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El truco de la "lengua de suegra" en suculentas: para qué se usa y qué cambia en la maceta

Un pequeño segmento de lengua de suegra puede aportar humedad, ayudar a multiplicar suculentas o sumar materia orgánica, pero requiere precauciones.

Las suculentas son unas de las plantas más elegidas para los hogares. 

Las suculentas son unas de las plantas más elegidas para los hogares. 

Shutterstock

Las suculentas ganaron un lugar fijo en balcones y livings por una razón simple: son resistentes y se adaptan a rutinas de cuidado mínimas. En ese universo, la lengua de suegra —también conocida como sansevieria— suele aparecer como compañera ideal por su porte vertical y su tolerancia al olvido.

Lo curioso es que, además de decorar, esta planta se usa en un truco poco difundido: insertar un trozo de hoja en la tierra de una maceta con suculentas para mejorar condiciones cuando se ven apagadas o con crecimiento lento.

Por qué alguien pondría lengua de suegra en una maceta de suculentas

La idea se apoya en una característica clave: la lengua de suegra almacena agua en sus tejidos, igual que otras especies suculentas. Al quedar en contacto con el sustrato, ese fragmento puede contribuir a sostener un nivel de humedad muy localizado, cerca de la zona de raíces, sin necesidad de regar de más. Quienes lo aplican suelen hacerlo cuando notan hojas más blandas, falta de firmeza o un desarrollo que se estancó. No reemplaza el riego, pero puede funcionar como un apoyo puntual en condiciones controladas.

El primer resultado que se busca es moderar la sequedad del entorno inmediato, algo útil en ambientes con calefacción o mucha ventilación. El segundo efecto, más interesante para aficionados, es la posibilidad de que el corte produzca raíces y termine generando una nueva planta en la misma maceta, siempre que el esqueje esté sano y el manejo sea correcto. Y hay un tercer escenario: si el fragmento no enraíza y se degrada lentamente, puede aportar materia orgánica al suelo, liberando nutrientes como parte del proceso de descomposición.

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Ahora bien, conviene ponerle límites a la expectativa. No se trata de un “fertilizante milagroso”. Es, como mucho, una estrategia casera que puede ayudar a multiplicar plantas o sumar algo de material orgánico. El problema aparece cuando se exagera: un pedazo grande, un sustrato inadecuado o riegos frecuentes abren la puerta a hongos y pudrición, dos enemigos clásicos de las suculentas.

Cómo probarlo sin riesgos: tamaño, riego y control

Si se decide experimentar, la recomendación general es usar un trozo pequeño y limpio, idealmente con un corte prolijo. Conviene evitar que el sustrato quede constantemente húmedo, porque la combinación de tejido vegetal y agua retenida puede acelerar el deterioro. Un punto práctico es observar la superficie: si aparecen manchas blancas, olor a humedad o señales de moho, lo mejor es retirar el esqueje y revisar la aireación de la maceta. También es importante que el recipiente tenga orificios de drenaje, porque el exceso de agua no perdona, incluso en plantas “duras”.

Más allá de trucos, las bases no cambian y suelen explicar casi todo. El sustrato tiene que ser el indicado para cactus y suculentas, liviano y con buena capacidad de drenaje. La maceta debe permitir que el agua salga rápido y no quede retenida. El riego se hace recién cuando la tierra está completamente seca, sin atajos. Y la ubicación importa: luz abundante, preferentemente indirecta intensa, para que las hojas mantengan firmeza y el crecimiento se active.

En síntesis, clavar un segmento de lengua de suegra puede ser útil en ciertos casos y, de paso, abrir la puerta a una nueva planta. Pero funciona solo si se respeta lo esencial: poca agua, buen drenaje y un ojo atento a los hongos. El resto, como casi siempre en jardinería, lo hace la constancia.