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Alejandro Lerner es un clásico argentino. Dueño de un sinnúmero de hits, arrancó en las huestes del rock hasta instalarse en la “música popular”. Desde ese lugar tuvo la posibilidad de llegar a una infinidad de personas gracias a sus canciones que fueron parte de alguna novela (“Campeones”, “La banda del Golden Rocket”, “RRDT”, “Costumbres argentinas”) pero también algunos de sus discos contaron con invitados especiales que le permitieron seguir abriendo ese marco de público admirador.
Hoy, ese Alejandro Lerner es el que subirá al escenario del Angel Bustelo con la firme intención de hacer un paseo por esos clásicos y también para mostrar algunas de las cosas que se vendrán.
Desde luego que llega en un momento óptimo de su vida, donde la llegada de Luna, su primera hija, hizo que –como todo padre- empezara a vivir un mundo de sensaciones desconocidas, únicas, primerizas y llenas de dulzura.
Con todo eso a cuestas, Lerner habló con MDZ.
-Estás anunciando un show de clásicos…
-Si, como River-Boca…
-Pero si hablamos de clásicos tuyos tenemos que prepararnos para un show de más de cuatro horas…
-Y… te diría que no es un concierto sino un campamento musical (risas). Hablando en serio, voy a hacer muchos clásicos con el respeto y el cariño que les tengo pero también voy a mostrar algunas de las cosas que estoy haciendo ahora.
-¿Y qué estás haciendo ahora?
-Vengo de un disco bastante controvertido como “Enojado”, que fue hecho de manera independiente, muy alternativo, con un equipo de producción espectacular que fueron los que me ayudaron en esta aventura, con invitados de lujo, haciendo algo muy distinto a lo que el público conoce de mi y eso me permitió probarme, buscar nuevas direcciones como productor o arreglador. Y al final terminó siendo nominado a dos premios Grammy.
-¿Y la idea es seguir en ese camino?
-No, porque los caminos están marcados por situaciones reales. Ahora estoy en otra etapa de mi vida, donde la paternidad me está marcando otros rumbos. La verdad es que mi universo actual es muy distinto al de otros años.
-¿Eso significa que vas a seguir fuera de las compañías discográficas?
-Tengo la opción de seguir de manera independiente y me siento muy cómodo. No soy parte de ninguna estructura grande y decidí vivir de esta manera esta etapa.
-Te preguntaba esto porque la paternidad hace que siempre tratemos de aferrarnos a cosas seguras.
-Pero no hay nada más seguro que la libertad. Tomar mis propias decisiones me hace ser una persona más coherente todavía.
-¿En cuánto te cambió la paternidad?
-Me dio una sensación de estabilidad, de firmeza, de tranquilidad que tiene que ver con que hoy quiera proteger mi vida y de los que están cerca de mí y que no tenga ganas de lidiar con cosas que las siento cada vez más ajenas a mi espíritu.
-¿Cómo qué?
-Como no tocar cuando no tengo ganas, no hacer canciones con las que ya no me siento identificado… Quiero ser un poquito más consecuente. Creo que la paternidad es la culminación de mi madurez.
-Ser consecuente sirve para que nuestros hijos no nos pasen facturas dentro de veinte años.
-O nosotros no pasarle facturas a ellos, por lo que no nos animamos a hacer o por los cambios que dejamos a un costado. Yo estoy grandecito de edad y creo que siempre fui desestructurado, muy difícil de controlar. Cuando alguien intentó que pintara siempre el mismo cuadro, siempre rezongué.
-¿Y si dentro de quince años tu hija te plantea esta situación de rebeldía que vos manifestás ahora?
-Creo que vamos a ir aprendiendo a crecer los tres juntos y nos vamos a ir conociendo. Igual habrá planteos, contradicciones y puestas en común.
-¿Qué disco le pondrías a tu hija para que escuche?
-Los Beatles. Le pongo lo mismo con lo que yo me crié: Los Beatles, Elton John, Stevie Wonder y Bill Evans. Todo el embarazo de mi esposa lo pasamos escuchando Bill Evans… Después, podrán aparecer cosas circunstanciales, pero esos discos, esos artistas son mi religión.
-¿Y qué has descubierto nuevo?
-Me gusta mucho Ben Folds, que es una especie de Charly García yanqui, bien desenfadado. Y también disfruto de Green Day, que es una banda irreverente pero muy bien producida. Por ahí escucho The Killers, U2, Coldplay pero no hay nada como Beatles. Es entrar a un universo talentoso que me sobrepasa.
-¿No te pasa que por ahí tenés ganas de hacer rock bien sucio y desprolijo?
-Lo hago de tanto en tanto, cuando Gringui Herrera se vuelve loco y yo también. Pero hay canciones mías que son parte de la gente y las tengo que hacer si o si, porque es lo que van a escuchar. Entonces, el rock termina siendo mucho más suave… Me encanta tocar blues y rock y creo que lo hago bien.