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No tires las cenizas del asado: por qué pueden ser buenas para la tierra y las plantas

En el cuidado del jardín podemos encontrar decenas de ingredientes de casa que aportan grandes beneficios: cómo utilizar las cenizas del asado.


Cada vez es más común reciclar residuos orgánicos en el jardín. Muchos de ellos contienen propiedades beneficiosas para las plantas y la tierra que a veces pasan desapercibidas. Uno de los elementos donde se pueden encontrar nutrientes como potasio, calcio y fósforo es en las cenizas que quedan luego de un asado.

Para qué sirven las cenizas en el jardín

Los restos de ceniza pueden tener distintos usos en el cuidado de las plantas. Uno de los más conocidos es su función como fertilizante natural, ya que aportan potasio, un nutriente clave para el crecimiento y la floración, además de calcio y fósforo, que contribuyen al desarrollo saludable de las plantas.

Otro beneficio es que pueden ayudar a equilibrar el suelo, ya que las cenizas tienden a subir el pH en tierras demasiado ácidas. Por otro lado, también pueden funcionar como un aliado contra algunas plagas del jardín. Espolvorear una pequeña cantidad alrededor de las plantas puede crear una barrera que dificulta el paso de babosas, caracoles y algunas hormigas.

Paso a paso: cómo aplicar las cenizas

Si bien muchos aficionados a la jardinería suelen espolvorear cenizas frías directamente alrededor de las plantas, también existe una forma de aplicación un poco más cuidadosa.

Primero se recomienda separar los restos útiles de los que no sirven, retirando cualquier rastro de grasa, sal, carbón sin quemar o residuos como plásticos. Luego se pueden tamizar para obtener un polvo más fino.

Una vez listas, las cenizas se pueden esparcir directamente sobre la tierra en pequeñas cantidades o bien diluir en agua para preparar un riego que aporte nutrientes al suelo.

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Las cenizas se pueden diluir en agua para regar. Foto: Shutterstock

Qué tener en cuenta antes de usarlas

A pesar de sus beneficios, las cenizas deben utilizarse con moderación. Si se aplican en exceso pueden alcalinizar demasiado el suelo y generar el efecto contrario al buscado. Además, se recomienda no dejarlas expuestas a la lluvia, ya que el agua puede arrastrar parte del potasio y reducir su valor como fertilizante.

Según especialistas en jardinería, una cantidad orientativa es de entre 50 y 70 gramos por metro cuadrado, aplicada de forma ocasional para evitar desequilibrios en la tierra.