El pueblo para caminar la costa y mirar el mar desde el acantilado
En la costa rionegrina, un pueblo de mar abierto combina playas extensas, fauna única y una historia marcada por naufragios y faros.
El pueblo de El Cóndor se extiende donde el río Negro se encuentra con el mar.
ShutterstockEl pueblo de El Cóndor se encuentra a unos 30 kilómetros de Viedma, en el punto donde el río Negro se une con el océano Atlántico. Esta ubicación le da una identidad particular: no es solo un balneario marítimo, sino un territorio de transición entre río, estuario y mar abierto.
El paisaje del pueblo está dominado por playas amplias y acantilados que marcan el inicio del litoral patagónico. La costa se extiende con arena fina, médanos suaves y sectores donde el mar cambia según las mareas y los sedimentos del río.
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Uno de los rasgos más sorprendentes del pueblo es la presencia de la colonia de loros barranqueros más grande del mundo. A lo largo de los acantilados se concentran miles de nidos activos, formando un espectáculo natural único y un atractivo clave para el turismo de naturaleza.
El pueblo también tiene una historia singular. Su nombre proviene del naufragio del barco danés “Cóndor” en 1881, episodio que marcó el origen del asentamiento y dio identidad al lugar.
Muy cerca se levanta el Faro Río Negro, el más antiguo en servicio del país y uno de los símbolos históricos de la costa atlántica argentina. Desde su entorno se observan los primeros acantilados y el encuentro del río con el mar.
La vida cotidiana del pueblo está marcada por el viento y el mar. Las condiciones naturales favorecen deportes como kitesurf, surf, carrovelismo y parapente, mientras que caminatas costeras y pesca deportiva completan la experiencia al aire libre.
El Cóndor funciona además como puerta de entrada al Camino de la Costa, una ruta escénica que recorre más de 150 kilómetros de playas y paisajes atlánticos. Desde aquí se accede a sectores icónicos como El Espigón, La Lobería y Bahía Creek.
El Cóndor se afirma así como un pueblo costero donde la naturaleza domina la escena: acantilados interminables, fauna única y un horizonte abierto que marca el comienzo de una de las costas más singulares del país.


