Por qué le gritamos al televisor durante los partidos de la Selección Argentina
El cerebro procesa goles y derrotas como experiencias propias, mientras el cuerpo eleva el pulso y busca recuperar una sensación de control con un grito eufórico al televisor.
Los partidos decisivos provocan respuestas emocionales y físicas que pueden comenzar incluso antes del pitazo inicial.
Imagen generada con IA MDZFaltan pocos segundos y el equipo necesita un gol. Desde el sillón, alguien grita un pase al televisor, cuestiona al árbitro y le exige al delantero que remate, aunque nadie dentro del estadio pueda escucharlo. La escena se repite en millones de hogares y se vuelve todavía más intensa durante los partidos decisivos de la Selección argentina.
Gritarle al televisor no suele ser una decisión planificada. Aparece como respuesta a una combinación de tensión, identificación colectiva, expectativa e impotencia. El espectador sabe que no puede modificar lo que ocurre en la cancha, pero su cerebro y su cuerpo no atraviesan el encuentro como observadores neutrales: reaccionan ante cada jugada como si el resultado también les perteneciera.
El cerebro vive el partido como una experiencia propia
Una investigación publicada en Radiology analizó mediante resonancias magnéticas funcionales la actividad cerebral de 61 aficionados al fútbol. Cuando su equipo convertía frente a un rival importante, aumentaba la actividad en regiones vinculadas con la recompensa y el fortalecimiento de la identidad social. En cambio, una derrota relevante modificaba circuitos relacionados con el control cognitivo y la regulación emocional.
Esa identificación explica por qué un gol puede generar una alegría difícil de comparar con otros acontecimientos cotidianos. El “nosotros ganamos” reemplaza al “ellos ganaron”. El equipo pasa a formar parte de la identidad personal y del grupo al que el hincha siente que pertenece. Los cantos, las camisetas y los gritos compartidos refuerzan ese vínculo, incluso cuando el partido se mira en soledad. La televisión funciona entonces como una extensión de la tribuna.
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La ilusión de control y el papel de las cábalas
También interviene una sensación de participación. Dar indicaciones, pedir un cambio o protestar una decisión arbitral permite convertir una espera pasiva en una conducta activa. El grito no llega a los jugadores, pero produce durante unos segundos la impresión de estar haciendo algo frente a una situación cuyo desenlace no se puede controlar.
Las cábalas responden a una lógica similar. Sentarse en el mismo lugar, usar una camiseta determinada o evitar cambiar de canal ayuda a ordenar la incertidumbre. El ritual no altera el marcador, aunque puede ofrecer previsibilidad dentro de una experiencia cargada de tensión. Con el tiempo, esas conductas se incorporan a la forma personal o familiar de mirar fútbol y se repiten casi de manera automática.
Qué ocurre en el cuerpo durante un partido
La reacción no se limita al cerebro. El sistema nervioso aumenta el estado de alerta, acelera el ritmo cardíaco y prepara al organismo para responder. Un estudio realizado con hinchas brasileños durante el Mundial de 2014 detectó que quienes se sentían más unidos a su selección presentaban mayores niveles de cortisol, en especial durante los encuentros adversos. La intensidad no mostró diferencias relevantes entre hombres y mujeres.
Por eso aparecen las palpitaciones, la transpiración, los músculos tensos y la necesidad de levantarse o caminar. El cuerpo responde a la incertidumbre aunque la persona permanezca sentada. Cuanto más decisivo sea el encuentro y más fuerte resulte la identificación con el equipo, mayor puede ser la activación física.
¿Gritar realmente ayuda a liberar la tensión?
El grito permite expresar alegría, sorpresa o frustración y cumple una función social, pero eso no significa que siempre reduzca el enojo. Una revisión de 154 estudios y más de 10.000 participantes encontró que “descargar” la ira mediante actividades que elevan la activación física no suele calmarla y, en algunos casos, puede intensificarla.
Las técnicas que reducen la excitación —respiración lenta, pausas breves o relajación muscular— mostraron mejores resultados para recuperar el control. Gritar un gol forma parte de la celebración. Sin embargo, cuando la reacción nace del enojo y continúa después del partido, bajar el ritmo puede ser más efectivo que seguir discutiendo con una pantalla que, por supuesto, nunca responderá.


