El día que los hinchas despidieron a los jugadores
Cinco nombres del plantel superior de Independiente Rivadavia fueron desafectados por el presidente de la institución, Daniel Vila. Los simpatizantes, desde las tribunas, pedían sus cabezas.
Fue un domingo, no uno más en Independiente Rivadavia. Fueron las horas de despedida de un grupo de jugadores que llegaron a un club con la intención de sostener una ilusión y no cumplieron ese cometido, aunque no fueron los únicos culpables, pero pagaron por todos. Fue el fin de semana que los de la popular se pusieron el traje y la corbata y echaron a patadas a los que ellos consideraban “sin huevo”.
En este segmento actual del fútbol argentino, donde los procesos son difícilmente cumplimentados en su totalidad y donde los contratos son disueltos con elegancia y sin reparo se van agregando alegremente días tras día nuevos capítulos de procedimientos sin escrúpulos. Ayer, y luego de una nueva derrota de la Lepra en la B Nacional se abrió un nuevo modo de operación para intentar solucionar una campaña plagada de sobresaltos.
La pensaron los hinchas, los pasionales del tablón que por vez primera alcanzaron un protagonismo inusitado en este desequilibrado sistema del empobrecido mundillo de la redonda en el país. Ellos, esos que “pagan por ver” utilizaron por cuenta propia, algo que los dirigentes concientemente venían poniendo en práctica desde un tiempo a esta época, basado en cuatro elementos claves para exhibir su poder: Te tomo, te uso, te analizo y te echo.
Aquellos pocos simpatizantes de Independiente, que venían jugando el juego del apriete desde el inicio de la caída futbolística de su equipo, terminaron por vencer en la pulseada del más fuerte. Sus continuas persecuciones puntuales con algunos integrantes de la “plantilla” se terminaron por consumar en la triste tarde dominguera.
El presidente de la institución mendocina le dio paso a sus instintos de hincha fanático, obviando con ello su compromiso de regenteador y despidió a cinco de sus jugadores, por mandato expreso del canto popular, que aturdía cada tarde en el remozado Bautista Gargantini.
Sin importar lo asumido de palabra y claro, también por escrito, con esos trabajadores del espectáculo más bonito. Sin medir causas ni consecuencia y utilizando “todo el poder que da el poder” dejó en “la calle” a los que alguna vez acunó y mimó, prometiendo nunca despedir…
“Porque Independiente no echa a nadie”. Dijo alguna vez.
Así, se acabó el paso de Nahuel Guzmán, Osvaldo Barsottini, Sebastián Brusco, Matías Mantilla y Daniel Garipe por este club que no les terminó por cumplir lo pautado, más allá de los fríos números que seguramente cerrarán para ellos, porque recibirán peso por peso. Pero el peso de la culpabilidad no asumida los dejará en clara evidencia.
“Los quemaron” así dirán en la popular. Y así se entiende con este mensaje de férreo sentido autoritario, más allá de las obras que quedarán
Son ellos, o fueron los técnicos, o fue Paredes u Ortega, los únicos culpables de estas miserias resultaditas. Sin dudas que no. En todo caso, lo que no funcionó tal vez, fue la elección de nombre en su momento, o porque no, aquellos que se proclaman conocedores de la categoría y rodean a estos dirigentes, mal informándolos y adulándolos.
En concreto y finalmente, el tablero se pateó de la peor forma y donde más duele. Atacó a pocos certeramente y en contra de los valores, que lentamente el fútbol argentino va perdiendo y ya no podrá recuperar nunca más.
Los códigos solo sirven cuando convienen, sino se rompen. ¿Cómo es el tema?.
Sin importar lo asumido de palabra y claro, también por escrito, con esos trabajadores del espectáculo más bonito. Sin medir causas ni consecuencia y utilizando “todo el poder que da el poder” dejó en “la calle” a los que alguna vez acunó y mimó, prometiendo nunca despedir…
“Porque Independiente no echa a nadie”. Dijo alguna vez.
Así, se acabó el paso de Nahuel Guzmán, Osvaldo Barsottini, Sebastián Brusco, Matías Mantilla y Daniel Garipe por este club que no les terminó por cumplir lo pautado, más allá de los fríos números que seguramente cerrarán para ellos, porque recibirán peso por peso. Pero el peso de la culpabilidad no asumida los dejará en clara evidencia.
“Los quemaron” así dirán en la popular. Y así se entiende con este mensaje de férreo sentido autoritario, más allá de las obras que quedarán
Son ellos, o fueron los técnicos, o fue Paredes u Ortega, los únicos culpables de estas miserias resultaditas. Sin dudas que no. En todo caso, lo que no funcionó tal vez, fue la elección de nombre en su momento, o porque no, aquellos que se proclaman conocedores de la categoría y rodean a estos dirigentes, mal informándolos y adulándolos.
En concreto y finalmente, el tablero se pateó de la peor forma y donde más duele. Atacó a pocos certeramente y en contra de los valores, que lentamente el fútbol argentino va perdiendo y ya no podrá recuperar nunca más.
Los códigos solo sirven cuando convienen, sino se rompen. ¿Cómo es el tema?.

