Respira profundo antes de ver como luce hoy el niño de "La vida es bella" a sus 30 años de edad
Giorgio Cantarini es un actor italiano que hasta la actualidad ha aparecido en dos películas ganadoras del premio Óscar: La vida es bella en 1997 y Gladiator en el 2000. Hizo su debut en el cine en 1996, en la comedia dramática “La vida es bella”, de Roberto Benigni, haciendo de Giosué Orefice. El ahora joven interpretó al hijo de cuatro años de edad del personaje de Benigni, que es enviado junto con su padre judío-italiano a un campo de concentración de los nazis alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.
Giorgio Cantarini tiene apenas 40 mil seguidores en Instagram y hoy sus prioridades pasan por otro lado. Es imborrable la huella que dejó el pequeño actor en aquella película sobre la Segunda Guerra Mundial y su trabajo en "La vida es bella" fue tan impecable en el set que recrea un campo de concentración, que resulta imposible ver el filme y no derramar algunas lágrimas.
En aquel entonces Giorgio Cantarini con 4 años de edad demostró todo su talento artístico en "La vida es Bella" junto al famoso actor Roberto Benigni. Cómo olvidar ese mundo de fantasía que creó el padre del pequeño para evitarle los traumas de la Segunda Guerra Mundial que se vivían en ese momento en toda Europa.
El actor Giorgio Cantarini actuó también junto Russell Crowe en “Gladiator”, podemos destacar que tanto Benigni como Crowe ganaron el Oscar a mejor actor, lo que inclina la balanza hacia el joven Cantarini. No por nada trabajar junto a Giorgio los hizo lucir de tal manera que ambos ganaron el tan preciado galardón.
Es digno de destacar que los padres de Giorgio Cantarini lo cuidaron del mundo artístico ya que triunfó a tan corta edad. El pequeño se centró en sus estudios, luego ya de joven participó en un programa de baile televisivo en Italia, similar a “Dancing with the stars” que tiene ediciones en distintos países. En la retina de todos lo que vieron la película “La vida es bella” siempre quedará en el recuerdo la imagen de aquel niño con su sonrisa pícara, su inocencia y su grito favorito: “Buongiorno principessa!”.