No es la caminata: el ejercicio clave para mejorar el equilibrio a partir de los 50
Es importante mantener esta hablidad pasadas las cinco décadas. Existe un ejercicio sencillo que es muy útil para evitar problemas.
Un ejercicio simple. Fuente: IA Gemini.
A partir de los 50 años, el equilibrio deja de ser un proceso "en segundo plano" para convertirse en una habilidad que requiere atención consciente. Una caída en esta etapa puede transformarse en el inicio de problemas de movilidad crónicos. Es por eso que existe un ejercicio clave.
Ejercicio para el equilibrio
Para combatir este problema, los expertos en fisioterapia destacan un aliado fundamental: el entrenamiento en superficies inestables. En este caso el ejercicio estrella es el balance sobre Bosu o cojín de aire.
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A diferencia del levantamiento de pesas tradicional, este ejercicio no busca hipertrofia, sino velocidad de reacción. Se trata de forzar al cuerpo a realizar micro-ajustes constantes. Consiste en sostenerse sobre una pierna encima de una base blanda o inestable como un cojín.
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De esta manera se despierta la propiocepción, que es el "GPS interno" que le dice al cerebro dónde están nuestras articulaciones sin necesidad de mirarlas. El tobiloo actúa como la primera barrera contra el tropiezo y este ejercicio corrige y fortalece los pequeños músculos estabilizadores que suelen atrofiarse con el sedentarismo.
No hace falta a ir al gimnasio, solamente hay que tener en cuenta algunos secretos para no lesionarse.Primero practicar el equilibrio a una pierna sobre el suelo firme. Tener siempre una silla o una pared cerca como apoyo de seguridad.
Luego subirse al cojín de aire o Bosu con toda la planta del pie. Elevar la otra pierna flexionando levemente la rodilla. Mantener la mirada en un punto fijo que esté al frente. Eso ayuda al sistema vestibular (el oído interno) a estabilizar.
En tanto, sentir que el tobillo oscila o "tiembla" es la señal de que el ejercicio está funcionando. Es tu sistema nervioso reconectándose con tus músculos.
Se aconseja realizar de 20 a 40 segundos por pierna varias veces por semana y con eso se puede marcar la diferencia entre una vejez activa y una limitada. Una vez dominado el ejercicio, se puede sumar dificultad cerrando los ojos o moviendo los brazos, lo que obligará al cerebro a confiar plenamente en sus sensaciones musculares y no solo en la vista.


