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No es falta de cariño: la psicología explica por qué hay gente que rechaza los abrazos

La psicología explica que evitar los abrazos no siempre demuestra frialdad o falta de cariño. Conocé por qué ocurre.


Para muchas personas, un abrazo representa afecto, protección y confianza. Sin embargo, otras pueden sentirse incómodas cuando alguien intenta rodearlas con los brazos, incluso cuando el gesto proviene de un familiar o amigo. La psicología explica que esta reacción no significa necesariamente que sean despegadas o incapaces de demostrar cariño.

Una de las principales explicaciones se encuentra en la sensibilidad frente a los estímulos físicos. Algunas personas perciben con mayor intensidad la presión sobre el cuerpo, el calor, los movimientos, los olores o la cercanía del rostro de quien las abraza. Lo que para otros resulta agradable y reconfortante puede generarles una sensación de saturación, incomodidad o necesidad inmediata de apartarse.

La reacción también puede cambiar según la forma en que se produce el contacto. Un abrazo inesperado, demasiado fuerte o prolongado puede resultar más difícil de tolerar que uno anunciado y breve. La posibilidad de anticipar el contacto y decidir cuándo comienza o termina suele ayudar a quienes presentan una mayor sensibilidad sensorial. Investigaciones sobre las actitudes hacia el contacto social encontraron relaciones entre la evitación del tacto y una mayor sensibilidad o respuesta excesiva a ciertos estímulos.

Rechazar un abrazo no significa rechazar a la persona

En estos casos, el rechazo no siempre está dirigido hacia quien intenta abrazar. La persona puede sentir cariño, confianza e interés por los demás, pero preferir demostrarlo mediante palabras, gestos, compañía o ayuda concreta.

Rechazar un abrazo no siempre significa falta de cariño: la sensibilidad, el apego y las experiencias previas también pueden influir.

También es posible que acepte el contacto físico únicamente con determinadas personas. El vínculo, el grado de confianza, el lugar donde ocurre y la posibilidad de controlar la situación influyen en cómo se experimenta un abrazo. Un estudio sobre evitación del contacto señaló que las respuestas pueden variar considerablemente cuando el gesto proviene de una pareja, un familiar, un amigo o un desconocido.

Por ese motivo, alguien puede abrazar espontáneamente a su pareja y sentirse incómodo cuando un compañero de trabajo o una persona recién conocida intenta hacer lo mismo. No se trata necesariamente de una contradicción, sino de distintos límites según el tipo de relación.

La psicología también analiza la relación entre el rechazo al contacto y el denominado apego evitativo. Las personas con esta tendencia suelen valorar especialmente la independencia, proteger su espacio personal y sentirse incómodas frente a algunas demostraciones intensas de cercanía emocional.

Un estudio sobre las experiencias táctiles a lo largo de la vida encontró que quienes presentaban una mayor evitación del apego también mostraban actitudes más negativas hacia el contacto afectivo. La investigación indicó que las experiencias de contacto durante la infancia y la adolescencia pueden relacionarse con la manera de aceptar o evitar estas demostraciones en la adultez.

Esto no quiere decir que una persona que recibió pocos abrazos durante la infancia necesariamente los rechazará cuando sea adulta. Sin embargo, crecer en una familia donde el afecto físico era poco frecuente puede hacer que esos gestos resulten menos naturales o más difíciles de interpretar.

Ansiedad social y necesidad de mantener distancia

La ansiedad social puede ser otra de las razones. Un abrazo obliga a reducir rápidamente la distancia interpersonal y coloca a la persona en una situación en la que puede no saber cómo reaccionar, cuánto tiempo mantener el contacto o qué espera el otro de ella.

Una investigación realizada con 256 adultos encontró que la ansiedad social estaba relacionada con una menor comodidad y una mayor evitación del contacto físico en algunos vínculos. Otros estudios también observaron que las personas con síntomas de ansiedad social suelen mostrar una actitud menos favorable hacia determinadas formas de contacto.

En esas situaciones, apartarse del abrazo puede ser una forma de reducir el nerviosismo y recuperar el control del espacio personal, más que una muestra de desprecio.

Las experiencias anteriores pueden dejar una marca

Algunas experiencias negativas también pueden modificar la forma en que una persona percibe el contacto. Quienes atravesaron situaciones en las que sus límites físicos no fueron respetados pueden mantenerse más atentos ante la cercanía de los demás.

Un estudio encontró que mayores niveles de maltrato durante la infancia estaban asociados con la preferencia por una distancia interpersonal más amplia y con una mayor incomodidad frente a ciertos tipos de contacto rápido. Los investigadores aclararon que se trata de una asociación y que no todas las personas que evitan los abrazos atravesaron experiencias traumáticas.

Por eso, la psicología advierte que no existe una única explicación. La sensibilidad sensorial, el tipo de apego, la crianza, la ansiedad social, las experiencias pasadas y las preferencias personales pueden combinarse de distintas maneras.

Rechazar un abrazo no constituye un diagnóstico ni demuestra falta de sentimientos. Antes de interpretar el gesto como una ofensa, lo más adecuado es respetar los límites y preguntar si la otra persona se siente cómoda con el contacto. Para algunos, el cariño se expresa mediante un abrazo; para otros, aparece en la escucha, la compañía y la presencia cotidiana.