Un pueblo increíble para disfrutar el otoño entre río y paseos
Para quienes buscan descanso y paisajes, este pueblo cumple. El otoño potencia su identidad. Colores, calma y una belleza única.
Un pueblo sereno.
En la Patagonia hay un pueblo que no figura en rankings ni campañas. Pomona es uno de ellos. En otoño, su calma se vuelve protagonista. Árboles antiguos, calles verdes y ritmo pausado definen este rincón del Valle Medio de Río Negro. Un destino sin multitudes que regala paisaje, cultura y una sensación rara: quedarse.
Un pueblo que resalta en otoño
Pomona está ubicada en la región del Valle Medio, dentro de la provincia de Río Negro. No vive del turismo masivo. Vive de la tierra y del tiempo. Su nombre viene de la diosa romana de los frutos y no es casual. La zona rural produce peras, manzanas, duraznos, ciruelas, pelones y membrillos.
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El pueblo es conocido como el jardín de la provincia. Pinos históricos, sauces, rosales y plantas de todo tipo aparecen en veredas, patios y plazas. Las casas están rodeadas de verde. Los perros duermen en la calle sin apuro. Los loros vuelan bajo. Todo invita a bajar un cambio.
El brazo sur del Río Negro rodea al pueblo y marca el pulso del paisaje. En otoño, el reflejo de los árboles sobre el agua arma postales limpias y serenas. Caminar junto al río se vuelve un plan simple y suficiente.
El balneario municipal es uno de los grandes orgullos locales. Espacios cuidados, sombra natural, servicios completos y un orden que se nota. En verano convoca familias de la zona. En otoño, se transforma en un lugar silencioso para mate, lectura y atardeceres largos.
Pomona no ofrece grandes atracciones ni circuitos armados. Ofrece algo más raro. Tiempo real. Charlas con vecinos. Caminatas sin rumbo. Cultura rural viva. Un pueblo que no compite, no se exhibe y no apura.



