Sábanas y toallas: cada cuánto lavarlas para evitar malos olores y gérmenes
Las sábanas y toallas acumulan bacterias, humedad y células muertas. Conocer la frecuencia ideal de lavado ayuda a mejorar la higiene y evitar problemas.
Limpieza de sábanas.
Mantener limpias las sábanas y las toallas es clave para la salud y el bienestar diario. Aunque muchas veces se postergue esta tarea, son textiles que están en contacto directo con el cuerpo y acumulan sudor, células muertas, bacterias y ácaros. Lavarlos con la frecuencia adecuada ayuda a prevenir gérmenes, alergias, malos olores y problemas en la piel.
En el caso de las sábanas, lo recomendable es lavarlas una vez por semana. Durante la noche, el cuerpo libera sudor y aceites naturales que quedan en la tela. Si además dormís con mascotas o tenés alergias, conviene lavarlas incluso cada 3 o 4 días. En verano, cuando se transpira más, también puede ser buena idea aumentar la frecuencia.
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Las fundas de almohada merecen una atención especial. Están en contacto directo con la cara y el cabello, por lo que acumulan grasa, restos de productos y bacterias. Lo ideal es cambiarlas al menos dos veces por semana. Esto puede ayudar a evitar brotes de acné y mantener la piel más limpia.
Qué pasa con las toallas y su lavado
Las toallas, por otro lado, deben lavarse después de 3 o 4 usos. Aunque parezcan limpias, retienen humedad, lo que favorece la proliferación de bacterias y hongos. Si no se secan bien entre usos, pueden generar mal olor y convertirse en un foco de gérmenes. En climas húmedos, lo mejor es no usarlas más de dos veces antes de lavarlas.
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Las toallas de mano, que se usan varias veces al día y por distintas personas, deberían cambiarse cada 1 o 2 días. Son una de las principales fuentes de contaminación cruzada en el hogar. Mantenerlas limpias es especialmente importante en cocinas y baños, donde el contacto con superficies es constante.
Por último, más allá de la frecuencia, es importante que el lavado sea correcto. Usar agua caliente (cuando la tela lo permita) ayuda a eliminar bacterias y ácaros. También es clave secarlas bien antes de guardarlas. Con estos hábitos simples, no solo vas a mejorar la higiene del hogar, sino también cuidar tu salud y la de quienes viven con vos.