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¿Por qué le ponen sal a la lengua de suegra? El significado detrás del gesto

Una costumbre doméstica muy extendida suma sal a la maceta de la lengua de suegra por motivos simbólicos, pero exige moderación para no afectarla.

La lengua de suegra es una de las plantas más elegidas para decorar interiores de casas.

La lengua de suegra es una de las plantas más elegidas para decorar interiores de casas.

En muchas casas, las plantas de interior no se eligen solo por su estética: también se convierten en un puente con tradiciones familiares, creencias y pequeños rituales cotidianos. Esa mezcla de jardinería y simbolismo aparece con fuerza en la lengua de suegra.

Una especie famosa por su aguante, su porte vertical y su facilidad para mantenerse bien con pocos cuidados. A su alrededor, además, circulan interpretaciones que la relacionan con la idea de “proteger” el ambiente y mantener el espacio más liviano.

Una planta resistente con fama protectora

La lengua de suegra —también conocida como sansevieria— suele estar entre las primeras opciones para quienes recién empiezan con plantas de interior. Tolera descuidos, se adapta a distintos rincones y conserva una presencia marcada con hojas firmes y en punta.

Ese aspecto “en guardia” alimentó, con el tiempo, una lectura simbólica: para muchas personas, su silueta actúa como un límite, una especie de señal de resguardo del hogar. En ese marco, aparece una práctica que despierta preguntas: sumar sal sobre el sustrato de la maceta.

Lengua de suegra Foto: Shutterstock
Lengua de suegra, una planta ideal para ambientes poco luminosos. Foto: Shutterstock

Lengua de suegra, una planta ideal para ambientes poco luminosos. Foto: Shutterstock

La sal como gesto simbólico, según Decoesfera

De acuerdo con lo que señala el sitio Decoesfera, este agregado no se explica por una necesidad propia de la planta, sino por su carga cultural. La sal, en distintas costumbres, se asocia a la limpieza y a la idea de “cortar” lo negativo; por eso se usa como recurso simbólico en hogares de distintas regiones. Al unirla con una especie a la que se le atribuye capacidad de resguardo, el gesto adquiere una lectura clara: reforzar la sensación de protección en el espacio donde vive la planta.

Ese significado suele desplegarse en varias interpretaciones. Para algunos, la sal funciona como un “filtro” que ayuda a descargar tensiones del ambiente, como si absorbiera lo pesado y favoreciera un clima más armónico. Otros lo leen como un complemento que potencia el carácter de la sansevieria: hojas rígidas, límites definidos y una presencia que “marca territorio”. También aparece la influencia de prácticas como el feng shui, donde esta planta es considerada una aliada del equilibrio energético, especialmente si se ubica cerca de entradas o zonas de circulación. Y hay un aspecto menos esotérico, pero igual de real: repetir un cuidado con sentido simbólico puede traer calma, sensación de orden y un vínculo más consciente con el hogar.

Lo que conviene saber antes de hacerlo

El punto importante es no confundir tradición con nutrición. Decoesfera advierte que la sal no cumple la función de abono y no aporta elementos que alimenten a la planta. De hecho, si se usa de más, el sodio puede convertirse en un problema: afecta las raíces y complica la absorción de agua, algo que termina debilitando a una especie que, justamente, se valora por su resistencia. Por eso, quienes deciden mantener el gesto por motivos personales deberían hacerlo con extrema moderación: apenas una pizca, sin convertirlo en rutina frecuente.

En definitiva, la sal en la lengua de suegra se entiende mejor como un símbolo que como una técnica de cultivo. Para algunos hogares, representa una forma de cuidado cargada de historia; para otros, un detalle que acompaña la búsqueda de bienestar en el ambiente. Lo esencial es mantener claro el límite: la planta puede convivir con esa costumbre si se aplica con prudencia, pero el exceso deja de ser ritual y pasa a ser riesgo.