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Ni bicarbonato ni vinagre: el truco para sacar el sarro de la pava eléctrica

El sarro afecta el sabor de tus infusiones y deteriora el artefacto. Un simple jugo de limón se posiciona como la solución para combatir este problema.

Adiós al sarro en la pava eléctrica con limón. Foto: Shutterstock
Adiós al sarro en la pava eléctrica con limón. Foto: Shutterstock

El sarro en la pava eléctrica no solo cambia el sabor del agua para el mate o el té, sino que también va acortando la vida útil del electrodoméstico. Aunque el vinagre y el bicarbonato son grandes aliados en la limpieza, hay otro ingrediente infaltable en casa que se posiciona como una excelente alternativa: el ácido cítrico del limón.

Por qué sirve el limón contra el sarro

El limón, gracias a su alto contenido de ácido cítrico, es un desincrustante natural ideal. Su acidez baja el pH y descompone químicamente los minerales duros, como el calcio y el magnesio, facilitando su desprendimiento. Además, su uso se puede aplicar a otras superficies con sarro, como cafeteras, bachas o canillas.

El limón tiene cualidades naturales que además ayudan a desinfectar. Foto: Shutterstock

El limón tiene cualidades naturales que además ayudan a desinfectar. Foto: Shutterstock

Cómo usarlo paso a paso

  • Llenar la pava: agregá agua hasta la mitad o justo por encima de donde llega la capa de sarro.

  • Sumar el ácido: exprimí el jugo de dos limones grandes dentro de la pava (podés tirar también las cáscaras adentro).

  • Hervir: encendé la pava y dejá que el agua llegue a ebullición.

  • Reposar: una vez que se apague, dejá actuar la mezcla durante 20 a 30 minutos. El ácido aflojará la acumulación calcárea sin esfuerzo.

  • Enjuagar: descartá el líquido, pasá una esponja suave si quedó algún resto y enjuagá con abundante agua fría.

¿Qué es el sarro?

El sarro es un depósito de minerales, principalmente carbonato de calcio y magnesio, que se encuentra de forma natural en el agua corriente. Al calentar el agua a altas temperaturas, estos minerales se cristalizan y se adhiere firmemente a las paredes, al fondo y a las resistencias metálicas de los electrodomésticos, formando esa capa blanca y rugosa tan común.