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“Me estiro
me alejo
me reflejo
crezco, me estiro
vuelvo el doble del camino
de mí hasta mí”.
Serena Urdiales
Sobre el pasto de la Plaza Independencia o sobre la almohada de la cama, la cabellera de Serena caía suave como el manto de una virgen, protegiéndola de los desalmados años ’90 en la Argentina. Ya desde entonces, siendo una adolescente de dieciséis, resultaba imposible sujetar a Serena a un sitio, a un hecho, incluso a una manera de vestirse determinada. No era rara ni neutra: era especial.
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Serena siempre ha sido hermosa y despojada. Cada respiración suya dejaba el mundo un poco más puro. Y cuando se apasionaba, cuando una pizca de injusticia se revelaba ante su paso, Serena era yegua desbocada, capaz de todo hasta volver, al final del día, luego de hacer justicia por mano propia, a apoyarse en ese silencio suyo con residencia en sus ojos.
Era mi alumna Serena. Yo intentaba destejer en ella un misterio casi obvio: la literatura pueden aprenderse, pero es imposible enseñarla. Y ella aprendió y ahora vive de la literatura. Y llevó la experiencia literaria a su propia vida: Serena es como un haiku y sus días son un cuento jamás contado. Y no ha cambiado nada.
Vamos a ella y su leve paso por el cuero planetario.
La poesía es una búsqueda
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Serena Urdiales nació en Buenos Aires hace 34 años. Vivió en Mendoza desde los 8 a los veinte y ahora es ciudadana del mundo: “Vivo en verano, de hemisferio en hemisferio, entre Barcelona y Buenos Aires, aunque también viajo mucho. Una vez empecé el verano en Barcelona, seguí en Nueva York y de ahí hacia el sur por México, Guetemala, Cuba, Colombia, Venezuela, Brasil, Perú, Bolivia y Argentina hasta los glaciares, casi un año viajando, fue hermoso y muy mágico”, inicia ella, la hija del viento.
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Serena tiene varios libros publicados y ha editado otros de poetas como Paula Jiménez, Magdalena Rodríguez y Dafne Pidemunt. Vende esos libros en medios de transporte de decenas de países del mundo, aunque resulta más frencuente, si tenés suerte, encontrártela en Barcelona o Buenos Aires.
Ya saben ustedes, amigos: como suele ocurrir, el silencio de la lectura la llevó a la literatura. Escribió poemas Serena y editó sus libros y los de otras y sobrevuela con ellos dos continentes en fuga: América y Europa.
- ¿Por qué elegiste ese camino directo de la poesía en un mano a mano?
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- La idea salió de una introspección. De pensar en qué quisiera trabajar si pudiera elegir. La primera respuesta que salía desde adentro era que no quería jefes, horarios, ni participar en el juego del capitalismo, dando mi cuerpo y mi tiempo para ser explotada, para que otro se enriquezca. Creo que si cada una y cada uno supiera lo que realmente vale, lo importante que es en este entramado galáctico, nadie se dejaría explotar ni un minuto más.
- ¿Y qué resultó de esa introspección?
- Se me ocurrió que podía hacer dinero con mis fortunas dadas: el talento de la gente que me rodea, como el de mi madre y el de mis amigas escritoras. Y salí a buscar a la lectora, al lector. Le llevé el libro directamente a la mano, en el tren, cuando la gente va aburrida esperando que se pase el tiempo. Y es muy buena literatura por sólo un eurito.
- ¿Para qué sirve la poesía?
- Una vez le puse un librito de poemas en la mano a un chic@ en el metro y me dijo: “¡Justo lo que necesitaba!” (risas). Para eso sirve. La poesía es una búsqueda, al menos para mí. Sirve como un puente entre los sentimientos y pensamientos y las palabras que sugieren una manera de expresarlos. Para mí un buen poema es uno que te modifica en algo y ya no sos la misma después de leerlo.

- Con sus lectores, ¿la poesía se comporta igual en Europa que en Argentina?
- Europa son muchos planetas, inclusive España es muy distinta en cada región. Podría hablarte de Barcelona: son muy lector@s l@s catalan@s y Barcelona es una ciudad muy cosmopolita, hay gente de todo el mundo. Los libritos me los compran toda clase de gente: catalan@s, sudakas, african@s, chin@s, marroquíes, pakistaníes, mujeres con burkas, hasta gente que no entiende castellano: -Is it “art suport”? -Yes, it is -Ok, I take one.
- Y Mendoza, ¿qué te provoca?
- Ay, ay, ay, muchas cosas. Obviamente, muchos recuerdos, la verdad es que ha sido un lugar difícil para ser lesbiana. Hay mucho conservadurismo, mucha hipocresía y mucha mente cerrada; aunque tuve suerte de encontrar las excepciones y mis amigos lo son aún después de tanto tiempo. Ahora nos podemos casar, pero la lesbofobia, la homofobia y sobre todo la transfobia, sigue existiendo y se sigue cobrando víctimas hasta hoy.

- Vivir, de alguna manera, consiste en ir perdiendo sentido de pertenencia…
- Sí… Hablando de perder, recuerdo que una vez me perdí en la selva con un guía. Pasamos la noche a la intemperie bajo la lluvia tropical con frío y rodeados de plantas y gusanos fosforescentes y serpientes y ranas venenosas. Eso fue perderse.
- Un poema tuyo, Serena Urdiales…
- La relógica invisible
que teje las luces del dibujo presente,
las del espejo fragmentado de dios
cae de la trama y es sostenida
por ese rubor de ecos insonoros
por esa hilación de signos silenciosos.
Cero más cero más cero
es la ecuación exacta de este momento.