¿Te imaginás el nuevo fútbol argentino?
Desde chiquito mi papá me enseñó que el que jugaba mal y terminaba abajo en la tabla, tenía que descender. Que los que se encontraban en la “B”, debían hacer todo lo posible por conquistar deportivamente un ascenso, y así poder pertenecer a la elite de nuestro fútbol; y que de esa manera iban a poder enfrentar a Boca o a River y al resto de los grandes.
Despacito, paso a paso, el fútbol comenzó a variar. El dominio absoluto de los dos más grandes de nuestro fútbol se empezó a repartir y los Vélez, San Lorenzo, Racing e Independiente también asomaron. Hasta los “chicos” clasificaron a las copas y salieron campeones. La falta de recursos le dio una chance a los jugadores del ascenso, quienes supieron aprovecharla y contribuyeron con la construcción de la actual paridad.
De repente, los clubes del interior también estaban ahí, confundidos en la crisis que vivían los históricamente “grandes”.
“A mar revuelto, ganancia de pescadores”, dicen. Justamente esta caótica situación terminó despuntando a los combinados de “tierra adentro”, que ante tamaño desconcierto se elevaron para ocupar esos lugares vacantes dentro de la aristocracia del deporte.
En una abrir y cerrar de ojos, lo que me había enseñado mi viejo ya no se parecía tanto a lo que ocurría. “¿River a la “B” y Godoy Cruz a la Libertadores?”, me preguntaba.
Nos costó, a algunos les dolió y lo sufrieron, pero lo asumimos.
El presente nos mostró que los “grandes” equipos y jugadores tienen competencia, que muchas veces los sobrepasa, y se llama: orden económico.
Ahora bien, si todas estas modificaciones se fueron dando dentro de un mismo sistema injusto y de manera inconciente a través de varios años, la pregunta sería: “¿estaremos preparados para una variante total en un plazo deliberadamente corto?”.
Me cuesta imaginar este campeonato. Me cuesta pensar cómo sería. Resulta casi imposible suponer que estamos a un año de que todo lo que aprendimos se de vuelta radicalmente.
¿Si el fútbol es tomado como reflejo en los jóvenes, cómo le vamos a explicar a las generaciones menores que vale la pena esforzarse para destacarse?
Por otro lado, en un sentido tal vez marxista o igualitario de la decisión, los que poco tienen deberían crecer a partir de este más que generoso regalo que les brinda la AFA. Sin embargo, “cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía” y es complicado conjeturar con que estas entidades puedan dar ese salto de calidad institucional que necesitan para poder estar a la altura futbolística de los elencos de elite y no culminar siendo el partener es estos.
¿Estaremos listos para tan terrible modificación estructural a nivel deportivo, reglamentario y mental en menos de un año? Esta claro que el tiempo nos develará este, aparentemente, oscuro misterio.