleses y por sacarnos una sonrisa, cuando aún las lágrimas de Malvinas no secaban.

¿Quiénes somos para juzgar tan livianamente a alguien? ¿Desde que estatus social o intelectual creemos que podemos hacerlo? ¿Quién puede tirar la primera piedra?

Ceriani cree que Maradona es un fracasado. ¿Qué seremos todos los demás, entonces? Nadie ejerció su profesión como él; es admirado en todo planeta y también es juzgado en todo el planeta.

Él fue, es y será un gran argentino de todos los tiempos. En el exterior, en Miami o Shanghai o en Villa Fiorito o Usuhaia, las personas entienden la palabra “Maradona”, con toda la carga simbólica que reúne y en esa carga no podemos desconocer el hecho de que Maradona (o Charly García, por caso) no está para ser ejemplo de “buen tipo” o de intachable, sino para encarnar una forma de alegría y de talento inigualables.

Maradona es un símbolo. Y los símbolos, como los dioses, no tienen moral. No intentemos -desde frustraciones personales- cargarle a él nuestras íntimas imposibilidades.

Ariel Fernández Lavilla.